Pensamiento

Lobos cuidando ovejas

24 marzo, 2014 08:23

"El colmo de de la desvergüenza es no tener vergüenza de ser desvergonzado", San Agustín (Confesiones, 2,9)

 

Según los datos oficiales, la sanidad pública catalana tiene en lista de espera 181.559 ciudadanos, de los más de siete millones y medio que están incluidos en su ámbito de cobertura. La única Comunidad Autónoma que supera este record histórico es Andalucía. El tiempo medio de espera en Cataluña es de 7,29 meses, aunque existen grandes diferencias y, según esos mismos datos oficiales, 3.000 pacientes llevan más de 3 años esperando para poder ser intervenidos.

El mismo consejero que ha inducido, autorizado, alabado a todos los centros concertados de Cataluña a esa perversa práctica, con la finalidad de que consigan así los recursos que él mismo les ha restringido, tiene la desfachatez de afirmar en sede parlamentaria que "se trata de una práctica rigurosamente prohibida"

Esos son los datos oficiales, pero gracias a las triquiñuelas de los adictos y adeptos al régimen sanitario imperante, se consigue maquillar la realidad para que no se compruebe que el incremento de las listas de espera, bajo la égida de Boi Ruiz, es un auténtico escándalo sin parangón en Europa ni en el resto de España. Ese maquillaje consiste en incluir al paciente en la lista de espera, no en el momento del diagnóstico, sino cuando ya se le han realizado todas las pruebas (analítica, electrocardiograma, pruebas radiológicas o de imagen) que forman parte del estudio preoperatorio, pero que no modifican el diagnóstico previamente establecido ni la indicación quirúrgica. Esos pacientes, ya diagnosticados y pendientes de una operación, son temporalmente enviados al limbo de las listas de espera y, hasta que no sean convenientemente "bautizados" por los fieles ángeles y arcángeles al servicio del sumo hacedor Ruiz, no podrán ingresar en el cielo de las listas de espera oficiales.

Hace pocos días, el honorable consejero de Salud, ha prometido en sede parlamentaria que, durante este año, piensa acabar con la espera padecida por 23.800 pacientes pendientes de una intervención quirúrgica que, teóricamente, tienen garantizado un tiempo máximo de 6 meses al que, en la práctica, nunca se dado cumplimiento. Se trata de 14 tipos de intervenciones, debidas a enfermedades no cancerosas pero muy frecuentes y que pueden resultar severamente invalidantes y, algunas incluso tributarias de tener complicaciones graves. Se trata de cirugía por cataratas, prótesis de rodilla y cadera, artroscopias, varices, cálculos en la vesícula biliar, patología prostática... Boi Ruiz ha reconocido que desde que llegó al cargo, las listas de espera para esas 14 patologías que en teoría tienen un tiempo de espera máximo garantizado, han aumentado en casi 30.000 personas, pero ha responsabilizado de ese incremento a un "problema estructural", agravado por el recorte en el presupuesto en sanidad, decidido por el gobierno del que él forma parte, en los últimos tres años. Según el Sr. Ruiz ese recorte ha sido del 16% pero, según otras fuentes bien documentadas, no es inferior al 30%. Para añadir todavía más confusión, el consejero ha afirmado que el peso del presupuesto sanitario ha pasado del 32% al 40%, pero sin hacer énfasis en que ese incremento hace referencia al porcentaje respecto a los Presupuestos globales, y omitiendo decir que la disminución en la partida específica en sanidad es la que ha experimentado un mayor decremento respecto a ejercicios anteriores, siendo el mayor de toda España y el de casi todos los países de la UE.

A pesar de todas estas evidencias, el Sr. Ruiz ha defendido la "absoluta transparencia" con la que su departamento presenta los datos, ha asegurado que es el primer consejero de Salud que comparece en el Parlamento de forma voluntaria cada medio año para rendir cuentas y, en el summum de la autocomplacencia y autobombo, ha manifestado que el recorte presupuestario que viene aplicando repetida y sistemáticamente desde que forma parte del gobierno catalán, no ha dañado excesivamente el modelo sanitario y, llegando a las más altas cotas de cinismo hasta ahora conocidas en un consejero de Salud, ha pedido a los parlamentarios que no centren la valoración de su gestión únicamente en el aumento de las listas de espera, porque ello no permite valorar el resto de éxitos del modelo que, según él, presenta indicadores mejores que la media de Europa.

