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Cómo observarse internacionalmente a sí mismo

Ramón de España
3 min

Dado que no parece haber bofetadas para ofrecerse como observador internacional del referéndum del 1 de octubre —¿tanto le costaría a Yoko Ono abandonar unos días su apartamento de El Dakota?—, nuestro tuitero en jefe ha tenido la brillante idea de proponerle a la ONU —ya se sabe, la organización que obliga a Junqueras a celebrar el referéndum de autodeterminación— que el Diplocat sea considerado una entidad de observadores internacionales y pueda, de esa manera, supervisar que todo transcurre como Dios manda el 1-O.

Realmente, hay que ser muy tonto o estar muy desesperado para hacer semejante propuesta: un organismo que depende de Puigdemont es propuesto como observador de un referéndum organizado por Puigdemont. Si cuela, cuela. Pero, claro está, no ha colado. En la ONU se han quitado de encima la propuesta sin comentarla por escrito, no sea que luego, como tienen por costumbre, los independentistas interpreten el texto como más les convenga, siguiendo el ejemplo de ese Junqueras que asegura que la ONU le obliga a celebrar el referéndum de marras.

Hay que ser muy tonto o estar muy desesperado para hacer semejante propuesta: un organismo que depende de Puigdemont es propuesto como observador de un referéndum organizado por Puigdemont

Cocomocho tiene tiempo para todo. Mientras envía sus propuestas peregrinas a la ONU, sale en defensa de Artur Mas para rebatir las informaciones de El Español según las cuales el Astut estaba detrás de todas las mangancias posibles del 3%, convenientemente ayudado por su secuaz Germà Gordó. No va a conseguir que dejemos de pensar que el Astut es al 3% lo que Rajoy a la Gürtel —impresionante declaración la de Don Tancredo, por cierto, con su mejor cara de yo-no-fui e interpretando de maravilla el papel de tonto del pueblo o de víctima del timo de la estampita—, pero demuestra que es de bien nacidos ser agradecidos y que recuerda perfectamente quién lo sacó de su sumidero gerundense para elevarlo a las más altas instancias del paisito.

De ahí debe venirle la astucia de la que ha presumido en una cena privada —con grandes fans del prusés como Suso de Toro y Ramón Cotarelo, ¡Dios nos libre de los amigos de Cataluña!—, al comentar que ya se había hecho con las urnas sin que se enterara el pérfido Estado español. ¿Será verdad? En ese caso, ¿quién se las ha vendido?, ¿dónde las tiene almacenadas?, ¿no le tocaba al Junqui encargarse del asunto?, ¿y si no es cierto, pero necesitaba fardar de algo tras el feo de la ONU?

Este hombre se rinde enseguida: ¿por qué no presenta como observadores internacionales a Òmnium y la ANC, entidades imparciales y prestigiosas donde las haya?

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¿Quién es... Ramón de España?
Ramón de España

Ramón de España (Barcelona, 1956). Autor de nueve novelas y una docena de ensayos, ascendió de las covachas del underground (Disco Exprés, Star, a finales de los 70) hasta los palacios del 'mainstream' (El País, donde colaboró ampliamente en los 90). Actualmente ejerce de columnista habitual en El Periódico de Catalunya y el semanario Interviú. Escribió y dirigió un largometraje en 2004, 'Haz conmigo lo que quieras', y aunque lo nominaron a los Goya, esta sociedad hostil no le ha dejado volver a ponerse detrás de una cámara (pero él insiste). Sus recientes ensayos sobre el 'prusés' y sus circunstancias, El manicomio catalán (2013) y El derecho a delirar (2015), lo han convertido en un personaje de referencia de la disidencia irónica.