Cómo jorobar a tu propia policía

Ramón de España
6 min

Dejar en manos de la CUP la revisión del modelo policial se parece bastante a lo de poner al zorro a cuidar a las gallinas, pero al consejero Elena se le antoja muy razonable, tal vez porque necesita para el gobiernillo del que forma parte el apoyo de las alegres chicas de Colsada (perdón, de Riera), aunque éstas nunca se hayan distinguido por su amor a los mossos d´esquadra. Intuyo que éstos agradecerían el respaldo de su máximo responsable, el consejero de Interior, pero como han llegado a la conclusión de que ya pueden esperarlo sentados, en breve le van a montar una manifestación para quejarse del trato que reciben de alguien que, en teoría, les considera la policía propia de Cataluña (aunque muchos ya nos apañábamos con la supuestamente ajena).

Antes de que la política de puertas giratorias permitiera al autobusero Garganté, cerebro privilegiado de la CUP, ocupar una silla en el consejo de TMB (gracias a eso, todo hay que decirlo, ese energúmeno ya no puede ir por Barcelona atropellando fascistas al volante de un vehículo público), el hombre se había llegado a presentar en el ayuntamiento con una camiseta que lucía el acrónimo inglés ACAP, All Cops Are Bastards (Todos los polis son unos cabrones). Sin llegar a esos extremos, tengo la impresión de que la jefa de la comisión cupaire para cuadrar a los mossos, la exalcaldesa de Badalona Dolors Sabater, tampoco tiene una idea muy elevada de nuestros guripas, cuyos excesos se propone combatir a conciencia.

De momento, la prioridad es salvar al soldado Vivet, joven patriota de la CUP que, durante una manifestación, no tuvo mejor idea que aporrear a un poli con el palo de una estelada, causándole lesiones de cierta consideración. Al chaval le cayeron cinco años por atentado a la autoridad, pero además de no haber señales de que los vaya a cumplir, ha sido recompensado por el Régimen con una plaza de tertuliano en un programa de Catalunya Radio, uno de los principales altavoces mediáticos de dicho Régimen, algo que no creo que suceda en ninguna nación del mundo, con estado o sin. La CUP ha hecho un casus belli de lo de Vivet y es de suponer que una de sus primeras iniciativas para poner orden en la policía autonómica consistirá en exigir al gobiernillo que dejen en paz al chaval y que, a ser posible, piensen en él para las próximas cruces de Sant Jordi.

La hostilidad de la CUP hacia la policía es una de sus señas de identidad, como demostró serlo de los Comunes cuando Ada Colau disolvió la unidad antidisturbios de la Guardia Urbana de Barcelona. En ambos casos, se trata de un infantilismo político que no debería ser tomado en consideración por todos esos lazis pomposos que pululan por el Parlamento catalán y que pasarían de la CUP como de la peste si no la necesitaran para seguir haciéndose la ilusión de que som un sol poble. Aquí nadie está defendiendo la impunidad para los Mossos: el que se porte mal, se extralimite en sus funciones, se siente encima de un detenido hasta que lo mate de asfixia o le saque un ojo a un manifestante porque no prestó mucha atención a las clases de tiro en la academia, que lo pague convenientemente. Pero al resto hay que dejarles hacer su trabajo y, desde el poder, apoyarlos, sobre todo desde que la actitud violenta de ciertos alborotadores con excusa patriótica ha ido creciendo de forma exponencial a lo largo de los últimos años.

Primero les retiraron las pelotas de goma. No sé cuánto tiempo les queda a las de espuma. Y si la CUP se sale con la suya, acabarán reprimiendo motines con palos de algodón de azúcar (y siendo expedientados si el manifestante de turno sufre una crisis diabética). La Comisión Sabater aún no se ha puesto en marcha, pero los Mossos ya están que trinan ante la falta de confianza y respaldo de sus mandos. Me temo que algo se torció cuando Trapero dijo que tenía un plan para detener a Puigdemont si se lo pedía un juez, reivindicando la posición de una policía judicial frente a una policía supuestamente patriótica. Ahí empezaron los héroes del atentado de la Rambla a convertirse en sospechosos de desafección al Régimen, que siempre ha preferido una guardia pretoriana antes que una policía normal. Por propia que sea o que hubiese podido ser.

Y como habéis sido malos, pitufos traidores, a la CUP que vais. Y a la seño Dolors, que es de abrigo. Que no os pase nada.

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¿Quién es... Ramón de España?
Ramón de España

Ramón de España (Barcelona, 1956). Autor de nueve novelas y una docena de ensayos, ascendió de las covachas del underground (Disco Exprés, Star, a finales de los 70) hasta los palacios del 'mainstream' (El País, donde colaboró ampliamente en los 90). Actualmente ejerce de columnista habitual en El Periódico de Catalunya y el semanario Interviú. Escribió y dirigió un largometraje en 2004, 'Haz conmigo lo que quieras', y aunque lo nominaron a los Goya, esta sociedad hostil no le ha dejado volver a ponerse detrás de una cámara (pero él insiste). Sus recientes ensayos sobre el 'prusés' y sus circunstancias, El manicomio catalán (2013) y El derecho a delirar (2015), lo han convertido en un personaje de referencia de la disidencia irónica.

 

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