Pasaporte para Amer

Ramón de España
6 min

La mítica productora británica Ealing Studios estrenó en 1949 una de sus mejores comedias, Pasaporte para Pimlico, dirigida por Henry Cornelius y protagonizada, entre otros, por la gran Margaret Rutherford (la señorita Marple de las adaptaciones de Agatha Christie de principios de los 60). La cosa iba del hallazgo en el barrio londinense de Pimlico de un vetusto documento que aseguraba su pertenencia a la Borgoña francesa, lo cual permitía a una pandilla de iluminados aspirar a la independencia de su entorno y conseguir de esa manera, entre otras cosas, librarse de la cartilla de racionamiento en vigor en plena posguerra en todo el territorio del Reino Unido.

Me acordé de esta simpática burla del nacionalismo aprovechategui el otro día, al enterarme de que en el pueblo natal de Puchi, Amer, una fantasmal asociación denominada Desobediència Civil Catalunya había declarado la población como territorio liberado (de España, se supone). Para celebrarlo, habían enviado a un par de encapuchados al balcón del ayuntamiento a soltar una arenga, organizado una charla titulada Desobediencia, el camino a la independencia (a la que acudió Dolors Feliu, presidenta de la ANC, esa señora que se sorprende sinceramente de que en Andalucía no se impartan clases de catalán en los colegios) y colocado una barrera a la entrada del pueblo para vigilar que no se les colaran algunos españolazos (hasta hubo algún espontáneo que reclamaba a gritos la emisión de pasaportes).

Me lo tomé como una muestra más de la putrefacción del lazismo, delirio colectivo del que se van apeando los más listos, pero en el que resisten numantinamente los más tontos, lo cual no es de extrañar si tenemos en cuenta que la palma de las iniciativas idiotas se la lleva el líder espiritual de la secta amarilla, actualmente refugiado en Bélgica, al que ya le debemos un gobierno alternativo (aún más inútil que la Generalitat, esa gestoría con pretensiones), un Documento de Identidad Republicana y algunas chorradas más que no sirven absolutamente para nada, como no sea para hacer el ridículo, algo para lo que se basta y se sobra el gobiernillo oficial con sus embajadas de la Señorita Pepis o los viajes del Niño Barbudo en plena oleada de incendios forestales.

Incapaces de conseguir nada en el mundo real, los lazis más contumaces se refugian en su mundo de fantasía. En el otro, ya se sabe, pintan bastos. Lo acabamos de comprobar una vez más con la decisión del Comité Olímpico Español de introducirse por el recto la candidatura catalano-aragonesa a los Juegos Olímpicos de Invierno de 2030. TV3, claro está, ha presentado el desastre como la conclusión lógica de la actitud caprichosamente anticatalana del presidente de Aragón, Javier Lambán, que no ha parado de meter cizaña hasta conseguir jorobar a Cataluña (la portavoz de ERC hasta nos ha recordado el célebre “expolio” de Sijena, para que viéramos que los baturros nos la tienen jurada desde hace tiempo).

Mi teoría personal es que, ante el cirio organizado entre Cataluña y Aragón, el COE ha optado por abandonar, intuyendo que dejarlo todo en manos de los lazis llevaría a estos a intentar presentar una propuesta española como una estrictamente catalana (se les veía venir, la verdad: no hacía falta ser Nostradamus para olérselo). Según TV3, el señor Lambán se ha ciscado en los sueños de los catalanes, aunque el tema no es que hubiese suscitado la deseable unanimidad: ahí estaban los comunes y la CUP para oponerse a los Juegos, con la inestimable ayuda de esas organizaciones de Amigos del Territorio que pululan por todo el paisito.

Otra posibilidad de pillar algo echada a los cerdos. Como la ampliación del aeropuerto y otras ofertas que nos hemos permitido rechazar en aras de la sostenibilidad, de los patitos o de lo que se nos ocurra en cada caso. Los lazis no se llevan bien con la realidad, pero en su mundo paralelo llevan una existencia de ensueño en la que cualquier poblacho puede seguir el ejemplo de Pimlico y declararse independiente. Lo de Amer es especialmente espectacular, en su tontería, pero la última vez que visité Cadaqués me recibió a la entrada una señal que me daba la bienvenida a una (supuesta) población de la República Catalana (que nadie se ha tomado la molestia de retirar por inducir al error a los turistas).

Puede que los lazis no den pie con bola en el mundo real, pero hay que reconocer que son insuperables a la hora de hacer el imbécil en la entelequia en la que viven.

Artículos anteriores
¿Quién es... Ramón de España?
Ramón de España

Ramón de España (Barcelona, 1956). Autor de nueve novelas y una docena de ensayos, ascendió de las covachas del underground (Disco Exprés, Star, a finales de los 70) hasta los palacios del 'mainstream' (El País, donde colaboró ampliamente en los 90). Actualmente ejerce de columnista habitual en El Periódico de Catalunya y el semanario Interviú. Escribió y dirigió un largometraje en 2004, 'Haz conmigo lo que quieras', y aunque lo nominaron a los Goya, esta sociedad hostil no le ha dejado volver a ponerse detrás de una cámara (pero él insiste). Sus recientes ensayos sobre el 'prusés' y sus circunstancias, El manicomio catalán (2013) y El derecho a delirar (2015), lo han convertido en un personaje de referencia de la disidencia irónica.

 

Puede seguir todas las colaboraciones de Ramón de España en Crónica Global y Letra Global en este canal de Telegram.