A las preguntas de los parlamentarios en relación a las críticas de asociaciones de usuarios y pacientes sobre la gestión de las listas de espera, el consejero las ha achacado al "desconocimiento", y ha considerado que es imposible dar una cita concreta para hora y día de operación porque la gestión de la espera se hace por motivos clínicos y no ordinales. Molesto ante las diversas denuncias de esas asociaciones que apuntan a una manipulación y ocultación intencionada de las listas de espera, ha acusado a los grupos políticos de utilizar esas quejas para practicar una "política de perfil bajo", y ha asegurado que los pacientes entran en la lista de espera en el mismo momento en que un médico considera que hay que operar, a diferencia de lo que, según dice el consejero, ocurre en otras CCAA que lo hacen más tarde.

En esa comparecencia parlamentaria, Boi Ruiz ha prometido que este año acabará con las listas de espera de más de 6 meses, y que en el año 2013 afectaba a 23.800 pacientes pendientes de intervención con tiempo máximo garantizado. Según ha dicho, en el último año los esfuerzos se han concentrado en reducir el número de 1.880 pacientes que en el año 2012 llevaban cinco años pendientes de ser intervenidos. Según parece, de todos éstos pacientes pendientes, todavía quedaban 43 en el año 2.013 aunque, según reconoce el Servicio Catalán de Salud (SCS) no todos los 1.880 que estaban pendientes han sido finalmente atendidos; un número, según dicen importante pero no concretado, ha abandonado las listas. ¿Se habrán curado espontáneamente? ¿Tal vez han fallecido? ¿Han buscado una alternativa privada? Y, si es así, ¿han sido atendidos privadamente dentro del sistema público o fuera de él?

Y así llegamos a la polémica suscitada por algunas denuncias sobre el traspaso de pacientes desde la sanidad pública a la privada, con la finalidad de conseguir avanzar en las listas de espera previo pago. En un alarde sin precedentes, el mismo consejero que es quien ha inducido, compelido, autorizado, fomentado, recomendado, alabado y permitido a todos los centros concertados de Cataluña a esa perversa práctica, con la finalidad de que consigan así los recursos que él mismo les ha restringido, tiene la desfachatez de afirmar en sede parlamentaria que "se trata de una práctica rigurosamente prohibida" y se permite, además, hacer un llamamiento público recomendando a los ciudadanos que "quien se vea en esta situación o sospeche que le han engañado y que utilizan la lista de espera para inducirlo a que vaya pagando, que lo denuncie", puesto que si esa denuncia se comprueba, su departamento actuará "con toda contundencia".

¿Qué entiende el Sr. Ruiz por "utilizar la lista de espera para inducirlo a que vaya pagando"? El consejero sabe perfectamente que los profesionales ni son responsables ni tan siquiera gestionan esas listas de espera, por lo que mal pueden utilizarlas para derivar pacientes a la privada ni para ninguna otra cosa. No se trata de que el profesional que indica la intervención o que incluso debe realizarla, la demore de forma voluntaria e intencionada ofreciéndole al paciente la posibilidad de adelantarla mediante pago; esa práctica es perseguible legalmente, pero el consejero sabe perfectamente que la martingala, de la que él mismo es valedor y promotor, y que consiste en utilizar recursos pagados con dinero público para favorecer y obtener lucrativos beneficios privados, no funciona así. El profesional que atiende al paciente, en prácticamente todos los casos, se limita a informarle del tiempo de demora para poder ser intervenido a través de la aseguradora pública (que no gratuita) y, otros son los que se ocupan de hacerle saber las "posibilidades" que ese mismo centro u otro pueden ofrecerle y, entre esos "otros" cabe incluir la difusión mediática, y también de pago, que se ha dado a algunos centros, como Barna Clínic que, a pesar de recibir más de 11 millones de euros anuales de los Presupuestos públicos y utilizar las instalaciones costeadas con recursos también públicos, realiza exclusivamente actividad privada. El "modelo" que algunos centros pretenden imitar, con la colaboración, el beneplácito y la aquiescencia de los poderes públicos, es el de Barna Clínic pero, eso sí, sin tener acceso a la generosa partida presupuestaria que la Consejería del Sr. Ruiz le facilita y que proviene del bolsillo de todos los ciudadanos, incluso de los que no pueden pagar ni acceder a sus magníficos servicios sanitarios y de hostelería.

