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El 'remake' de las dos Españas

Carlos Mármol
5 min

Las elecciones del domingo, donde los líderes de los partidos políticos se lo juegan casi todo, aunque cada uno de manera diferente, igual que en la novela de Tolstoi, presentan su mayor incógnita no tanto en quién será el ganador --porque la mayoría parlamentaria volverá a depender, salvo sorpresa mayúscula, de los pactos--, sino en cómo se traducirá, desde el punto de vista electoral, el cabreo infinito que provoca la deriva de la vida pública española, encerrada --y sin salida aparente-- en sus obstinados ritornellos.

Más que unas elecciones generales, el 10N es la fecha del plebiscito definitivo sobre el experimento Sánchez, que puede salir malherido del trance que él mismo ha provocado. La campaña, desde luego, es fútil: lo que se va a dirimir en las urnas son los intereses y aspiraciones personales de los políticos, no los problemas de una sociedad que sigue abierta en canal por cuestiones (capitales) de las que nadie se ocupa. 

Todos los sondeos señalan que existe un porcentaje muy elevado de electores que aún no tienen decidido el voto, probablemente porque muchos dudan si merece la penar avalar una convocatoria que los ignora o los utiliza como cobayas al servicio de la ambición de los jefes de la partitocracia. La desmovilización parece inquietar más a PSOE, Unidas Podemos y Más País y beneficiar al arco (irregular) que forman PP, Vox y Cs. Los socialistas, tras exhumar los restos de Franco en una operación propagandística mayúscula, confían todo a un hipotético miedo social ante la ultraderecha.

Un pánico que no se atisba por ninguna parte, porque desde el 2D, cuando el tripartito conquistó Andalucía, Vox se ha institucionalizado. El rechazo social que provocan los ultramontanos, de momento, es equivalente al que otros partidos políticos causan entre sus correspondientes adversarios. Además, las encuestas --ya veremos que ocurre este domingo-- les sonríen. Una parte nada despreciable del voto de protesta puede terminar --sobre todo por la situación de Cataluña-- en las listas de Abascal. ¿Qué ocurrirá con el resto de sufragios del hastío? Es un misterio.

Nuestro sistema electoral, además de favorecer a los nacionalismos, ignora el voto en blanco, que es uno de los refugios habituales de la legión de descontentos con todos, una minoría nada despreciable formada por aquellos que no se sienten representados por ninguna opción. Una avalancha de votos sin destino restaría representatividad política al resultado del 10N, cualquiera que éste fuera. No ocurre lo mismo con la abstención, que se augura notable y podría provocar un vuelco del tablero electoral, como ocurrió hace nueve meses en el Sur. 

El destino de este voto antisistémico, que no es lo mismo que antisistema, aunque legalmente no influya en la composición parlamentaria, será el verdadero síntoma que nos permitirá medir la fortaleza de esta partitocracia que, aunque extendida a muchos más partidos que antes, no ha modificado en absoluto la agenda pública, condenándonos a sufrir constantes convocatorias electorales mientras se pudren cuestiones tan importantes como la viabilidad de las pensiones, el régimen de cotizaciones sociales, el desempleo, la precariedad, la pobreza y el deterioro de lo público, tanto en lo que se refiere a los espacios de convivencia –como sucede en Cataluña– como en la prestación de los servicios básicos: sanidad, educación y dependencia.

La peligrosa polarización interesada que avivan los socialistas entre derecha e izquierda nos parece obscena. Ambos términos carecen de sentido en la posmodernidad. El drama de España no es el que hace más de cuatro décadas vivieron nuestros padres y, mucho antes, nuestros abuelos. Es otro distinto: el de un país sin rumbo cuyos políticos están dispuestos a volver a resucitar el fantasma de las dos Españas si es necesario para conquistar y retener en el poder. Aunque perdamos todos.

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¿Quién es... Carlos Mármol?
Carlos Mármol

Estudió Poética, pero desde hace tres décadas se dedica a esa forma de literatura prosaica que es el periodismo. Empezó en El Correo de Andalucía (1990-1999). Más tarde formó parte del equipo directivo fundacional de Diario de Sevilla (1999-2012), donde fue subdirector, columnista y editorialista. Desde entonces es articulista de opinión en los diarios El Mundo y La Vanguardia y coordinador editorial de #LetraGlobal, el spin-off cultural de Crónica Global. Doctor en Teoría de la Literatura, Máster en Literatura General & Comparada y licenciado en Filología. Lee, escribe y viaja. No siempre por este orden.