Pensamiento

La triste Europa de nuestros políticos

18 julio, 2014 15:33

La elección de Juncker como presidente de la Comisión Europea escenificada en el Parlamento Europeo nos ha vuelto a dejar patentes muchas cosas. Pienso que Juncker puede ser un buen presidente de la Comisión Europea y que el pacto entre los socialistas y los populares por el que se repartían la presidencia del Parlamento Europeo y la presidencia de la Comisión era algo muy positivo en esta época de crisis profunda. Sin embargo, las circunstancias que ha rodeado la elección de Juncker me han confirmado en la crítica que desde años vengo haciendo sobre la marcha –mejor marcha atrás- de la UE y han dejado al descubierto las vergüenzas de un socialismo español, deteriorado, de paso, la imagen de la llamada marca “España”.

Lo primero que se ha confirmado es que los europarlamentarios, al menos los españoles, votan teledirigidos, es decir con mando a distancia, aunque el que tiene el mando en sus manos sea un guaperas populista

Lo primero que se ha confirmado es que los europarlamentarios, al menos los españoles, votan teledirigidos, es decir con mando a distancia, aunque el que tiene el mando en sus manos sea un guaperas populista. Pruebas de que los populares se encuentran en la misma situación y de que esto ocurre con la mayoría de los eurodiputados las tenemos a montones. ¿Para qué se van a tomar en serio los ciudadanos los temas de Europa, cuando saben que la mayoría de sus representantes en Europa son hombres de paja?

En segundo lugar, se ha confirmado también que los grandes partidos no se han percatado de que la sociedad está pidiendo unos cambios, tanto en España como en Europa, mucho más profundos. Un 20% aproximadamente de los ciudadanos europeos –muchos de ellos europeístas profundos- no estamos representados en el Parlamento Europeo. Otro porcentaje elevado no solo critica la marcha de la UE sino que pretende destruirla, y otro porcentaje, también elevado, está sembrando el suelo europeo de ideas xenófobas. Esta es la triste realidad. Ver cómo los gobiernos nacionales, que son los grandes partidos- se cocinan y se reparten el pastel de los grandes puestos en las instituciones europeas, es vivir con las orejeras puestas ante la realidad social.

¿Y qué decir de la ruptura de unos pactos que, aunque no fueran los más democráticos, eran los menos malos en el momento actual? No sé si se ha percatado de su enorme irresponsabilidad el recién estrenado secretario general de PSOE. Hasta ahora la única esperanza de que Europa pudiera salir a flote, y de paso que España también saliera, era la responsabilidad europeísta de los dos grandes partidos a nivel europeo. Si la confianza mutua entre ambos se rompe, la UE corre peligro de romperse también. ¿Se habrá dado cuenta Sánchez de lo que supone a este nivel el incumplimiento de la palabra?

Sin embargo no todo está perdido en Europa. Somos muchos los que queremos otra Europa, los que ante la pasividad de los grandes partidos y la irresponsabilidad de los políticos, pedimos una participación mucho más directa de los ciudadanos: elección directa de parte de los eurodiputados, del presidente de la Comisión Europea y del presidente de la EU, listas electorales transeuropeas, una Europa sin recortes sociales pero de austeridad en los gastos, que salve al ciudadano en apuros, lo mismo que ha salvado a los bancos. Deberemos prestar atención a la fuerza que va a ir adquiriendo en los próximos meses el movimiento “Newropeans”, plataforma que trata de unir a nivel europeo a todos los partidos europeístas medianos y pequeños. Lo que los grandes partidos ni siquiera han intentado, quizás lo podamos lograr los ciudadanos y los partidos pequeños