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Puigdemont o el aburrimiento

Ramón de España
3 min

El presidente Puigdemont es un hombre básicamente aburrido que no les facilita las cosas a los guionistas del Polonia. Suerte tienen estos de que la retirada de Artur Mas sea falsa, como todos sabemos: aunque nos quiera hacer creer que se ha ido de la fiesta, en realidad sigue ahí, detrás de una cortina, y hasta le asoman los pies por debajo (de hecho, hay dos pares de pies, pues junto al Astut está David Madí dándole sabios consejos).

Lo peor del aburrido Puigdemont es que se niega a ser reconocido como tal y, pese a carecer del más mínimo sentido del humor (una tara muy extendida entre los nacionalistas), gusta de aparentarlo, sobre todo en sede parlamentaria

Lo peor del aburrido Puigdemont es que se niega a ser reconocido como tal y, pese a carecer del más mínimo sentido del humor (una tara muy extendida entre los nacionalistas), gusta de aparentarlo, sobre todo en sede parlamentaria, donde ya le hemos oído dos gracias que no tenían ninguna: primero parafraseó al difunto poeta Gil de Biedma, aunque de manera asaz forzada; y luego, ya más en su terreno, recurrió al futbolista Piqué (sin que la CUP le acusara de machista, pues también podría parafrasear a Shakira, ¿no?). En ambas ocasiones, se pegó un tiro en el pie, aunque a ciertos aduladores les pareciera que había estado sembrado.

Que Puigdemont sea un hombre aburrido no quiere decir que no sea el líder adecuado para la fase actual del prusés, que empieza a resultar rutinaria, repetitiva y cansina. Aburrida, vaya. Y como Rajoy --especialmente, desde que está en funciones-- tampoco es precisamente un prodigio de ingenio y diversión, la cosa está adquiriendo un aire de patio de colegio que, francamente, resulta muy poco estimulante, pues estamos atrapados en un esquema invariable: el President suelta una bravuconada o grosería antiespañola, desde Madrid hacen como que no le han oído; el President se inventa una estructura de Estado o crea una consejería que no puede crear (la de Romeva, mismamente), Mariano le echa encima el Constitucional; el President dice que ya sabemos por dónde se pasa él las injerencias del Constitucional, el Gobierno central le amenaza... Y así sucesivamente, como si ambos bandos se empeñaran en retrasar el momento en que, inevitablemente, van a tener que entrar en colisión si pretenden que sus respectivas parroquias se los tomen en serio.

Y mientras tanto, las sufridas víctimas del prusés muriéndonos de aburrimiento. ¿No va siendo hora de dar la cara a dos bandas, de que el President proclame la República catalana y don Tancredo lo detenga, lo inhabilite a él y a todo su Gobierno y suspenda temporalmente la autonomía? ¿Hasta cuándo va a durar esta pueril pelea de almohadas? Como se alargue mucho más, la obra que se está representando va a tener que bajar el telón por falta de público. ¿O es que soy el único al que todo esto le aburre a morir?

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¿Quién es... Ramón de España?
Ramón de España

Ramón de España (Barcelona, 1956). Autor de nueve novelas y una docena de ensayos, ascendió de las covachas del underground (Disco Exprés, Star, a finales de los 70) hasta los palacios del 'mainstream' (El País, donde colaboró ampliamente en los 90). Actualmente ejerce de columnista habitual en El Periódico de Catalunya y el semanario Interviú. Escribió y dirigió un largometraje en 2004, 'Haz conmigo lo que quieras', y aunque lo nominaron a los Goya, esta sociedad hostil no le ha dejado volver a ponerse detrás de una cámara (pero él insiste). Sus recientes ensayos sobre el 'prusés' y sus circunstancias, El manicomio catalán (2013) y El derecho a delirar (2015), lo han convertido en un personaje de referencia de la disidencia irónica.