El laberinto de Rivera

Manel Garcia Biel
10 min

La evolución que Albert Rivera ha ido imponiendo a Ciudadanos (Cs) desde su creación hasta ahora la está llevando actualmente a un callejón de difícil futuro.

Ciudadanos nació como una réplica a la hegemonía del independentismo en Cataluña y con la voluntad de presentar una alternativa de centro socioliberal que pudiera hacer un papel de bisagra con la derecha o con el socialismo.

Pero el proyecto inicial ha ido cambiando, impulsado fundamentalmente y desde casi el inicio por un antinacionalismo catalán que con el tiempo se ha configurado como un nacionalismo español militante y cada vez más escorado hacia la derecha neoliberal.

Rivera ha intentado implantar su modelo en todo el ámbito del Estado con un buen resultado, pero no al nivel de las expectativas que se planteaban, al quedar como cuarta fuerza parlamentaria en las elecciones del 2015. Después vino el acuerdo frustrado de Gobierno con el PSOE, y la repetición de elecciones en el 2016, cuando se decantó por un acuerdo con el PP, apoyándole hasta llegar la moción de censura.

A finales del 2017 Ciudadanos supo capitalizar en un momento dado el miedo de muchos sectores populares de la población catalana ante la división potenciada por el ultranacionalismo independentista. Ello se concretó en las últimas elecciones catalanas, cuando después de la aplicación del 155 se constituyó en el primer partido en el Parlament de Cataluña con más del 25% de los votos. Pero lo que no supieron leer Rivera y los suyos es que esto fue un voto puntual producido por la realidad de un momento concreto. No era normal que Ciudadanos ganara en la mayoría del cinturón de Barcelona ni los barrios populares de la capital catalana. Fue el voto del miedo de muchos ciudadanos que vieron cuestionada su ciudadanía catalana por los impulsores del procés.

Pero en el 2018 el acuerdo del PSOE, de un renovado Sánchez, con Podemos y otros grupos nacionalistas, dejó noqueado a Rivera y Cs, que ya soñaban en poder llegar a la Jefatura del Gobierno en unas futuras elecciones generales. A partir de este momento, un desconcertado Rivera fue derivando cada vez más hacia posiciones más radicalizadas tanto en el tema territorial como en el social. Si en el tema territorial Cs se escora hacia un nacionalismo español extremo que pide en cada ocasión la aplicación inmediata de nuevo del 155 en Cataluña, en el terreno económico y social abraza un neoliberalismo desatado que le lleva a defender supuestas modernidades como “los vientres de alquiler” o “la legalización de la prostitución”, así como la defensa enconada de las bajadas generalizadas de impuestos, las privatizaciones y las desregulaciones laborales.

Todo ello lo lleva a posiciones cada vez más indiferenciadas del PP, a pesar de continuarse presentando como defensor de la regeneración frente a los casos de corrupción.

Las elecciones del 2019 sitúan Rivera ante una realidad que se niega a aceptar. No consigue ninguno de sus objetivos. En las elecciones generales, y a pesar de subir algunos escaños, pierde en sus dos objetivos estratégicos: echar a Sánchez del Gobierno y superar al PP. El PSOE y Sánchez salen reforzados y el PP, a pesar de una fuerte caída, agudizada por la aparición de Vox, supera a Rivera y los suyos. Y el dirigente de Cs empieza a desvariar, intentando presentarse absurdamente como el jefe de la oposición, a pesar de que la realidad diga otra cosa. Posteriormente, en mayo, en las elecciones autonómicas, municipales y europeas, se confirman todas las predicciones: gana el PSOE y el PP supera ampliamente a Cs debido, en gran medida, a su carencia de estructura organizativa.

Rivera no ha calculado bien que al decantarse hacia la derecha más españolista y neoliberal lo sitúa de compañero de viaje no solo del PP sino también de la ultraderecha de Vox, y nada más definitorio que la foto de Colón y su política de “cordón sanitario” al PSOE.

