No hay que contrariar a Joel Joan

Ramón de España
6 min

En el mundo de la farándula, el rechazo inmediato y los proyectos que se alargan para acabar por no llevarte a ninguna parte son el pan nuestro de cada día. Que me lo digan a mí, que estrené una película en el 2004, me nominaron al Goya al mejor director novel y no he vuelto a levantar nada desde entonces. Sigo en ello porque con algo me he de entretener hasta que no se me funda el cerebro, pero lo hago con una mezcla de deportividad y fatalismo de la que estoy bastante orgulloso y que tan bien definieron años ha Almodóvar y McNamara en su canción Gran ganga: “Y así voy y vengo, y por el camino me entretengo”. Si mi vena creativa se tuviera que conformar con escribir artículos para reírme de los lazis, hace tiempo que habría metido la cabeza en el horno.

Lamentablemente, no todo el mundo se toma las cosas con mi admirable pachorra. Fijémonos en Joel Joan. Le rechazan una serie en TV3, como acaba de ocurrir, y se propulsa a Twitter para expresar su inquina y su rencor al principal aparato de agitación y propaganda del régimen. Una persona normal se llevaría el proyecto a otra parte (TVE, Tele5, Antena 3, las plataformas de streaming), pero un patriota como él, sobre cuyas anchas espaldas reposan el cine y el teatro catalanes, ni se plantea tal posibilidad. El patriotismo es lo que tiene: te permite chupar del bote con cierta frecuencia, pero te puede gastar alguna que otra broma pesada. En el caso que nos ocupa, el rechazo de TV3 equivale a un rechazo universal, dado que nuestro héroe no se va a rebajar a traducir al castellano su serie para intentar endilgársela a otra cadena. Y caso de hacerlo y de que le saliera bien la jugada, sus seguidores en las redes lo pondrían de vuelta y media, como le ha pasado al rupestre Peyu tras retratarse sonriente junto al diputado de Ciutadans Nacho Martín Blanco.

Como a veces llueve sobre mojado, en Badalona le han dicho que se meta por donde le quepa su obra de teatro El gran comediant. Nuevo ataque de ira y de indignación del amigo Joel: ¡a él no se le hace algo así! La excusa del departamento de cultura de Badalona consiste en que la conducta pública del señor Joan deja bastante que desear últimamente, y al tener que representarse la función en un teatro de propiedad municipal, se ha optado por prescindir de sus servicios. Joel Joan, que se pasa la vida señalando con el dedo en las redes sociales a los camareros que tienen el descaro de hablarle en español o a los restaurantes que no tienen la carta en catalán, debería ser el primero en saber que donde las dan las toman. No hay que ser muy perspicaz para intuir que García Albiol, como tantos otros, le detesta, y aprovechando que el teatro es, momentáneamente, suyo, habrá pensado: “Vamos a joderle un poco la vida al lazi este”. Alguien que, además, había hecho méritos para llevarse el sopapo municipal: todos le hemos visto, completamente cocido, a bordo de una barca y soltando gansadas, pero solo unos privilegiados (ahora no recuerdo si en el Maresme o en el Garraf) pudieron disfrutar en directo de la performance protagonizada por el actor y sus amigotes al llegar a la orilla, donde se dedicaron a arrojar medusas al aire, con tan mala fortuna que uno de esos bichos gomosos aterrizó en la cabeza de un niño, cosa que no hizo mucha gracia al padre de la criatura.

Jactarse de las tajadas que pillas y atacar a tiernos infantes con medusas no son, tal vez, las mejores maneras de hacerse con un teatro municipal de un pueblo en el que manda el partido que más asco te da. Denigrar a TV3 cuando es la única televisión a la que puedes acudir con los frutos de tu ingenio tampoco parece lo más inteligente que se puede hacer. Está muy bien que salga en tu defensa Pilar Rahola, como así ha sido. Y que se solidarice contigo Guanyem Badalona, la secta que ocupaba la alcaldía de la ciudad antes de que la recuperara Albiol, igual te levanta la moral, pero a efectos prácticos, no vas a conseguir gran cosa.

Cuando te consideras más relevante de lo que eres, la vida disfruta poniéndote en tu sitio. Nos ha pasado todos, mi buen Joel, así que tal vez ha llegado la hora de dejar de hacer el bocazas a todas horas. Y la próxima torrija, casi mejor que no la cuelgues en las redes. En cuanto a las medusas, ni te acerques a ellas.

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¿Quién es... Ramón de España?
Ramón de España

Ramón de España (Barcelona, 1956). Autor de nueve novelas y una docena de ensayos, ascendió de las covachas del underground (Disco Exprés, Star, a finales de los 70) hasta los palacios del 'mainstream' (El País, donde colaboró ampliamente en los 90). Actualmente ejerce de columnista habitual en El Periódico de Catalunya y el semanario Interviú. Escribió y dirigió un largometraje en 2004, 'Haz conmigo lo que quieras', y aunque lo nominaron a los Goya, esta sociedad hostil no le ha dejado volver a ponerse detrás de una cámara (pero él insiste). Sus recientes ensayos sobre el 'prusés' y sus circunstancias, El manicomio catalán (2013) y El derecho a delirar (2015), lo han convertido en un personaje de referencia de la disidencia irónica.

 

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