Votar como borregos

Carlos Mármol
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“Todas las naciones del mundo se burlan de las demás”, escribió Schopenhauer. “Y todas sin excepción” –añadía el gran filósofo del pesimismo– “tienen razón”. En nuestro caso, desde luego, acertó. De un tiempo a esta parte en España votamos como los borregos de los rebaños: cuando los políticos deciden que es el momento de hacer sonar la campana. A su conveniencia, por supuesto. La legislatura de la pandemia –léase en sentido literal y figurado– llegará a finales de este mes a su ecuador. Dos años exactos hace desde que, fallida la investidura de Sánchez I, El Insomne, tras los comicios de abril de 2019, el Rey disolviera la Cortes y nos convocara a las urnas un lejano noviembre, mes de los santos difuntos. 

Parece que haya transcurrido una eternidad. Y así ha sido para quienes en el último año y medio han enfermado, muerto o se han arruinado como consecuencia de la pandemia asesina. El mundo se salió de su eje. Desde entonces andamos por las calles enmascarados, temerosos ante cualquier contacto con los demás. Inseguros. Como yertos por dentro. En estos dos años hemos visto también al primer gobierno de coalición de la democracia –formado por el sanchismo y el populismo morado– impotente ante el gran naufragio, a Pablo Iglesias desaparecer (un tiempo) del cuadro circense, subidas del precio de la energía que nunca hubiéramos imaginado y la profecía, probablemente terminal, del cambio climático

El colapso de la atención primaria se ha convertido en una costumbre. Nuestro sistema sanitario está devastado. La red de asistencia social, exhausta. Ganarse la vida es mucho más difícil. Todo ha ido a peor. En el ámbito político presenciamos la defenestración (escasamente piadosa) del antiguo núcleo duro de la Moncloa, empezando por el spin-doctor. El PSOE, tal y como lo conocíamos, ha desaparecido. El PP inspira lástima. El liberalismo de Cs se ha deshecho en el café, igual que un azucarillo caducado. Podemos queda en manos de la demagogia y los independentistas logran los indultos y volver a ser escuchados por el poder, como si hubieran tenido razón. 

El nuevo curso político se presenta como un viaje a la semilla. La larga sucesión de hechos y espantos que hemos visto pasar delante de nuestros ojos en estos 24 meses empezó en realidad con el ciclo electoral que en diciembre de 2018 derribó por primera vez el poder socialista en Andalucía –bastión de la vieja guardia del PSOE– y situó a la ultraderecha de Vox dentro de las instituciones. Tras las elecciones súbitas de Madrid, que certificaron el hundimiento de Podemos y la fragilidad del faro monclovita, el bipartidismo que representan el sanchismo y el casadismo necesitan urgentemente consolidarse ante sus organizaciones. El primero, para continuar en el poder; el segundo, para sobrevivir a la marea Ayuso

De nuevo la sombra de unas elecciones –esta vez adelantadas con respecto al calendario– se extiende por los virreinatos autonómicos. En Valencia se trabaja ya con la hipótesis de que el presidente regional, Ximo Puig, decida abortar la legislatura regional un año antes de lo previsto. En otoño de 2022. En Andalucía, que es donde el reloj político del último carrusel electoral marcó la hora en punto, cada vez existen menos dudas. A pesar de la versión oficial de dos de las tres derechas –PP y Cs–, que desmienten todos los días dos veces que la legislatura autonómica esté amortizada, todo indica que Moreno Bonilla, presionado por Génova en esta dirección, adelantará las elecciones al primer semestre del próximo año. 

Las encuestas, sin ser optimistas, le sitúan en una buena posición de salida para revalidar el Quirinale, aunque todo hace indicar que con mayor dependencia de Vox si se consuma el hundimiento de Cs. El presidente del Gobierno inauguró este sábado en Andalucía la campaña electoral oficiosa, en la que Moreno Bonilla lleva varios meses trabajando desde los atrios institucionales. El Congreso Federal del PSOE será este octubre en Valencia. A continuación llegará el conclave de los socialistas andaluces tras el entierro del peronismo rociero

El coronavirus, entretanto, se reinventa –para seguir matando–, las vacunas van perdiendo fuerza –seguimos sin noticias de la tercera dosis–, la recuperación económica se antoja mucho más virtual que cierta y nuestros políticos, lo mismo da su bando y condición, pretenden que vayamos a las urnas antes de hora para que le garanticemos su tranquilidad personal. Extraña forma de buscar el interés general. Igual se topan con una sorpresa. “Es el destino quien baraja las cartas, pero somos nosotros quienes jugamos”, escribió Schopenhauer.

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¿Quién es... Carlos Mármol?
Carlos Mármol

Estudió Poética, pero desde hace tres décadas se dedica a esa literatura prosaica que es el periodismo. Empezó su carrera profesional en El Correo de Andalucía (1990-1999). Más tarde formó parte del equipo directivo que fundó Diario de Sevilla (1999-2012), donde ha ejercido como subdirector, articulista y editorialista. Desde 2013 es columnista en los diarios La Vanguardia y El Mundo, además de coordinador editorial de Letra Global, el spin-off cultural de Crónica Global. Doctor en Teoría de la Literatura, máster en Literatura General & Comparada y licenciado en Filología Hispánica. Lee, escribe y viaja. No siempre por este orden.