ERC se despide de Laura Borràs

Ramón de España
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Con amigos como estos, ¿quién necesita enemigos? Esta vieja pregunta se la podrían hacer tranquilamente los dos partidos que comparten actualmente el gobierno de Cataluña, y probablemente se la hacen. Tenemos un último ejemplo de lo bien que se llevan ERC y Junts x Cat en unas declaraciones de la republicana Marta Vilalta en las que ha reconocido que no habrá más remedio que cesar a Laura Borràs como presidenta del Parlamento regional en cuanto la llame a declarar el juez por sus (presuntas) trapisondas de cuando estaba al frente del ILC y tenía un amigo llamado Isaías al que había que echarle una mano para que prosperara en la vida.

De modo claramente jesuítico --ahí detecto la influencia del beato Junqueras--, Vilalta ha precedido su opinión sobre el destino de Borràs de la inevitable minijeremiada sobre lo injusta que es la persecución que sufre la Geganta del Pi por parte de la justicia española, pero ha sonado a una de esas cosas que se dicen a beneficio de inventario, para cubrirse las espaldas, pero que no comprometen a nada: aquí, para la señora Vilalta, lo fundamental es que Borràs vaya desalojando el edificio.

Y tampoco se ha estado de compararla con Meritxell Serret, viniendo a decir que una cosa es que España te busque las cosquillas por la independencia del terruño y otra, muy diferente, que te las busque por unos contratos supuestamente fraccionados para beneficiar a un compadre con dinero público. Solo le ha faltado decir que una cosa es ser indepe y otra, ser un mangante. Pero se le ha entendido todo.

Hace unos días, uno de Junts per Cat (ya no recuerdo quién) acusó a los de ERC de tratarse con una rusa muy turbia en el Parlamento Europeo. Nadie le hizo mucho caso porque sonaba a patético intento de apartar al partido de las célebres maniobras de Alay, Terradellas y Boye por tierras de Putin, pero el hombre hizo lo que pudo y, sobre todo, demostró una vez más lo peliagudas que son las relaciones entre ERC y Junts per Cat.

Intuyo que, en ERC, una vez se hayan librado de Borràs, seguirán con Puigdemont, un tipo francamente molesto que empieza a serlo también para los militantes de su propio partido, como se pudo comprobar recientemente cuando Lourdes Ciuró dijo que Junts per Cat no debería cerrarse a pactos con nadie (o sea, con el PSC) y enseguida saltó el Pepito Grillo de Waterloo a decir que ni hablar de pactar con según quien.

Pintan bastos para Puchi: incordiar a ERC viene con el cargo, pero decir a tus (supuestos) subordinados lo que tienen que hacer y hacerlo desde el quinto pino puede acabar planteando serios problemas de convivencia y de jerarquía. No creo que falte mucho para que Jordi Sànchez (solo o en compañía de Jordi Turull) se plante y le diga a Puchi que, por lo que a él respecta, se puede quedar en Flandes para los restos, pero que él está en Cataluña y vive en el mundo real, no en la fantasía del exilio y la superioridad moral.

Dicen que la distancia es el olvido, y la cobardía de Puigdemont lo está precipitando hacia la irrelevancia, convirtiéndole en una especie de tieta molesta de esas que no saben conducir, pero dan instrucciones a quien está al volante del vehículo desde el asiento del copiloto. La única manera que tiene Puchi de intentar volver a ser relevante pasa por regresar a España, dejarse detener y ejercer de brújula moral de Cataluña desde el talego.

Puede esperar a que amaine lo de Ucrania, porque ahora no le haría caso ni Dios, pero en cuanto Putin pliegue velas, le convendría una machada semejante: no faltaría quien compararía a Puchi y Pedro Sánchez con Will Smith y Chris Rock. Si quiere ser alguien, la cárcel es mucho mejor que la Casa de la República (y más barata). Los de ERC se quedarían pasmados y, de la alegría, Fredi Bentanachs volvería a leer sus poemas en la Meridiana (actividad interrumpida como protesta ante la actuación de los Mossos contra él y los demás jubilados que insisten en cortar la calle), pues se trataría de un golpe de efecto descomunal.

Lástima que seas tan gallina, Puchi, porque te estoy haciendo un hombre con mi modesta propuesta. Allá tú si quieres seguir en la inopia, pero atente a las consecuencias.

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¿Quién es... Ramón de España?
Ramón de España

Ramón de España (Barcelona, 1956). Autor de nueve novelas y una docena de ensayos, ascendió de las covachas del underground (Disco Exprés, Star, a finales de los 70) hasta los palacios del 'mainstream' (El País, donde colaboró ampliamente en los 90). Actualmente ejerce de columnista habitual en El Periódico de Catalunya y el semanario Interviú. Escribió y dirigió un largometraje en 2004, 'Haz conmigo lo que quieras', y aunque lo nominaron a los Goya, esta sociedad hostil no le ha dejado volver a ponerse detrás de una cámara (pero él insiste). Sus recientes ensayos sobre el 'prusés' y sus circunstancias, El manicomio catalán (2013) y El derecho a delirar (2015), lo han convertido en un personaje de referencia de la disidencia irónica.

 

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