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Una definición no es un insulto

Ramón de España
6 min

En una de las brillantes perogrulladas que dejó por escrito, Josep Pla aseguraba que hay grandes diferencias entre el hecho de cobrar y el de pagar, hasta el punto de que eran dos coyunturas absolutamente distintas. Esta simpática obviedad del hombre de la boina y el pitillo apestoso me ha venido a la cabeza al enterarme del rebote que se han cogido los alegres muchachos de Arran a causa de unas pintadas aparecidas en su sede (o casal, que es un término más suyo, como cau o esplai) del Clot barcelonés. De las quejas se deduce que esa pandilla de gamberros patrióticos considera que sus pintadas y sus guarrerías varias son lícitas, justas y necesarias --aunque su torpeza les lleve a equivocarse de objetivo, como cuando pintarrajearon la casa en la Cerdaña de un vecino del conseller Calvet  porque no identificaron correctamente la mansión de éste--, mientras que las de los demás son un ataque intolerable a su visión del mundo. Ellos pueden pintarrajear la fachada del Diari de Girona o rompernos las cristaleras de la antigua redacción de Crónica Global --guardando, tal vez, las mazas y martillos en la sede de la CUP, que la teníamos a veinte metros de distancia, en la misma acera de la calle Caspe--, pero si alguien les ensucia la entrada de una de sus guaridas, la cosa es una ofensa gravísima.

El frente de juventudes de la CUP tiene muy poca correa, tal vez porque sus miembros han sido excesivamente mimados. En ese sentido, los esfuerzos del consejero Sàmper por alejar de ellos cualquier sospecha de participación violenta en las manifestaciones pro Hasél fueron entrañables: ¡qué bien le vinieron al hombre esos anarquistas italianos que prendieron fuego a una furgoneta de la Guardia Urbana con un pitufo dentro! Echarle la culpa de tus problemas a los extranjeros es un clásico, y los italianos nos vienen muy bien para que nos olvidemos de que los zotes de Arran no suelen perderse un solo jolgorio (supuestamente) antifascista. Tras las figuras del judío y del charnego, demos pues la bienvenida a la del anarquista italiano como nuevo responsable de las desgracias que se ciernen sobre nosotros.

Para que ustedes vean lo fina que tienen la piel los chavales de Arran, les diré que el ataque brutal que ha recibido su madriguera del Clot se reduce a dos pintadas: Vándalos y Cachorro burgués, que no llegan ni a insulto, pues a mí me parece que son, simplemente, acertadas definiciones de los adolescentes cupaires. Pero si se han puesto así por unas pintadas que se ajustan perfectamente a su realidad, me imagino que se indignarían aún más si a alguien se le ocurre ocupar el chalé con piscina de Mar Ampurdanès, la descerebrada que habla de lucha de clases y a la que Lenin daría gustosamente de sopapos si se le ocurriera resucitar, abandonar ese mausoleo en el que se exhibe su momia y darse un garbeo por Cataluña.

Puestos a hacer un poco más entretenida la vida en la Cataluña catalana, uno desearía que la labor informativa de los autores de la pintada en el cau del Clot no se quedara ahí y prosiguiera con más acciones de corte definitorio. Ocupar las mansiones de los padres de estos merluzos sería el paso lógico a dar, sobre todo porque si esos progenitores son como el líder de la CUP, Carles Riera, ni se les ocurriría llamar a los Mossos D´esquadra y la juerga podría durar días. Para ello, eso sí, haría falta un poco de coherencia entre la muchachada de Arran o entre sus padres, pero me temo que, a la hora de la verdad, habría bofetadas entre unos y otros para ver quién llamaba primero a la Brimo.

Las pintadas informativas en la sede de Arran en el Clot son una nueva prueba de ese viejo dicho que afirma que donde las dan, las toman. Así deberían tomarse la cuestión nuestros patrióticos adolescentes, pero en vez de eso, afirman, tras consultar con las vecinas --de los vecinos, ni una palabra, parece que el Clot es un matriarcado--, que tomarán medidas si se repiten hechos tan ofensivos como los de llamarles vándalos y cachorros de la burguesía. Que es, por otra parte, lo que son: unos burguesitos ridículos con muy mala baba a los que imagino perfectamente pidiéndole prestada la asistenta a mamá para limpiar las pintadas del casal de marras. En cuanto a la autoría de dichas pintadas, para mí que aún quedan sueltos algunos anarquistas italianos de esos que tienen la culpa de todo lo que nos pasa.

 

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¿Quién es... Ramón de España?
Ramón de España

Ramón de España (Barcelona, 1956). Autor de nueve novelas y una docena de ensayos, ascendió de las covachas del underground (Disco Exprés, Star, a finales de los 70) hasta los palacios del 'mainstream' (El País, donde colaboró ampliamente en los 90). Actualmente ejerce de columnista habitual en El Periódico de Catalunya y el semanario Interviú. Escribió y dirigió un largometraje en 2004, 'Haz conmigo lo que quieras', y aunque lo nominaron a los Goya, esta sociedad hostil no le ha dejado volver a ponerse detrás de una cámara (pero él insiste). Sus recientes ensayos sobre el 'prusés' y sus circunstancias, El manicomio catalán (2013) y El derecho a delirar (2015), lo han convertido en un personaje de referencia de la disidencia irónica.

 

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