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Madrid se hace un Torra

Toni Bolaño
05.10.2020
7 min

Los gobiernos de coalición siempre son complejos de gestionar. Los socios tratan de marcar su posición y fijar su propia estrategia. En la mayoría de casos estos “desajustes de contrato” se suelen gestionar de común acuerdo. Se trata de arrinconar la desconfianza, pero si esta desconfianza se abre paso en las relaciones, la gestión del gobierno de coalición se antoja un imposible.

Dos ejemplos. Cataluña, que durante más de dos años ha convertido el Consell Executiu en un cuerpo a cuerpo entre JxCat y ERC. En juego, el liderazgo del independentismo y quién fijará la hoja de ruta de los independentistas ante la falta de salida a las aspiraciones que se empezaron a construir en 2012, tuvieron su punto álgido en 2017 y en 2020 se hallan en un callejón sin salida. El segundo, Madrid. El gobierno de coalición de la CAM nació ya con desconfianza. Las negociaciones no fueron un camino de rosas. La pandemia ha hecho el resto. Díaz Ayuso, la presidenta madrileña, se empeñó en hacerse un Torra. Lideró la crítica y la oposición del PP al Gobierno de España desde el gobierno regional, para suplir al errático Pablo Casado. Reivindicó la aceleración del desconfinamiento y exigió recuperar competencias. Una vez recuperadas el fiasco de la gestión es exponencial, y las relaciones con los socios han ido de mal en peor. Empezaron con la bronca entre Sanidad y Políticas Sociales, del PP una y de Ciudadanos la otra, y han acabado con el rocambolesco episodio de la desautorización de Ayuso a su vicepresidente, Ignacio Aguado, que la víspera había alcanzado un acuerdo con el ministro Salvador Illa.

Ayuso copia la línea argumental de Torra, incluso en los aspectos formales. La presidente madrileña asume en primera persona la gestión sanitaria y trata de monopolizar los éxitos y los anuncios. En muchas ocasiones, con estrepitosos fracasos, críticas y marchas atrás. Para tapar los desaguisados, Ayuso se envolvió en la bandera para ser el ariete del gobierno central, madre de todos los males, y no dudó en pisotear la imagen de su socio de gobierno para alcanzar sus fines. Ayuso decidió así emular a Torra y Madrid se hizo un Torra.

Las dos comunidades más importantes económicamente de España están en crisis permanente. La inestabilidad de los gobiernos catalanes empieza en 2012. En Madrid, un poco más tarde pero la sucesión de presidentes en ambas comunidades --Esperanza Aguirre, Ignacio González, Angel Garrido e Isabel Díaz Ayuso en Madrid, y Artur Mas, Carles Puigdemont y Joaquim Torra en Cataluña-- es la prueba del algodón de la crisis que atraviesan las posiciones políticas dominantes y la complejidad de las relaciones entre los socios. Se entienden por necesidad, y de la necesidad virtud, pero están inmersos para consolidar, o cambiar depende de dónde se mire, el liderazgo político. El PP quiere machacar a Ciudadanos y erigirse en el adalid de la oposición a Sánchez, y Junts per Catalunya quiere noquear a ERC y se erige en la única opción independentista que se niega a rebajar sus reivindicaciones por debajo de la independencia.

La derecha madrileña y la catalana --aunque la mona se vista de seda, JxCAT en la derecha se queda-- están en el embrión de esta manera de hacer política. En casa y con el vecino. Ambas han encontrado un enemigo común con el que enfrentarse, el Gobierno de España que es antidemocrático, totalitario, dicen con sus matices, al tiempo que dirimen el liderazgo puertas adentro. El problema es que con Cataluña y Madrid en crisis la salida de la pandemia se pondrá, seguramente, más difícil, porque ambas han decidido poner en jaque la estructura institucional de España. Los independentistas por razones obvias, aunque ERC está reformulando la estrategia de confrontación permanente, y estéril añaden, y el PP agitando el enfrentamiento con el gobierno ya sea con los jueces, con el rey, con el cese de un oficial de la Guardia Civil, con un viaje de la vicepresidenta venezolana, o con la responsabilidad ante el covid.

La acción de Ayuso de romper, tras 24 horas de silencio, el acuerdo de Aguado y desafiar al Gobierno no es una actuación alocada. Al contrario, está muy bien pensada y responde a lo mollar de la estrategia de los populares, que trata de hacer caer al Gobierno, aunque sea a costa de las instituciones del Estado. Ayuso se ha hecho un Madrid, pero su actuación es un calco de la manera de hacer de Torra, e incluso Puigdemont. Cataluña celebrará elecciones para dirimir esta lucha cainita y formar un gobierno que supere al actual que está moribundo. Madrid debe decidir. Aguado debe estar deshojando la margarita. Romper la actual mayoría y formar una nueva alianza con la izquierda, es una opción de riesgo, pero quedarse inmóvil puede ser letal. Ayuso puede convocar elecciones, casi plebiscitarias, igual que Torra, y la izquierda debate si presenta una moción de censura con Angel Gabilondo como alternativa.

Aguado también mira esta posibilidad, pero la moción también la podría presentarla Ciudadanos. Hacerse con la presidencia de la comunidad es un movimiento ansiado en las filas naranjas. Necesita Ciudadanos visibilidad de poder porque Arrimadas está muy sola en el Congreso. Madrid, comunidad y ayuntamiento, son la piedra filosofal para marcar un nuevo perfil. El PP lo sabe y jugará fuerte. Perder Madrid sería una hecatombe. De momento, toda un incógnita.

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¿Quién es... Toni Bolaño?
Toni Bolaño

Periodista. Miembro del Consejo Editorial de CRÓNICA GLOBAL. Ex director de Comunicación de la Presidencia de la Generalitat y del Ministerio de Industria, Energía y Turismo. Tertuliano en Cadena Ser, Antena 3 y La Sexta.