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¡Puchi, tú eres el más grande!

Ramón de España
5 min

En cuanto tenga un rato libre, me voy a poner a escribir la letra de una canción cuyo título será el de esta columna (para la música ya me apaño con la del pasodoble torero Marcial, tú eres el más grande). Puchi es el puto amo de la política internacional y lo acaba de demostrar de nuevo al cruzar la fina línea que separa al iluminado del demente y recurrir al Tribunal Constitucional para que le defienda de Roger Torrent, presidente del parlamento catalán, que se resiste a nombrarle presi de la Chene por vía telemática y, no contento con eso, le impide delegar el voto. Cuando crees que Cocomocho ha agotado su arsenal de majaderías, siempre te sorprende con una nueva que supera a la anterior: los que disfrutamos de un sentido del humor algo retorcido le echaremos de menos cuando acabe en el talego. Aunque estoy seguro de que, incluso entre rejas, Puchi seguirá dando mucho juego.

El hombre que pide amparo al Constitucional es el mismo que aseguraba que ese tribunal era una vergüenza internacional y se retrataba orgulloso con los cinco requerimientos de tan noble institución a los que no pensaba atender. No descartaría que acabara usándolos para limpiarse el trasero. También es el tipo que se pasó por el arco de triunfo la Constitución --y ya puestos, el estatuto de autonomía-- y alumbró una república catalana que duró ocho segundos. Y el que les dijo a sus leales que ya se verían el lunes y luego se metió en el maletero de un coche y se dio a la fuga, consiguiendo que al pobre Junqueras se le quedara una cara de bobo mucho más potente que la habitual.

Lo de que esta astracanada solo es un trámite para poder recurrir posteriormente a la justicia internacional no se lo cree ni Elsa Artadi cuando se planta ante la empresa con tan penosa explicación. Yo diría que la intención de Puchi era arrearle un sopapo al beato Junqueras por persona interpuesta, el señor Torrent, y envenenar así un poco más las ya complejas relaciones entre ERC y la Crida, incordiando de paso a los que, desde el PDeCAT, no pueden más de sus maximalismos. Y es que Puchi se enfrenta a todo el mundo. A los de ERC los quiere desintegrar. A los del PDeCAT, si no se dejan absorber por su Crida de marras, también. Si para eso hay que recurrir a un tribunal en el que él mismo se ha ciscado a gusto desde hace meses, vaya y sea. El caso es liarla y hacer sentir su presencia ominosa en la Cataluña que abandonó de manera tan poco digna.

Hace tiempo que a Puchi se le conoce como Puigdement o el Pastelero Loco en ciertos sectores del independentismo. Cuenta con algunos esbirros de fidelidad perruna --Torra, Artadi, Llongueras, Colomines-- y parece que con eso le basta para seguir imponiendo su voluntad desde la mansión de Waterloo. Cuando todos los independentistas reclaman unidad cara a las municipales, él fomenta la discordia y hasta se atreve a enviar a Mascarell al número cuatro de la lista. Vale, en realidad es el número tres porque el número uno, Forn, está en el trullo y no parece que lo vaya a abandonar en breve, ¡pero así no se trata a un hombre que entró en una reunión como socialista y salió reciclado en convergente! ¡Un poco más de respeto para la tan literaria figura del Bel Ami consagrado en exclusiva al medro personal!

Es tan frenética la actividad del fugitivo Puigdemont que, mientras escribo estas líneas, estoy convencido de que ya ha alumbrado una nueva genialidad que dará que hablar. Por el bien de la causa, algún independentista debería decirle a Puchi que no está bien de la sesera y que haga el favor de dar un paso al lado o, mejor aún, un salto al vacío. De momento, habría que ir encargando un examen psiquiátrico: ese hombre no está bien, créanme. A mí me entretiene mucho, que conste, pero el interés de la patria debería estar por encima de mi peculiar manera de divertirme.

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¿Quién es... Ramón De España?
Ramón de España

Ramón de España (Barcelona, 1956). Autor de nueve novelas y una docena de ensayos, ascendió de las covachas del underground (Disco Exprés, Star, a finales de los 70) hasta los palacios del 'mainstream' (El País, donde colaboró ampliamente en los 90). Actualmente ejerce de columnista habitual en El Periódico de Catalunya y el semanario Interviú. Escribió y dirigió un largometraje en 2004, 'Haz conmigo lo que quieras', y aunque lo nominaron a los Goya, esta sociedad hostil no le ha dejado volver a ponerse detrás de una cámara (pero él insiste). Sus recientes ensayos sobre el 'prusés' y sus circunstancias, El manicomio catalán (2013) y El derecho a delirar (2015), lo han convertido en un personaje de referencia de la disidencia irónica.

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