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Ada y los militares

Ramón de España
3 min

Lo de nuestra alcaldesa diciéndoles a los militares que su presencia no es bien recibida en el Salón de la Enseñanza es uno de esos gestos de cara a la galería progre que responden a viejos tics que deberían estar superados. Tan institucional es el ejército español como la alcaldía de Barcelona, y si has llegado a alcaldesa de tu ciudad no es para que te sigas comportando como la activista que eras, a no ser que no quieras desatender a dos importantes focos de votos, que en este caso serían los nacionalistas y los (llamados) antisistema, dos colectivos a los que nuestra Ada parece tener siempre presentes. Y si, para tenerlos contentos, se ve obligada a hacerle un feo a algún supuesto enemigo del pueblo, pues se le hace y aquí paz y después gloria.

Los nacionalistas y los (llamados) antisistema son dos colectivos a los que nuestra Ada parece tener siempre presentes

Gestos así no atienden a razonamientos. Se le podría decir a la alcaldesa que en el Salón de la Enseñanza se acogen posibles futuros laborales, y que el ejército es uno de ellos, sobre todo en época de crisis, pero sería perder el tiempo porque el corazón de la alcaldesa está con los merluzos de la performance pacifista que enarbolan pancartas o se tiran por el suelo rodeados de libros y flores. También se le podría decir que el ejército español, a diferencia de otros poderes fácticos que a ella le irritan menos --los curas y los banqueros, sin ir más lejos--, ha progresado adecuadamente, se ha sacudido de encima la caspa franquista, hace años que no es un peligro para su propio pueblo, desarrolla una labor internacional encomiable y, a través de la UME (Unidad Militar de Emergencias) arrima el hombro en casos de incendio, inundación o cualquier otro tipo de catástrofe. O sea, que es muy anticuado y viejuno seguir tratando al ejército como lo que era en tiempos de Franco. Y marginarlo --devolverlo a los cuarteles, como decía el lumbreras de Alfred Bosch-- es de una miopía y de un rancio que atufa.

La última salida de pata de banco de una parte del ejército español tuvo lugar en febrero de 1981, y todos sabemos cómo acabó. Yo diría que, desde entonces, el colectivo se ha puesto mucho más al día que la banca (gran responsable del desastre en el que estamos, sin haber recibido castigo alguno) y la iglesia (que sigue metiendo las narices donde no le compete y a la que no hay gobierno de izquierda o de derecha que acabe de poner en su sitio). Creer que echar a los militares del Salón de la Enseñanza es una contribución a la paz mundial es de tontos o de oportunistas. Y Ada no tiene un pelo de tonta.

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¿Quién es... Ramón de España?
Ramón de España

Ramón de España (Barcelona, 1956). Autor de nueve novelas y una docena de ensayos, ascendió de las covachas del underground (Disco Exprés, Star, a finales de los 70) hasta los palacios del 'mainstream' (El País, donde colaboró ampliamente en los 90). Actualmente ejerce de columnista habitual en El Periódico de Catalunya y el semanario Interviú. Escribió y dirigió un largometraje en 2004, 'Haz conmigo lo que quieras', y aunque lo nominaron a los Goya, esta sociedad hostil no le ha dejado volver a ponerse detrás de una cámara (pero él insiste). Sus recientes ensayos sobre el 'prusés' y sus circunstancias, El manicomio catalán (2013) y El derecho a delirar (2015), lo han convertido en un personaje de referencia de la disidencia irónica.

 

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