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La unidad de España será mientras los españoles quieran que sea

Roberto Giménez

por Roberto Giménez

27.03.2016
7 min

En España la izquierda está convencida de que la justicia y la policía están manipuladas por el gobierno de derechas, mientras que el PP cree que la izquierda ha infiltrado enanos en la policía, el CNI y en la justicia que en estos momentos tan delicados pasan a los medios información sensible. Una cosa y su contraria no pegan ni con súper glue-3 Loctite.

Esta sospecha me recuerda una reflexión del filósofo José Ortega y Gasset: la izquierda y la derecha sufren hemiplejía (parálisis de todo un lado del cuerpo) moral.

Si hoy aterrizaran los marcianos en nuestro país, no entenderían el funcionamiento del cerebro de los terrícolas. Así que voy a explicárselo a los marcianos.

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La primera vez que oí la palabra 'tecnoestructura', en referencia a la Administración General del Estado, fue en una conferencia de Joan Rosell antes de ser el presidente de la patronal española. Él decía que detrás del gobierno existía una estructura tecnócrata funcionarial, estable y permanente, que era el centro gravitatorio de todo Estado consolidado, con independencia del partido que gobierna. Podemos, con perdón, llamarle un sucedáneo de tecnocracia en la sombra.

Con la Transición, España demostró al mundo que las dictaduras militares que asolaban Hispanoamérica no eran una condena perpetua de la Historia al yugo de las cadenas

No se trata de un rasgo exclusivo del Estado español, sino que es común a todo Estado forjado con los siglos. Cada nación es distinta porque el proceso de consolidación nacional ha sido diferente. Como decía Hegel: la cosa es la Historia. El español es el primer Estado moderno que se creó en Occidente. En Oriente sólo hay dos más antiguos, pero no son de la edad moderna sino de la antigua: primero China y después Japón.

Pero en el caso del nuestro, en 1939 se produjo una singularidad que no se puede olvidar: Franco aniquiló con fuego la tecnoestructura anterior, para crear lo que calificó con una expresión grandilocuente: el Nuevo Estado. Con la muerte del general se produjo, al decir del pensador Gustavo Bueno, con una metáfora biológica: una metamorfosis. La crisálida se convirtió en mariposa. La democracia es más hermosa que la dictadura.

En política esa metamorfosis ha recibido un nombre de éxito: la Transición. España demostró al mundo, pero especialmente a los pueblos hispanoamericanos, que las dictaduras militares que asolaban ese inmenso territorio, desde Río Grande a Tierra del Fuego, no eran una condena perpetua de la Historia al yugo de las cadenas.

Por eso la admiración que en ese hemisferio se profesa a la figura del Rey emérito.

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Desde hace tres meses España tiene un gobierno en funciones y, probablemente, siga así hasta el verano, pero esa provisionalidad no afecta al funcionamiento de la tecnoestructura de la que hablaba Joan Rosell. Esa tecnocracia en la sombra permite que las 24 horas del día el Estado siga en pleno ejercicio de sus funciones. No hay vacío legal. Una prueba reciente: en vísperas de la Semana Santa se ha convocado la mayor oferta pública desde que explotó hace ocho años la crisis.

Hace cinco años la fragmentada Bélgica de Flandes y Valonia estuvo 500 días con un gobierno en funciones, y el alba no sólo despuntaba con más o menos sol sino que mejoró el paro, el PIB, el déficit público y hasta el salario mínimo. No sé que pasará en España, pero seguro que el sol saldría más días que en ese lánguido país de dos culturas.

España es una democracia de ley, similar a la del resto de Occidente. La asignatura de Garci está aprobada. No tienen que venir los de Podemos para decirnos que está pendiente. ¡España está hasta las narices de revoluciones pendientes!

La actualidad política es una alfaguara de actuaciones policial y persecución de la justicia a quienes decidieron pasarse la legalidad por el arco de la entrepierna. Que ha dañado la imagen de la política y los políticos, pero que en el fondo demuestra que las instituciones funcionan y que, probablemente, el cuñado del Rey elija la cárcel que más le guste. No tendrá indulto. España no tiene un Estado corrupto como Méjico, Venezuela o Rusia. Es una democracia de ley, similar a la del resto de Occidente. La asignatura de Garci está aprobada. No tienen que venir los de Podemos para decirnos que está pendiente. ¡España está hasta las narices de revoluciones pendientes!

Enric Juliana, el fino analista político en Madrid de La Vanguardia, bautizó como Brigada Aranzadi a los abogados de Estado que defienden la legalidad constitucional, pero es algo más que una brigada, es una división entera en la que los abogados del Estado sólo son una primera línea, y tras ella está toda la tecnoestructura del Estado.

Empero, España es mucho más que una estructura política y funcionarial que le da cuerpo legal, sino que es sangre y corazón, brazos y voluntad de supervivencia. España son sus gentes. Es una roca granítica mientras así la quiera el pueblo soberano.

España es una muralla infranqueable para los separatas. Es mucho más que la Brigada Aranzadi. ¿Que no hay gobierno? No importa, España no depende de un registrador de la propiedad. Como dice el pensador Antonio Escohotado: "El mundo progresa cuando el político duerme".

No temo la ruptura de España aunque ahora Arnaldo Otegi diga a los batasunos que hay que abrir un segundo frente en coligación con los estelados. La roca de granito que es la base de España depende exclusivamente de la voluntad de los españoles. De nadie más.

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Ni siquiera es política sino filosofía política; como dice el pensador José Antonio Marina: el deseo primero y básico del ser humano es la supervivencia. De los hombres y de los pueblos...

Espero que los marcianos de izquierdas o derechas me hayan entendido, porque no es una ley española, se trata de una ley universal.

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