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'Puchi' está loco: la prueba definitiva

Ramón de España
4 min

Hace tiempo que algunos dudamos del equilibrio mental de Carles Puigdemont, pero él mismo acaba de proporcionarnos la prueba definitiva de que no está en sus cabales. Se trata de un breve video grabado en Nochevieja en el que se le ve tocando la guitarra --bueno, tocar no es el término exacto, pues nos hallamos ante un genuino rascatripas-- e interpretando el viejo éxito de John Denver (1943-1997) Country roads take me home, incluido en su álbum de 1972 Rocky Mountain High. En un inglés voluntarioso, aunque aproximativo, Puchi habla del gran estado de Colorado, de las Montañas Rocosas y de lo mucho que echa de menos Virginia Occidental. Curioso para tratarse de un tío de Amer, ¿no les parece?

Mira que tenía material dónde elegir, pero tuvo que recalar en el de John Denver, uno de los cantantes de country más cursis de todos los tiempos. Por lo menos, cuando Núria Feliu grabó su indescriptible disco Amb un aire country, escogió unas canciones excelentes. Más que interpretarlas, las perpetró, de acuerdo, pero eran un material de primera --la tieta de Cataluña se atrevió hasta con la gran Patsy Cline-- que daba claras muestras de su elevada autoestima (el mallorquín Tomeu Penya, más modesto, siempre hacía versiones de lo peor que encontraba: a destacar su cochambrosa versión de la ya infame Islands in the sun, de Kenny Rogers).

Sin pararse en barras, Puchi va directo a por John Denver, quien, por lo menos, intentó redimirse en sus últimos años --se estrelló a los 53 con el avión que pilotaba--, dedicándose a tareas sociales y a, en sus propias palabras, “intentar traer un poco de armonía al mundo”. Musicalmente era un cursi, un blando y un pelmazo, no lo negaré, pero como activista humanitario en busca de un mundo mejor hizo lo que pudo y hasta se fue a ver a Gorbachov en compañía de Plácido Domingo.

En ese sentido, la incoherencia de Puchi es manifiesta y dañina: pocos han contribuido más que él en España a sembrar cizaña y a enfrentar a unos catalanes con otros. Puestos a hacer versiones de temas ajenos, más le valdría centrarse en el heavy metal satánico o dedicarse a tocar la gralla, que viene a ser lo mismo. Me dirán ustedes que dentro de la carrera criminal de Carles Puigdemont hay cosas más graves que versionar a John Denver, pero no hemos de olvidar que el diablo está en los detalles. Yo mismo, si lo hubiera visto interpretar I'm so lonesome I could cry, de Hank Williams, o My blue tears, de Dolly Parton, habría logrado empatizar mínimamente con él. Lo que no puedo perdonarle es que, habiendo tanto donde elegir, haya optado por John Denver. Ya sé que, comparado con Lluís Llach, John Denver es Wolfgang Amadeus Mozart, pero eso no quiere decir que nuestro fugitivo favorito progrese adecuadamente.

Veo en su actitud musical hasta motivos para acusarlo de botifler. Dudo que Santiago Espot deje pasar la oportunidad de recordarle que, disponiendo de las montañas del Canigó, del Ampurdán y de los caminos rurales de la Cataluña profunda, ponerse a alabar las Rocky Mountains y los estados de Colorado y West Virginia es de una frivolidad rayana en la traición. Y mientras tanto, el repertorio de Emili Vendrell, muriéndose de asco. ¡La has cagado, Puchi! ¡Además de ruin y majareta, botiflerot!

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¿Quién es... Ramón de España?
Ramón de España

Ramón de España (Barcelona, 1956). Autor de nueve novelas y una docena de ensayos, ascendió de las covachas del underground (Disco Exprés, Star, a finales de los 70) hasta los palacios del 'mainstream' (El País, donde colaboró ampliamente en los 90). Actualmente ejerce de columnista habitual en El Periódico de Catalunya y el semanario Interviú. Escribió y dirigió un largometraje en 2004, 'Haz conmigo lo que quieras', y aunque lo nominaron a los Goya, esta sociedad hostil no le ha dejado volver a ponerse detrás de una cámara (pero él insiste). Sus recientes ensayos sobre el 'prusés' y sus circunstancias, El manicomio catalán (2013) y El derecho a delirar (2015), lo han convertido en un personaje de referencia de la disidencia irónica.