Como en Bélgica, en ninguna parte

Ramón de España
3 min

Pese a los esfuerzos de TV3 y los diarios del régimen por presentarlo como un éxito, el viaje a Dinamarca de Carles Puigdemont ha resultado bastante ridículo. Primero, una profesora danesa llamada Marlene Wind me lo pone de vuelta y media en la universidad, acusándole de querer balcanizar Europa, de no respetar la ley de su país y de auto invitarse a Copenhague para dar la brasa: solo le faltó tildarle de gorrón. Luego intenta reunirse con algunos políticos locales, pero le dan plantón todos los miembros del Gobierno; unos alegan problemas de agenda y otros, directamente, se encierran en su despacho (puede que tras colocar la mesa contra la puerta a modo de barricada), por lo que debe conformarse con los separatistas de costumbre, originarios en esta ocasión de Groenlandia y las Islas Feroe. Cuando parece que ya no le puede pasar ninguna desgracia más, mientras desayuna en el aeropuerto, al pobre Puchi se le acerca un matón de tono falangista que le plantifica una bandera española en la cara para que la bese. Y Puchi va y la besa, lo cual me parece que es pasarse de cordial y tolerante.

Vamos a ver, si yo me considero el presidente legítimo de Cataluña y me viene un hooligan para pedirme que bese la bandera del Estado que me oprime, le digo que se vaya a tomar por saco y que se busque a otro para fardar en Youtube. Y es que irse a Dinamarca para promover la causa independentista y acabar jurando bandera en un aeropuerto ante un gañán me parece una charlotada impresionante. Si Puigdemont quisiera mostrar su aprecio y respeto por el país vecino, le bastaría con apuntarse a una de esas juras de bandera que se celebran regularmente en el cuartel del Bruc: aunque se desplazara en taxi, le saldría mucho más barato que irse a besar la bandera a Dinamarca.

 

¡Un poco más de cuajo, Puchi! No puedes dejarte amilanar por un cenutrio con ganas de hacer una gracia

 

¡Un poco más de cuajo, Puchi! No puedes dejarte amilanar por un cenutrio con ganas de hacer una gracia. El personaje que has decidido interpretar no puede permitirse esa actitud pusilánime. Piensa en tu parroquia. Los independentistas ya están bastante quemados viendo como tus secuaces se desdicen de todo ante el juez y largan y firman lo que haga falta para ver si los sueltan del trullo. Solo les falta a los pobres que tú adoptes una actitud timorata ante un provocador grosero que se despide de ti deseándote una feliz estancia en la cárcel. No hacía falta que le pegaras o que te limpiaras el culo con su bandera, pero un poco más de energía te la hubiese agradecido hasta yo.

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¿Quién es... Ramón De España?
Ramón de España

Ramón de España (Barcelona, 1956). Autor de nueve novelas y una docena de ensayos, ascendió de las covachas del underground (Disco Exprés, Star, a finales de los 70) hasta los palacios del 'mainstream' (El País, donde colaboró ampliamente en los 90). Actualmente ejerce de columnista habitual en El Periódico de Catalunya y el semanario Interviú. Escribió y dirigió un largometraje en 2004, 'Haz conmigo lo que quieras', y aunque lo nominaron a los Goya, esta sociedad hostil no le ha dejado volver a ponerse detrás de una cámara (pero él insiste). Sus recientes ensayos sobre el 'prusés' y sus circunstancias, El manicomio catalán (2013) y El derecho a delirar (2015), lo han convertido en un personaje de referencia de la disidencia irónica.

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