Pensamiento

Lo que nos espera (bis)

14 noviembre, 2014 09:08

Ya que en estas páginas no me dejan insultar a Josep-Maria Terricabras (por esto), volvamos al tema. De esta forma va a ser un artículo cortito.

Algunos amigos, después de leer mi último artículo, me han llamado "optimista". ¡Eso no! Pero la culpa es mía, por no expresarme bien. Bueno, quizás no solamente: hay una fijación con el separatismo, mientras que este término no es ningún calificativo. Es un descriptivo de gente que quiere la independencia, y no dice nada más sobre ellos. Nacionalismo sí que es un calificativo, uno de los peores, y lo que he dicho y vuelvo a decir es que el nacionalismo está ganando en Cataluña. Y que dudo de que haya suficiente gente rebelándose contra él.

El nacionalismo siempre gana porque se le deja

El nacionalismo siempre gana porque se le deja. Lo deja la izquierda, que por tanto dejar ha dejado hasta de ser izquierda, y lo deja el Gobierno, que deja de ser gobierno. Ya dejó de serlo antes, cuando dejaba de lado a una parte de los catalanes. Ahora deja a la otra. Pensándolo bien, ya puede dejar Cataluña del todo.

En primer lugar, al nacionalismo lo dejan ganar los propios ciudadanos. Me dice uno de los más férreos opositores del nacionalismo que ahora mismo estaría con Mas. Tan buena imagen tiene ahora El Frívolo. Imagen de ganador por haberse salido con la suya. Ya tarda de viajar de pueblo en pueblo para ser recibido con vítores, flores y longanizas.

La fascinación con Mas llega incluso allende de las fronteras, donde la gente no es más inteligente. Quizás al contrario, pienso yo cuando veo que tratan a España como república bananera, a la que se le puede exigir abandonar principios universales, consagrados en la Constitución. Algunos observadores tienen un punto en común con las hordas de borrachos que vienen de sus respectivos países cada verano: aquí pueden hacer lo que nunca se permitirían en casa.

El separatismo está muerto, y el nacionalismo más vivo que nunca

No apelo a ellos ni a Madrid ni a ninguna institución. Para que gane el nacionalismo siempre es necesario que lo dejen ganar los propios ciudadanos. Apelo a los ciudadanos, y estoy consciente de que lo ciudadano vale bien poco cuando lo que manda es, otra vez en mi querida, tonta Europa, lo nacional.

Dije que el separatismo está muerto, y el nacionalismo más vivo que nunca. Lo mantengo, aunque veo necesario añadir que si le dejamos ganar al nacionalismo, dándole de beber y comer, al final se hará tan fuerte que resucitará al separatismo, y haber ganado la batalla el domingo pasado no nos habrá servido de nada.