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Ada se pone las pilas

Ramón de España
4 min

Leo unas declaraciones de Neus Munté que son todo un ejemplo de bad timing. Según esta lumbrera soberanista, Ada Colau es de una equidistancia intolerable en los asuntos procesistas, dada la situación de represión y pérdida de libertades que sufre la Cataluña catalana. Realmente, estos nacionalistas nunca están contentos. Pero si nuestra alcaldesa no ha tomado ninguna medida contra los gamberros de Arran y sus acciones turismofóbicas (aunque parece que sí las va a tomar con los CDR que ocuparon la Modelo). Pero si su segundo de abordo, Gerardo Pisarello, dijo que atacar un autobús lleno de guiris solo era una acción simbólica. No sé qué más quieren los indepes, la verdad, como no sea la introducción en las fiestas barcelonesas del Día de San Cocomocho, como hicieron los argentinos años ha al convertir el día del nacimiento del general Perón en la festividad de San Perón (no me lo invento, me lo contó un amigo de Rosario, como lo de que cuando hacía buen tiempo, los fans del general clamaban “¡Hoy hace un día peronista!”).

El bad timing al que me refiero se debe a la inoportunidad de las declaraciones de Munté después de unos días en los que Colau se ha puesto las pilas y, ante la sorpresa de todos, ¡yo el primero!, ha hecho unas cuantas cosas que están la mar de bien. Por ejemplo, multar a los propietarios de un edificio barcelonés que acosaban a los inquilinos (conocidos como bichos en el argot inmobiliario especulativo); o reunirse con su homóloga parisina Anne Hidalgo, que siempre me ha parecido una persona cabal (más cabal que Colau, sin ir más lejos); o concederle la Medalla de Oro de la Ciudad a Rosa María Sardà, actriz estupenda donde las haya, aunque no especialmente procesista (¿vendría de ahí la rabieta patriótica de la dulce Neus?); o dialogar en Nueva York con la emergente promesa del Bronx Alexandria Ocasio-Cortez….Vamos, que Ada ha estado que se sale y Munté elige precisamente ese momento para tomarla con ella. De hecho, yo creo que, cuanto más se aleje Colau de los indepes -que, haga lo que haga por ellos, siempre la considerarán una españolaza de mierda- y más se dedique a las cuestiones sociales, en casa y en el ámbito internacional, más posibilidades tendrá de mantenerse al frente de la alcaldía de Barcelona.

Puestos a chinchar a Ada, la dulce Neus podría haber hecho hincapié en las cuentas del ayuntamiento, que no cuadran ni a tiros y parecen apuntar recortes en un futuro muy cercano. Controladas por el John Maynard Keynes de Tucumán, Gerardo Pisarello, las cuentas municipales solo se las cree él y la oposición en pleno se las ha tomado a chufla, provocando la segunda reprobación de la pandilla de Ada en muy poco tiempo. Colau está más sola que nunca y ella misma se lo ha buscado por quitarse de encima a los sociatas para quedar bien con esos indepes como Munté que nunca están contentos con nada. Yo de ella empezaría a soltar lastre y enviaría al buen Gerardo de regreso a Argentina vía UPS. A ser posible, en compañía de sor Lucía Caram.

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¿Quién es... Ramón de España?
Ramón de España

Ramón de España (Barcelona, 1956). Autor de nueve novelas y una docena de ensayos, ascendió de las covachas del underground (Disco Exprés, Star, a finales de los 70) hasta los palacios del 'mainstream' (El País, donde colaboró ampliamente en los 90). Actualmente ejerce de columnista habitual en El Periódico de Catalunya y el semanario Interviú. Escribió y dirigió un largometraje en 2004, 'Haz conmigo lo que quieras', y aunque lo nominaron a los Goya, esta sociedad hostil no le ha dejado volver a ponerse detrás de una cámara (pero él insiste). Sus recientes ensayos sobre el 'prusés' y sus circunstancias, El manicomio catalán (2013) y El derecho a delirar (2015), lo han convertido en un personaje de referencia de la disidencia irónica.