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Quico Homs como metáfora

Ramón de España
5 min

Si a un pedófilo entre rejas se le ocurre decir que, en cuanto lo suelten, piensa cepillarse al primer niño que se cruce en su camino, es poco probable que la justicia contemple su caso con simpatía y compasión, pues es evidente que la redención carcelaria le ha eludido y sigue siendo un peligro para la sociedad en general y los menores de edad en particular, motivo por el que es mejor que siga más tiempo a la sombra. De la misma manera, si unos iluminados que se saltaron los derechos de más de la mitad de su comunidad con la excusa de que obedecían a un mandato popular que solo existía en su imaginación --los líderes del prusés, como los esquizofrénicos, oían voces-- aseguran que volverían a repetir sus desmanes y se quedarían tan anchos, también es normal que la justicia decida alargar su permanencia en el talego, pues no se aprecia en ellos ningún arrepentimiento ni el más mínimo propósito de enmienda.

De hecho, para lo único que sirve su insensata actitud es para unir, por un breve lapso de tiempo, a sus respectivos partidos, que están habitualmente a la greña. Como todos hemos podido comprobar, a raíz de la revocación del tercer grado para las presidiarias Bassas y Forcadell, ERC y JxCat dejaron de insultarse unos días para unir sus gimoteos (amplificados por TV3) ante la actitud “vengativa” de la justicia española. Pero la cosa duró lo que duró. Se agradece la contribución del perverso Estado opresor, pero ellos se pintan solos para organizar tanganas, como se ha visto con la reciente reunión telemática de Josep Costa con el sector más derechista y delirante del independentismo. Solventado el trámite de hacer como que se planta cara al enemigo común, ya pueden ERC y Junts x Puchi volver por donde solían: son como el Barça y el Espanyol, que detestan al Real Madrid, pero prefieren el odio local.

Costa tiene de su parte a Pilar Rahola y supongo que también a Rafael Ribó, que para eso cobra en su función de Defensor del Régimen, pero se le han rebotado el siempre furibundo Sabrià y ERC en pleno, que ha aprovechado para deshacerse del Puma Castellà y sus acólitos. Y la CUP, a la que estas broncas, como a los del beato Junqueras, le van muy bien para seguir cultivando la ilusión de que son de izquierdas. Costa se defiende diciendo que no sabía con quién se iba a encontrar, pero Santiago Espot, el soplón de los pitos, asegura que lo sabía perfectamente, que escuchó atentamente a lo mejor de cada casa y que en ningún momento amagó con desconectarse. No sé a quién creerme, pero es indudable que Costa tiene más motivos para mentir que Espot, pues a nadie de su mundo le gusta reconocer que está dispuesto a hablar hasta con lo más facha y grotesco del soberanismo en busca de la ansiada unidad.

Curiosamente, la unidad realmente útil, la de ERC y JxCat, se evita cuidadosamente mientras se habla con chiflados. Teniendo en cuenta que las encuestas electorales pronostican la victoria de ERC, seguida muy de cerca por los posconvergentes, ¿no hay que ser un poco tontos para andar constantemente a la greña? Los indepes con mando en plaza se reúnen con quien no deben y se insultan con sus socios de gobierno, pues el amor a la patria está muy bien, pero todavía está mejor colocar a los amigos.

Y, mientras tanto, como expresión gráfica del estado físico del soberanismo, Quico Homs se pega un leñazo yendo en bicicleta y se rompe cuatro costillas. Como político nunca fue gran cosa, como portavoz gubernamental era catastrófico y como abogado pisó un juzgado en condición de acusado, pero como metáfora no tiene precio: así no hay manera de llegar a Ítaca.

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¿Quién es... Ramón de España?
Ramón de España

Ramón de España (Barcelona, 1956). Autor de nueve novelas y una docena de ensayos, ascendió de las covachas del underground (Disco Exprés, Star, a finales de los 70) hasta los palacios del 'mainstream' (El País, donde colaboró ampliamente en los 90). Actualmente ejerce de columnista habitual en El Periódico de Catalunya y el semanario Interviú. Escribió y dirigió un largometraje en 2004, 'Haz conmigo lo que quieras', y aunque lo nominaron a los Goya, esta sociedad hostil no le ha dejado volver a ponerse detrás de una cámara (pero él insiste). Sus recientes ensayos sobre el 'prusés' y sus circunstancias, El manicomio catalán (2013) y El derecho a delirar (2015), lo han convertido en un personaje de referencia de la disidencia irónica.

 

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