Pintan bastos para Cocomocho

Ramón de España
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Presuntamente enardecido tras su triunfo a la búlgara en las recientes elecciones a la presidencia del Consell per la República, Carles Puigdemont se vino arriba y declaró que ese chiringuito que se inventó hace un tiempo para darse aires es el gobierno legítimo y soberano de la Cataluña catalana que ansía la independencia del terruño.

Es comprensible, pues acababa de barrer a su único oponente, Joan Ramon Gomà (Santa Coloma de Gramanet, 1960), un ingeniero industrial que ejerce como profesor agregado del Departamento de Ingeniería Mecánica de la Universidad Politécnica de Cataluña y que es un peso pesado de la Viquipèdia (la Wikipedia en vernáculo) que convirtió a los amigos catalanes de esa enciclopedia online en la trascendental e influyente Amical Wikimedia, que debe ser como la de Mauthausen, pero aplicada al correcto uso de la lengua, digo yo. Además de este logro sensacional, Gomà es el autor de dos libros --en colaboración con otros autores-- cuyos meros títulos sugieren un contenido trepidante: Fabricació flexible (2010) y, en la lengua del enemigo, Sistemas de fabricación (2013). No contento con todo lo referido, Gomà es miembro de la ANC por la delegación de Sants-Montjuïc.

Pese a sus muchos e innegables méritos, el señor Gomà fue barrido por Puigdemont y se ha visto tratado de mindundi hasta en la prensa del régimen, donde parece que nadie quiere reconocerle la hidalguía a alguien dispuesto a cambiar un trabajo real, aunque de aspecto gris y aburrido, por la presidencia de una entidad que no sirve para nada y que te obliga a vivir en Flandes de la caridad de tus afiliados y de lo que te pasa bajo mano el gobiernillo catalán (a no ser que el amigo Gomà pensara instalar su despacho de presidente del Consell en algún cuarto de las escobas de la UPC, lo que también podría ser).

En cualquier caso, Puchi se impuso al amigo de la Viquipèdia y soltó lo que pensaba del Consell, ofendiendo de esa manera a Pere Aragonès, que ya ha salido a decirle que el gobierno de la Generalitat y el parlamento regional son los genuinos representantes de la Cataluña catalana e independentista. Y no le ha urgido a callarse la boca de una puñetera vez porque el Petitó de Pineda sabe guardar las formas, aunque no le faltan motivos para perderlas, como los que le aporta constantemente Laura Borràs, esa señora monumental que, en la ceremonia de los Gaudí, proyectaba su sombra ominosa sobre el president, al que solo le faltaba tomar de la mano para que todo el mundo pensara que ciertos problemas de conciliación laboral (o la inesperada ausencia de la canguro) la habían obligado a acercarse al jolgorio del cine catalán con el churumbel a cuestas.

El rebote de Aragonès es comprensible. El hombre está intentando volver al autonomismo sin que se le subleven las bases --de ahí lo de que solo va a la conferencia de presidentes autonómicos si se habla de Ucrania, pues para todo lo demás solo admite encuentros bilaterales con el Gobierno español--, tiene que soportar a diario la actitud de jefa de la oposición (¡desde el gobierno!) que se gasta Borràs (en teoría, presidenta del Parlament; en la práctica, presidenta del club de fans de Puchi), debe encajar las inconveniencias de la CUP cada vez que Eulàlia Reguant se levanta con el pie izquierdo porque no encontraba las gafas y se ve obligado a escuchar sin dormirse las plomizas jeremiadas de Albert Batet. En tales condiciones, que te salga un tío que se fue por patas de Cataluña a decir que él es quien realmente pinta algo en el paisito tiene que ser para cabrearse.

De todos modos, consuélese Aragonès pensando que, al igual que el titán de la Viquipèdia, tiene un trabajo (más o menos) de verdad en una gestoría con pretensiones, mientras que lo de Puigdemont es una entelequia desvinculada totalmente del mundo real y que ahora, además, puede complicarse cuando se ponga en marcha la investigación de la Eurocámara sobre las presuntas relaciones del Hombre del Maletero y sus secuaces Alay y Terradellas con los rusos cuando teníamos la independencia al alcance de la mano. Según los resultados de dicha investigación, el escaño europeo de Puchi puede peligrar seriamente, pues no es el mejor momento para relacionarse o haberse relacionado con Vladimir Putin y no todo el mundo tiene tanta suerte como Ada Colau, que se quitó de encima a los del Hermitage justo antes de que no los quisieran en ninguna parte.

Por si acaso, yo diría que nuestro inefable Cocomocho debería bajar el volumen en todo lo que pudiera ofender a Aragonès. Si no me equivoco, la sopa boba de la que disfruta depende actualmente de ERC y no es nada inteligente morder la mano que te echa de comer: sin euro escaño ni dinero sustraído al sufrido contribuyente catalán, la vida en el exilio puede complicarse mucho.

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¿Quién es... Ramón de España?
Ramón de España

Ramón de España (Barcelona, 1956). Autor de nueve novelas y una docena de ensayos, ascendió de las covachas del underground (Disco Exprés, Star, a finales de los 70) hasta los palacios del 'mainstream' (El País, donde colaboró ampliamente en los 90). Actualmente ejerce de columnista habitual en El Periódico de Catalunya y el semanario Interviú. Escribió y dirigió un largometraje en 2004, 'Haz conmigo lo que quieras', y aunque lo nominaron a los Goya, esta sociedad hostil no le ha dejado volver a ponerse detrás de una cámara (pero él insiste). Sus recientes ensayos sobre el 'prusés' y sus circunstancias, El manicomio catalán (2013) y El derecho a delirar (2015), lo han convertido en un personaje de referencia de la disidencia irónica.

 

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