Cómo esquivar las fiestas de guardar

Ramón de España
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Puede que no sepamos muy bien qué hace la mayoría de políticos lazis a lo largo del año, pero de lo que podemos estar seguros es de que, cuando toca celebrar una fiesta nacional (estatal, según ellos), les van a entrar unas ganas locas de hacer como que trabajan. Por lo menos, a los más conspicuos, los que se supone que mejor ejemplo han de dar a la población sojuzgada: el resto pueden tomarse discretamente el día libre o, si hay puente, alargar tranquilamente la holganza, que es lo que hace el resto de los catalanes sin pararse a pensar mucho ni en qué se celebra ni por qué. Así pues, mientras la inmensa mayoría de los políticos procesistas han hecho como cualquier ciudadano durante este puente de la Purísima Constitución (o algo parecido), algunos se han visto obligados a seguir con su atareada agenda como si tal cosa, pues ellos, ya se sabe, nunca tienen nada que celebrar y les da lo mismo la Carta Magna que el descubrimiento de América o cualquier otro asunto que apeste a español a cien metros.

Entre los practicantes de esta especie de huelga a la japonesa, los hay de dos tipos: los discretos y los que aprovechan para pegarse un puente mejor que el del ciudadano medio. Como ejemplo del primer contingente, ahí tenemos a Pere Aragonès, que le dio esquinazo a la Constitución plantándose en La Bisbal (igual estaban en oferta los caganers de cerámica), o a Laura Borràs, que se fue a Espinelves a celebrar con sus habitantes la edición número 40 de la trascendental Feria del Abeto. No parecen grandes actividades, pero funcionan a la hora de decir que tienes cosas mejores que hacer que celebrar el aniversario de una constitución que te oprime (y si eres el presidente de la Gene, completas la performance diciendo que lo que quieres es una constitución catalana).

Dentro del segundo colectivo de absentistas constitucionales, también hay clases. Los miembros del Consell per la República pueden pasar el puente en Waterloo porque Puchi los ha convocado para consagrarse a sus imprescindibles actividades, aunque nadie sepa muy bien cuáles son ni en qué consisten. Creo que estos días tocaba crear comisiones. ¿Sobre qué? Ni idea, pero todos sabemos por experiencia que las comisiones son algo que se improvisa cuando no hay ganas de que avance un tema o, directamente, no hay tema alguno. En cualquier caso, bienvenidos sean esos días en Bélgica: siempre otorga más glamour visitar al Manneken Pis en Bruselas que deambular por la Feria del Abeto de Espinelves, por vistosa que resulte. Y de esta manera, haciendo como que no celebras cosas españolas, te pegas un puente mucho más chachi que el de tus conciudadanos sin conciencia nacional, que solo piensan en ir a esquiar y a comer calçots.

Aunque para puentes chachi, ninguno como el de Victòria Alsina, nuestra ministra de asuntos exteriores, que se ha ido a Washington con la excusa de homenajear a Pau Casals por los aniversarios 50 y 60, respectivamente, del discurso del violonchelista en las Naciones Unidas y de su histórico concierto en la Casa Blanca de JFK. Allí ha podido comparar la España franquista con la actual (para eso cobra), insinuar que Pedro Sánchez no es Kennedy y recordar a la audiencia que Cataluña sigue sin conocer la libertad, tanto antes como ahora. Los (supuestos) homenajes a Casals –un glorioso difunto que al lazismo le sirve para un barrido y para un fregado- le habrán ocupado unas horas a la señora Alsina, pero seguro que ha tenido el suficiente tiempo libre para irse de compras y poder presumir a la vuelta con las amigas de los puentes que disfruta a cargo del erario público.

Aquí, lo fundamental es poner cara de asco ante toda celebración que remita a España y pasársela por el forro cada uno a su manera. Si tienes suerte, te cae un viajecito a los USA o a Bélgica. Y si no, a La Bisbal o a Espinelves. Tus leales te aplaudirán el gesto y los que te detestan se lo tomarán a chufla, pero lo importante es que demuestres que hay unos pocos días al año en los que nadie puede negar que trabajas. O algo parecido. Y total, en tu situación actual, ¿te puedes permitir algo más que gestos sin exponerte a acabar mal?

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¿Quién es... Ramón de España?
Ramón de España

Ramón de España (Barcelona, 1956). Autor de nueve novelas y una docena de ensayos, ascendió de las covachas del underground (Disco Exprés, Star, a finales de los 70) hasta los palacios del 'mainstream' (El País, donde colaboró ampliamente en los 90). Actualmente ejerce de columnista habitual en El Periódico de Catalunya y el semanario Interviú. Escribió y dirigió un largometraje en 2004, 'Haz conmigo lo que quieras', y aunque lo nominaron a los Goya, esta sociedad hostil no le ha dejado volver a ponerse detrás de una cámara (pero él insiste). Sus recientes ensayos sobre el 'prusés' y sus circunstancias, El manicomio catalán (2013) y El derecho a delirar (2015), lo han convertido en un personaje de referencia de la disidencia irónica.

 

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