Menú Buscar

‘Low cost’

José Antonio Bueno
5 min

Ya huele a primavera y a vacaciones de Semana Santa y una parte de la población busca alternativas para descansar en la playa o en la montaña. Una parte de la población, porque no podemos olvidar que el precariado, clase social cada vez más numerosa, bastante tiene con sobrevivir.

Pero con el permiso del precariado, la clase media se afana en encontrar precios baratos y descuentos. Hay que hacer algo, hay que consumir, a buen precio, eso sí.

A una no muy boyante renta disponible se le superpone una irrefrenable necesidad de consumir y ambas presiones tiran los precios a la baja. Las empresas quieren vender, pero saben que tienen que vender barato. Aunque el paro ha descendido, los tipos de interés están bajísimos y el BCE inyecta liquidez al sistema, la inflación no sube, lo cual es muestra de la debilidad de la economía y de este movimiento deflacionario estructural. Hoy es más barato volar que hace veinte años, aparecen mediadores entre particulares que tiran el precio de los hoteles por los suelos, compramos la ropa, la electrónica y hasta la comida muy barata porque la importamos. La miel, los espárragos, las alcachofas vienen de Perú o China porque el producto nacional es muchísimo mejor pero más caro a pesar de los costes de transporte. ¿Tiene sentido consumir así?

Si uno busca en cualquier página de proverbios o de autoayuda siempre nos dicen que es feliz quien disfruta de lo que tiene. Vamos hacia un mundo de infelicidad, porque siempre queremos más. Queremos vivir lo que no tenemos, y muchas veces no nos importa la calidad de lo que aspiramos sino la cantidad, entre otras cosas porque no nos podemos pagar cualquier cosa. ¿A nadie le sorprende que un vuelo a Nueva York sea más barato que usar un taxi para desplazarse a y desde los aeropuertos? ¿Es medianamente normal comer espárragos del Perú o de China teniendo en España los mejores espárragos del mundo? ¿Nos sorprende que alguna miel sea tóxica si la traemos de no sabemos dónde? ¿Cómo nos explicamos que un pantalón en una gran cadena valga 5 euros? La globalización, positiva en casi todo, ha traído productos hiperbaratos en origen que implican dumping laboral y maltrato al medioambiente cuando no esclavismo infantil. Somos militantes de muchas cosas, menos cuando nos toca al bolsillo.

Estamos en una espiral de consumo barato que ayuda a cronificar la precariedad laboral y los salarios bajos. Como ganamos poco podemos pagar poco y eso implica que camareros y tenderos, pero también guardias de seguridad y auxiliares de vuelo, han de ganar poco. Es una opción, no siempre consciente, pero es la opción de la marca España. Hay países que no tienen nada, como Islandia, que decidieron vivir nominalmente como ricos. Así pueden importar sin problema. España, que quiere exportar, se ha acostumbrado a ser pobre en el club de los ricos y por eso mantiene una brecha salarial con Alemania y Francia del 40% y 30% respectivamente. Si ganásemos más no exportaríamos. Solo se libran de la deflación estructural el coste de la electricidad, sobre todo por errores históricos que estamos pagando, y la telefonía y los datos, porque cada día somos más adictos al smartphone. El resto de bienes y servicios buscan su desarrollo en el low cost. Como nuestros supermercados son low cost, nuestros turistas son low cost, nuestra mano de obra es low cost, nuestros ingresos son lógicamente los propios de un país low cost.

El ciclo económico comienza a girar, por lo que no nos queda mucho más tiempo de incremento del empleo y de sensación de relativa bonanza económica. De cómo estamos ahora, o lo que dé de sí este año y parte del que viene, iremos, en general, a peor. Por lo que a gastar el que pueda que dentro de nada habrá menos gente que pueda ir de vacaciones. Eso sí, cuando se cancele un vuelo o haya retrasos de tres horas sería bueno recordar que ir a Londres por menos de 25 euros a lo mejor no es sostenible. Ya lo decían nuestras abuelas, nadie vende duros a cuatro pesetas, ni te cambian un euro por 100 pesetas.

Artículos anteriores
¿Quién es... José Antonio Bueno?
José Antonio Bueno

José Antonio Bueno es ingeniero de formación y consultor de profesión, conocedor de la realidad empresarial catalana, española y europea. Ha realizado proyectos en dos sectores fundamentalmente, automoción y servicios financieros, si bien su especialidad en la gestión de procesos de adquisición y compra de empresas le ha hecho conocer otras realidades empresariales. En verano de 2017 inició un nuevo proyecto empresarial con varios socios nacionales e internacionales, tratando de aunar su bagaje como consultor con el análisis avanzado de datos, dándole un nuevo enfoque a sus servicios coherente con la realidad digital que nos rodea.