La indignación de los morosos

Ramón de España
6 min

Pretender cubrir un viejo despilfarro de dinero público con un nuevo despilfarro de dinero público es, en el mejor de los casos, una idea de bombero; y en el peor, un intento marrullero de burlarse de la justicia por el acreditado sistema del si cuela, cuela. Si la cosa dependiera de la Fiscalía del Estado, que depende del gobierno, los manirrotos del prusés podrían haber pagado las fianzas de los suyos hasta con dinero requisado a las Hermanitas de los Pobres, pues para Pedro Sánchez nada hay más sagrado que su sillón presidencial, que depende en parte de los lazis, pero el Tribunal de Cuentas va por libre y su misión consiste en que no se le escape ni un eurillo. Conclusión: ni hablar de seguir tirando el dinero de los catalanes para compensar la pasta previamente sustraída a éstos para hacer feliz exclusivamente a una parte de la población.

Si eres un delincuente común y te pillan en uno de estos renuncios, lamentas que la treta no te haya salido bien y, adoptando una actitud deportiva, te dejas embargar o enviar al talego. Pero si tienes una excusa patriótica, la cosa cambia. En ese caso, como se está viendo con la reacción de ERC y Junts a la decisión del TC, haces como que te sientes ofendido, te rasgas las vestiduras, dices que te tienen manía (a ti y a todos tus conciudadanos, porque ya se sabe que som un sol poble), que te quieren matar de inanición, que la democracia española actual es igual que la dictadura franquista que fusiló a Companys y que esto no es justicia, sino venganza, y te quedas tan ancho mientras pones cara de estar pensando Quanta dignitat! y Ho tornarem a fer.

Las reacciones a la respuesta del TC han sido de distintos estilos: Jordi Cuixart, Iluminado Máximo del Régimen, ha recurrido, como suele, al martirologio; Raül Romeva se ha remontado a 1940 para decir que ese año a él lo habrían fusilado junto a Companys (aunque ni Franco ejecutaba a nadie por hacer el ridículo); Artur Mas ha optado por dar penita y quejarse de que no paran de embargarle; Oriol Junqueras también ha ido un poco en esa dirección, recurriendo de nuevo a sus pobres hijos, que se pueden quedar en la calle ante la voracidad recaudadora del Tribunal de Cuentas (tal vez debería haber pensado un poco más en ellos antes de embarcarse en la charlotada del 1 de octubre), pero enseguida ha adoptado una actitud proactiva y, a los gritos de ¡Será por dinero!, ha abierto la caja fuerte de ERC y se ha encontrado un par de millones de euros con los que aplacar un poquito al TC y evitar (o demorar) el embargo de los que corrían por el gobiernillo cuando su partido formaba parte de él: de ahí que Puchi se beneficie de la munificencia republicana y el Astut no (lo que le conduce al incremento de su tendencia natural a inspirar compasión).

Por si al vodevil le faltaba algún quiebro de guion para convertirlo definitivamente en una comedia de enredo, el Hombre del Maletero, en vez de darle las gracias al beato Junqueras por pagarle la fianza, monta en cólera y dice que él no ha pedido que le paguen nada. Le da igual que la caja de resistencia esté vacía y que con lo que apoquinan los 100.000 incautos que se han hecho del Consejo por la República no le llegue ni para mejillones: demostrando su acrisolada españolidad, Puchi prefiere honra sin barcos a barcos sin honra (aunque carece de ambas cosas). Y es que Puchi no hizo nada malo. Ni Junqueras. Ni Cuixart. Ni Sánchez. Aquí nadie se pasó por el arco de triunfo el estatuto de autonomía y la constitución: ¿acaso hay algo más bonito que poner las urnas, aunque no tengas derecho a hacerlo?

Pero hace tiempo que la lógica va por un lado y el lazismo por otro. Pese a todo, voy a hacer un último esfuerzo didáctico. Vamos a ver: si yo le robo la cartera a alguien, me pillan, me dicen que devuelva el dinero sustraído y trato de robarle de nuevo la cartera al mismo de antes y me vuelven a pillar intentándolo y me dicen que esa no es manera de solucionar las cosas, ¿tengo derecho a indignarme y a decir que la justicia no me deja vivir en paz? Yo diría que no. Y creo que este sencillo ejemplo es irrefutable hasta por el procesista más encallecido. Aunque, ahora que lo pienso, tal y como les funciona la galleta, igual no.

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¿Quién es... Ramón de España?
Ramón de España

Ramón de España (Barcelona, 1956). Autor de nueve novelas y una docena de ensayos, ascendió de las covachas del underground (Disco Exprés, Star, a finales de los 70) hasta los palacios del 'mainstream' (El País, donde colaboró ampliamente en los 90). Actualmente ejerce de columnista habitual en El Periódico de Catalunya y el semanario Interviú. Escribió y dirigió un largometraje en 2004, 'Haz conmigo lo que quieras', y aunque lo nominaron a los Goya, esta sociedad hostil no le ha dejado volver a ponerse detrás de una cámara (pero él insiste). Sus recientes ensayos sobre el 'prusés' y sus circunstancias, El manicomio catalán (2013) y El derecho a delirar (2015), lo han convertido en un personaje de referencia de la disidencia irónica.

 

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