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No se trata de gobernar

Ramón de España
5 min

Si lo he entendido bien, el gobierno al que aspiran republicanos y pedecatos es una entelequia presidida por un señor que está en el talego y supervisada por otro que ha huido al extranjero a causa de ciertos problemillas con la justicia española. Aparte de estas dos lumbreras, hay otro aspirante presidencial, pero está imputado y es muy posible que lo invistan en marzo y lo inhabiliten en abril. Yo ya sé que debe costar Dios y ayuda encontrar en las listas de ERC y Junts x Puchi alguien que no esté huido, en la cárcel o imputado por la justicia, pero tampoco veo que se esfuercen mucho en buscarlo.

Comprendo perfectamente que montar un gobierno con gente limpia es un aburrimiento, pues después del advenimiento de la República y la respuesta del Estado, nos hallamos en fase preautonómica y el nuevo Govern solo puede actuar en clave autonómica si no quiere que el 155 se eternice y sus miembros acaben sumándose a la población reclusa española. Ciertamente, pasar de una república a una gestoría no resulta muy estimulante. Por otra parte, como nuestros padres de la patria llevan más de dos meses viendo que Cataluña funciona más o menos igual con Govern que sin Govern, pues tampoco tienen mucha prisa por formar uno. Es mucho más divertido y satisfactorio seguir chinchando todo lo que se pueda, pugnando inútilmente con el Gobierno central, alimentando el victimismo y tratando de que alguien en Europa se solidarice con la causa. Y si el ánimo decae, siempre están a mano la CUP, que cree vivir ya en la República catalana, o Ramón Cotarelo, cuyos artículos convierten en inofensivas las soflamas derrotistas de Lord Haw-Haw y Rosa de Tokio.

Lo importante es controlar TV3, según se desprende de las conversaciones entre los partidos nacionalistas. Formar gobierno es algo secundario

Lo importante es controlar TV3, según se desprende de las conversaciones entre los partidos nacionalistas. Formar gobierno es algo secundario. E informar a los catalanes de los planes previstos para los próximos años ya es algo que no parece interesar a nadie. No hay gobierno ni programa de gobierno, pero hay que repartirse los cargos entre republicanos y pedecatos. A todo esto, Vicent Sanchis, viendo que no hay euro en la caja, no ve la hora de salir pitando de Sant Joan Despí. Y Pepe Antich, de quien se dice que se le ha ofrecido el cargo, prefiere seguir intoxicando en su subvencionado diario El Nacional que hacerlo desde un sitio en el que escasean los monises: una cosa es ser un trepa y otra, ser tonto.

Como parece que Cataluña es TV3, propongo un candidato de consenso para presidir la Generalitat: Pilar Rahola. Como presidenta, en la mejor tradición chavista, podría seguir disfrutando de sus apariciones en televisión, pero corregidas y aumentadas. Si ahora tiene media hora diaria para dirigirse a sus feligreses, yo creo que en su condición de jefa de todo esto debería disfrutar de un programa, también diario, pero de entre dos y cuatro horas de duración, en la línea de los discursos de Fidel o de los inolvidables programas de Chávez Aló presidente y Adelante con el comandante. Dada su capacidad de trabajo y su don de la ubicuidad, Pilar podría compatibilizar la tele con el Parlament, con La Vanguardia y con sus ciclos de conferencias sionistas por Sudamérica, que podría alternar con otras sobre esos judíos de Europa que somos los catalanes oprimidos. Puede que a alguien le sorprenda mi propuesta, pero vivimos en la era del espectáculo y les recuerdo que Donald Trump también fue una estrella de la televisión.

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¿Quién es... Ramón de España?
Ramón de España

Ramón de España (Barcelona, 1956). Autor de nueve novelas y una docena de ensayos, ascendió de las covachas del underground (Disco Exprés, Star, a finales de los 70) hasta los palacios del 'mainstream' (El País, donde colaboró ampliamente en los 90). Actualmente ejerce de columnista habitual en El Periódico de Catalunya y el semanario Interviú. Escribió y dirigió un largometraje en 2004, 'Haz conmigo lo que quieras', y aunque lo nominaron a los Goya, esta sociedad hostil no le ha dejado volver a ponerse detrás de una cámara (pero él insiste). Sus recientes ensayos sobre el 'prusés' y sus circunstancias, El manicomio catalán (2013) y El derecho a delirar (2015), lo han convertido en un personaje de referencia de la disidencia irónica.