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Lo importante es incordiar

Ramón de España
3 min

Los catalanes somos gente previsora, pero algunos de nosotros tal vez se exceden un poco a la hora de planificar el futuro. Pienso en los aguerridos lingüistas de la asociación Koiné, que anteayer presentaron un manifiesto en el que, prácticamente, exigen la abolición del castellano en esa república catalana que para ellos es inminente. Han decidido que el español se está comiendo al catalán y que, si no acabamos con él, se zampará la lengua que ellos consideran propia y única de Cataluña. Además de previsores, apocalípticos, pues el catalán goza de muy buena salud y es una lengua querida por sus hablantes con la que no pudo acabar ni Franco con todas sus armas de represión. Pero se ve que a ellos les gusta instalarse en el tremendismo para lograr lo que no logró ni el Caudillo: una Cataluña monolingüe. Solo les falta reproducir aquellos ridículos eslóganes franquistas modelo "Catalán, sé español, habla el idioma del imperio", con aportaciones como "Catalán, sé aún más catalán y no hables ningún otro idioma". Al patriotismo por la burricie, vamos.

Mientras no salgas nunca de Berga (¿para qué ibas a hacerlo, teniendo a Titot de concejal de la CUP?), no tendrás ningún problema para comunicarte con tus semejantes

Dejando aparte el hecho de que la república catalana ni está ni se la espera (por lo menos, durante los próximos dos o tres siglos), intentar acabar con un bilingüismo que lleva vigente desde mucho antes de la Guerra Civil es del género tonto y, además, muestra una hostilidad muy lerda hacia un idioma bastante más universal que el catalán. Hostilidad visible desde los primeros tiempos de Pujol que ni siquiera ha servido para que la gente aprenda un inglés decente, lo cual tendría su lógica. No, aquí la respuesta ha sido: "No quiero hablar español porque me da asco y no aprendo inglés porque me da pereza". Conclusión: mientras no salgas nunca de Berga (¿para qué ibas a hacerlo, teniendo a Titot de concejal de la CUP?), no tendrás ningún problema para comunicarte con tus semejantes. Lo de aprender inglés para no hablar francés sólo lo hacen los flamencos, que no confían lo suficiente en su propio idioma. Nosotros, se ve que con el catalán ya vamos a todas partes.

Como me cuesta creer que los señores lingüistas sean tan burros como para creer que puedan salirse con la suya, deduzco que se trata de un gesto --como declarar personas no gratas a la Familia Real y cosas así-- para echar leña al cada día más apagado fuego del Prusés; o sea, para incordiar y crear un poco más de mal rollo, cosa fundamental para esa clase de gente cerril y monotemática a la que los demás, en una clara muestra de tolerancia, permitimos el derecho al pataleo. Que lo disfruten.

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¿Quién es... Ramón de España?
Ramón de España

Ramón de España (Barcelona, 1956). Autor de nueve novelas y una docena de ensayos, ascendió de las covachas del underground (Disco Exprés, Star, a finales de los 70) hasta los palacios del 'mainstream' (El País, donde colaboró ampliamente en los 90). Actualmente ejerce de columnista habitual en El Periódico de Catalunya y el semanario Interviú. Escribió y dirigió un largometraje en 2004, 'Haz conmigo lo que quieras', y aunque lo nominaron a los Goya, esta sociedad hostil no le ha dejado volver a ponerse detrás de una cámara (pero él insiste). Sus recientes ensayos sobre el 'prusés' y sus circunstancias, El manicomio catalán (2013) y El derecho a delirar (2015), lo han convertido en un personaje de referencia de la disidencia irónica.