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El cristo de los legionarios

Ramón de España
4 min

Mientras escribo estas líneas, no sé si los ex legionarios desfilarán mañana y pasado por Hospitalet y Palafolls o si la autoridad competente les impedirá echarse a la calle con el cristo a cuestas. Creo que se les ha prohibido, pero que ellos insisten en salir porque se está atentando, dicen, contra su libertad de expresión.

Si a unos señores les da por recordar sus buenos viejos tiempos en el tercio poniéndose el uniforme y sacando a pasear a Jesucristo crucificado, ¿qué más nos da a nadie?

Últimamente, la izquierda se indigna y se escandaliza mucho ante la presencia de uniformes en lugares públicos. Aún está fresca la imagen de Ada Colau diciéndoles a los militares que a ver si desalojan el Salón de la Enseñanza cuando nos topamos con esta nueva polémica de chichinabo por un quítame allá ese cristo.

Hasta no hace mucho, el escándalo y la indignación eran patrimonio de la derecha, del oficial ultramontano, del meapilas ofendido, de la beata airada, del concejal del PP más cerril... Pero ahora parecen haber sido heredados por los curillas de la izquierda, que ven fascistas por todas partes y aquelarres de la extrema derecha por doquier, hasta en el Salón de la Enseñanza o en el desahogo de unos cuantos lejías retirados.

Vamos a ver, si a unos señores les da por recordar sus buenos viejos tiempos en el tercio poniéndose el uniforme y sacando a pasear a Jesucristo crucificado, ¿qué más nos da a nadie? Otra cosa sería que se reunieran en una taberna a cocerse y le partieran la cara a los demás parroquianos; o que emprendieran misiones de castigo en barrios llenos de magrebíes, repartiendo sopapos a troche y moche entre los infieles; o que se llegaran en masa a la plaza de Cataluña para mearse en el monumento a Macià; actividades censurables todas ellas --salvo, tal vez, la performance en el espantoso mamotreto de Subirachs--, que les llevarían ante la justicia. ¿Pero marcarse un desfilito con un cristo a cuestas? ¿Eso es grave?

¿Y si dejamos que la derecha recupere su tendencia natural a la indignación para que la izquierda esté a lo que tiene que estar?

Ya se sabe que los lejías tienen cierta fama de bestias y que hay gente que no los soporta. Su fundador, el mega tullido Millán Astray, no es alguien con el que uno se iría de copas. Y teniendo en cuenta aquella frase de su himno que asegura que nada importa su vida anterior, no debe ser fácil encontrar en sus filas a algún licenciado en Cambridge con el que comentar los sonetos más oscuros de Leopardi, ¿pero tanto incordia que saquen el cristo a pasear un rato? A mí también me molestan esos gregarios maratones que colapsan la ciudad de gente echando el bofe y al borde del ictus y me aguanto, aunque me parezcan una muestra de papanatismo colectivo.

¿Y si dejamos que la derecha recupere su tendencia natural a la indignación para que la izquierda esté a lo que tiene que estar? ¿O es que el posturismo progre da votos?

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¿Quién es... Ramón de España?
Ramón de España

Ramón de España (Barcelona, 1956). Autor de nueve novelas y una docena de ensayos, ascendió de las covachas del underground (Disco Exprés, Star, a finales de los 70) hasta los palacios del 'mainstream' (El País, donde colaboró ampliamente en los 90). Actualmente ejerce de columnista habitual en El Periódico de Catalunya y el semanario Interviú. Escribió y dirigió un largometraje en 2004, 'Haz conmigo lo que quieras', y aunque lo nominaron a los Goya, esta sociedad hostil no le ha dejado volver a ponerse detrás de una cámara (pero él insiste). Sus recientes ensayos sobre el 'prusés' y sus circunstancias, El manicomio catalán (2013) y El derecho a delirar (2015), lo han convertido en un personaje de referencia de la disidencia irónica.