Rivera se encuentra perdido en el laberinto que él mismo, de forma inconsciente o no, ha ido definiendo. Ninguna fuerza de centro liberal se puede meter en su propia trampa de solo dejarse una única salida, la de pactar con la derecha corrupta del PP y la ultraderecha de Vox, y Rivera lo ha hecho. Si solo puedes pactar con las derechas, si optas por solo pactar incluso y de forma vergonzante con la ultraderecha, entonces no eres bisagra ni eres de centro: eres de derechas. Y encima te sitúas en una situación de debilidad previa a la hora de negociar pactos con las otras fuerzas de derechas que son conscientes de que solo tienes una opción. Y es así que Rivera ha establecido unos pactos municipales negativos para Cs por dos razones: los pactos solo han servido para fortalecer el PP, al que ha dado un poder tanto municipal como autonómico por encima de sus resultados, y por otro lado hacerse vulnerable tanto en el ámbito nacional como internacional al dar reconocimiento y honorabilidad a la extrema derecha de Vox. Y Cs solo se ha quedado con las migajas de los cargos municipales y autonómicos en favor del PP.

Rivera dirige su partido con mano de hierro. La única voz decisiva es la suya y tiene una dirección centralizada sin ninguna autonomía en ámbitos inferiores. Ha reforzado el aparato central de Cs con nuevas incorporaciones de personas de su equipo en Cataluña. Por cierto, en Cataluña, en las elecciones generales y con Inés Arrimadas al frente, Cs solo ha conseguido el quinto lugar con poco más del 11% de los votos. En los últimos días las voces críticas empiezan a sentirse tanto a nivel interno como externo. A nivel interno, personas tan relevantes como Luis Garicano o Toni Roldán no pueden esconder su malestar por el rumbo que se está tomando y sus consecuencias, e incluso se comienzan a apuntar deserciones y abandonos. En el ámbito externo, las críticas de gente que le ha sido muy próxima son feroces, la práctica totalidad de las personalidades que dieron su apoyo al primigenio Ciudadanos han manifestado su rechazo hacia la política de Rivera. La voz más potente ha sido la de Francesc de Carreras, que ha llegado a definir a Rivera como “un niño malcriado”. Igualmente directo, y mucho más duro, ha sido Manuel Valls, que encabezaba la lista en coalición con Rivera en Barcelona y que con tres votos ha permitido la investidura de Ada Colau para evitar el triunfo de Ernest Maragall, lo cual ha provocado la ruptura con Rivera. Hay que decir que la acción de Valls, privando al independentismo del gobierno del ayuntamiento de Barcelona, ha sido la acción política más efectiva contra el independentismo, mucho más que toda la acción o inacción parlamentaría de Inés Arrimadas y su grupo en el Parlament de Cataluña. Manuel Valls, con un discurso de alto nivel y en clave europeísta, ha acusado Rivera de llevar el partido hacia la derecha, y especialmente de legitimar a la ultraderecha ultranacionalista española. Incluso tanto su aliado internacional Macron como los medios de comunicación internacionales son muy críticos con la evolución y los pactos con la ultraderecha de Rivera.

El líder de Cs, personalmente, se encuentra ahora ante una grave situación provocada por las opciones equivocadas tomadas por él y su dirección y de las cuales son ellos únicamente responsables. Están dentro de un laberinto que han creado, y parece que a estas alturas Rivera no sabe cuál es la salida.

Por último, solo hacer una previsión. Si hay próximas elecciones en Cataluña, no creo equivocarme si pronostico que un Ciudadanos carente de dirigentes en la Comunidad Autónoma tendrá lo que puede ser una verdadera debacle electoral.

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¿Quién es... Manel García Biel?
Manel Garcia Biel

Economista y sociólogo. Ha sido secretario de Comunicación y Portavoz de CCOO de Catalunya.

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