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La ternura de Muriel

Ramón de España
4 min

Como cantaba el gran Héctor Lavoe, "si no me quieren en vida, cuando muera no me lloren". Lo mejor habría sido seguir ese consejo anglosajón según el cual, si no puedes decir nada bueno de alguien, no digas nada, pero después de haber puesto verde a Muriel Casals cuando vivía, me parecería un poco cobarde hacerme el sueco tras su fallecimiento.

Muriel Casals siempre me pareció una fanática que contribuyó todo lo que pudo a fomentar el odio al vecino y la discordia entre los que consideraba sus compatriotas

Por otra parte, aunque me reventaba enormemente, nunca la odié, y no porque me considere una persona especialmente bondadosa, sino porque el odio es un sentimiento muy fuerte que me cuesta experimentar: mi carácter agnóstico me conduce más fácilmente hacia la indiferencia o el desprecio.

No soy de los que bailan sobre la tumba de sus adversarios, pero tampoco se me dan bien las lágrimas de cocodrilo, como las que han vertido los mandamases del PP o Ciutadans, por lo que me limitaré a decir que Muriel Casals siempre me pareció una fanática --o una creyente admirable, según los suyos-- que contribuyó todo lo que pudo a fomentar el odio al vecino y la discordia entre los que consideraba sus compatriotas; se supone que movida por su amor a Cataluña o, por lo menos, a lo que ella creía que debía ser Cataluña. Y lo hizo siempre con una actitud pasivo-agresiva, que consiste, como todos sabemos, en presentarte como víctima cuando, en realidad, les estás haciendo la vida imposible a los que te rodean.

En el dúo que formó con Carme Forcadell, le tocó el rol del policía bueno, el de la dulce abuelita que hace como que no tiene nada que ver con la mujer de armas tomar (o policía malo) que tiene al lado. Tal vez por eso, quienes ahora la lloran hablan siempre de su "ternura", que yo nunca vi por ninguna parte: Casals era una fanática educada, pero tan radical como Forcadell.

Quienes ahora la lloran hablan siempre de su "ternura", que yo nunca vi por ninguna parte: Casals era una fanática educada, pero tan radical como Forcadell

Puede que fuese una persona muy tierna con la gente que apreciaba, pero a los que no pensábamos como ella nos negaba prácticamente el derecho a existir; o, por lo menos, consideraba que estábamos equivocados y que había que hacer todo lo posible para que entráramos en razón.

A su tierna manera, Muriel contribuyó notablemente a dividir Cataluña en dos mitades enfrentadas, pero a eso los nacionalistas le llaman patriotismo. No quiso ver --como también sucede en ciertos sectores unionistas-- que los de enfrente no van a cambiar de opinión y que el paisito es como es y no lo alteran ni la pedagogía ni las amenazas. Cuanto antes tengamos todos clara esa coyuntura, antes asumiremos que, nos pongamos como nos pongamos, no hay más remedio que convivir.

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¿Quién es... Ramón de España?
Ramón de España

Ramón de España (Barcelona, 1956). Autor de nueve novelas y una docena de ensayos, ascendió de las covachas del underground (Disco Exprés, Star, a finales de los 70) hasta los palacios del 'mainstream' (El País, donde colaboró ampliamente en los 90). Actualmente ejerce de columnista habitual en El Periódico de Catalunya y el semanario Interviú. Escribió y dirigió un largometraje en 2004, 'Haz conmigo lo que quieras', y aunque lo nominaron a los Goya, esta sociedad hostil no le ha dejado volver a ponerse detrás de una cámara (pero él insiste). Sus recientes ensayos sobre el 'prusés' y sus circunstancias, El manicomio catalán (2013) y El derecho a delirar (2015), lo han convertido en un personaje de referencia de la disidencia irónica.