La sanidad catalana ha pasado a tener dos puertas de entrada; en una, hay meses o años de espera y en la otra, la atención es inmediata, previo pago directo

El Sr. Ruiz ha asegurado que la Consejería actuará de forma contundente si comprueba que al ciudadano "le han engañado o utilizan la lista de espera para inducirlo a pagar" . Claro está que si el ciudadano, viendo que su hijo, su padre o él mismo han de esperar meses, tal vez años, para ser intervenidos de una patología cuya gravedad conoce o que resulta dolorosa o invalidante, tras reunir los ahorros familiares acude a la ventanilla "de pago" de cualquier centro público o concertado, lo hace en un ejercicio absolutamente libre y voluntario, sin mediar coacción, engaño ni condicionante alguno. Tal vez cuando el consejero habla del "desconocimiento" de los usuarios, se refiere a que no comprenden la plasmación práctica de lo que acabo de exponer y que puede resumirse así: la sanidad catalana ha pasado a tener dos puertas de entrada; en una, hay meses o años de espera y en la otra, la atención es inmediata, previo pago directo. Pero, si no media el "engaño" que nos invita a denunciar el Sr. Ruiz, no hay nada que hacer: todo es correcto.

La guinda del pastel ha corrido a cargo del Sr. Padrosa, actual Director del Servicio Catalán de la Salud y que, inmediatamente antes de ocupar ese cargo público, era Director General del grupo privado Corporación Fisiogestión S.A., matriz de un grupo de empresas dedicadas a la fisioterapia y rehabilitación. El Sr. Padrosa era también miembro de la junta directiva de La Unión Catalana de Hospitales, la mayor patronal sanitaria privada de Cataluña, al frente de la cual se encontraba también y en ese mismo momento, el actual consejero de Sanidad. Como ya informó la prensa hace unos meses, Sr. Padrosa ha seguido compatibilizando su cargo público con el de apoderado en 6 empresas de la Corporación Fisiogestión S.A., situación que choca con la normativamente prevista incompatibilidad de los cargos públicos.

El Sr. Padrosa asegura que "podemos exigir que no se engañe a la gente y que no se aprovechen las listas de espera para hacer negocio". Es curioso que tal afirmación provenga de la misma persona que el pasado mes de noviembre, y como Director del Servicio Catalán de Salud, adjudicó un concurso público que reportará en la próxima década un total de 160,2 millones de euros, ampliables a 240,3 millones según una cláusula de la licitación, a seis empresas del grupo empresarial que él mismo presidía antes de acceder a su actual cargo y de las cuales era apoderado en el mismo momento de la adjudicación. Mientras que el organismo dirigido por el Sr. Pedrosa recortó un 21% el presupuesto total de las licitaciones, el importe adjudicado a las empresas de su Director General se vio incrementado en un 21% y, lo que todavía resulta más impresionante es que, mientras la partida destinada a rehabilitación y logopedia de los centros públicos se ha visto reducida en una quinta parte, el volumen de negocio, derivado desde la sanidad pública hacia el grupo del que formó parte Padrosa creció de forma muy notable.

El consejero Ruiz nos invita a denunciar aquellas situaciones en las que nos sentimos engañados y, además, nos recomienda hacerlo en sus servicios de atención al usuario y no en los medios de comunicación o en las asociaciones puesto que, entonces, el departamento que él dirige no podrá actuar "con toda contundencia" para poder defender nuestros derechos. El tan alabado modelo sanitario catalán ha adquirido una nueva peculiaridad: la de poner a los lobos a defender el rebaño.