Para volcanes, los catalanes

Ramón de España
7 min

La nutrida información que TV3 está ofreciendo sobre la erupción del volcán de La Palma y sus funestas consecuencias para los habitantes de esa isla canaria no resulta de interés para toda la audiencia. Parece que es escasamente catalanocéntrica, concepto al que me asomé hace un tiempo gracias a un artículo de uno de mis columnistas indepes favoritos, el gran Víctor Alexandre (leo El Món a diario porque soy partidario de mirar al horror de frente, pero cuando hay columna de Alexandre y de Cotarelo, disfruto especialmente con el humorismo involuntario que ambos despliegan en su prosa obsesiva, cansina y repetitiva, por no hablar del mérito que tienen al llevar tiempo publicando el mismo artículo cada semana sin que sus jefes se hayan dado cuenta todavía a día de hoy). Eso parecen pensar Josep Lluís Alay, jefe de la oficina de Puigdemont en Barcelona, y Lluís Puig i Gordi, el consejero folklorista instalado en Waterloo junto al hombre del maletero y su pintoresca corte (de los milagros), que hasta cuenta con un bufón mallorquín.

Tras observar (con desagrado) que TV3 informa a diario de la tragedia en La Palma, Alay y Puig se han propulsado a Twitter, ese vomitorio global, para quejarse del caso que le hace la nostra a las víctimas del volcán. Un caso que, lo adivinaron, revela un españolismo intolerable y que, además, según ellos, no se corresponde con el interés de los catalanes sobre el asunto. Puig se hace el gracioso --un camino por el que no le ha llamado el Señor-- y pregunta retóricamente si el interés de TV3 se debe a la solidaridad con África o al vasallaje hacia España. Alay, por su parte, reconoce estar hasta las narices de lo del volcán y considera vergonzoso que la televisión oficial del Movimiento Nacional dedique tanto espacio a algo que sucede fuera de Cataluña. Para estos dos, hasta que no entre en erupción el volcán de Vilamerda de l´Arquebisbe, no hay por qué prestar atención a lo que haga o deje de hacer la lava en un sitio que ni les va ni les viene (no han tenido ni el detalle de solidarizarse con los canarios como minoría nacional oprimida por el perverso Estado español, responsable de la erupción volcánica, probablemente, ni de recordar al difunto Cubillo, Bolívar local al frente del extinto MPAIAC. ¿Canarias? Bah, unas islas africanas carentes del más mínimo interés).

Pero pongámonos en su lugar (por incómodo y desagradable que nos resulte): cada minuto dedicado a la tragedia de La Palma es un minuto no dedicado al vodevil en el que viven instalados ellos y su líder (quien, por cierto, no recupera la inmunidad parlamentaria ni a la de tres y algún día eso le va a costar un buen susto). Alay y Puig requieren atención para sí mismos y para Puchi, aunque, desde luego, Dios les libre de reflexionar sobre el daño que le están haciendo a su propia causa. Cada uno a su manera: los tejemanejes de Alay con los rusos (secundado por Boye cuando se trata de hablar directamente con mafiosos) han sentado como un tiro en el Parlamento europeo y, desde luego, no van a servir para granjearle muchas simpatías al hombre del maletero: traicionar a España es grave, pero traicionar a la Unión Europea, cada día más a la greña con el turbio Vladimir Putin, resulta considerablemente más grave; por su parte, Puig i Gordi clava un nuevo clavo en el ataúd de Laura Borràs cada vez que vota desde Bélgica las cosas del Parlamento catalán, pues su condición de fugado de la justicia, en principio, no se lo permite (los votos del folklorista se suman así a la querella de Vox y a las presuntas corruptelas del IEC a la hora de que a Borràs se le caiga el pelo y acabe inhabilitada o en el trullo).

Que estos dos metepatas profesionales se atrevan a refutar la pertinencia de una información de TV3 y acusen a ésta de españolista requiere un cuajo notable. Sobre todo porque, dejando aparte lo de La Palma, TV3 no para de hacerles felices con programas como el FAQS o el Més 3/24, que no es que sean catalanocéntricos, sino que brillan especialmente por su indepencentrismo (yo también me puedo inventar palabras, ¿no?). Lo que el señor (Sanchis) nos da, el señor (Sanchis) nos lo quita, y, además, lo del volcán le va muy bien a TV3 para dar una falsa imagen de ecuanimidad, de tener una visión amplia de la información y de sufrir por las desgracias que suceden lejos de Cataluña. En cierta medida, el volcán de La Palma humaniza a TV3 y la aleja momentáneamente de su tradicional sectarismo. Y, total, luego ya salen Cristina Puig y Xavier Graset a dar la chapa con sus cosas del prusés.

Como TV3 no le recuerda a Alay que ha apuñalado a su jefe con sus majaderías rusas ni a Puig que está contribuyendo a fabricarle una caja de pino a la Giganta del Idem, ya lo hago yo. De nada.

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¿Quién es... Ramón de España?
Ramón de España

Ramón de España (Barcelona, 1956). Autor de nueve novelas y una docena de ensayos, ascendió de las covachas del underground (Disco Exprés, Star, a finales de los 70) hasta los palacios del 'mainstream' (El País, donde colaboró ampliamente en los 90). Actualmente ejerce de columnista habitual en El Periódico de Catalunya y el semanario Interviú. Escribió y dirigió un largometraje en 2004, 'Haz conmigo lo que quieras', y aunque lo nominaron a los Goya, esta sociedad hostil no le ha dejado volver a ponerse detrás de una cámara (pero él insiste). Sus recientes ensayos sobre el 'prusés' y sus circunstancias, El manicomio catalán (2013) y El derecho a delirar (2015), lo han convertido en un personaje de referencia de la disidencia irónica.

 

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