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La gesticulación permanente del 'procés'

José Antonio Sorolla
5 min

​Algunos de los más firmes propagandistas del procés, que suelen aunar su fe indestructible con la vocación de ser martillo de herejes, dicen ahora que el independentismo solo hace política de gestos y que carece de estrategia y de liderazgo. Bienvenidos al club.

La política de gestos se traduce, en efecto, en la agitación permanente, sin siquiera considerar las incoherencias y contradicciones en que cae. Veamos algunos de los últimos ejemplos.

El pasado martes, el Congreso de los Diputados concedió el suplicatorio (248 votos a favor y 91 en contra) para que Francesc Homs pueda ser juzgado por el 9-N. Como ya había ocurrido cuando declaró ante el Tribunal Supremo, los principales representantes del Gobierno catalán --con Carles Puigdemont y Oriol Junqueras al frente-- y de los partidos independentistas, incluidos el expresident Artur Mas y el diputado Lluís Llach, se desplazaron a Madrid para hacerse una foto tipo Novecento y protestar por el suplicatorio. Homs, sin embargo, se ha cansado de repetir que para él era "un honor" ser juzgado y condenado "por poner las urnas".

Homs se ha cansado de repetir que para él era "un honor" ser juzgado y condenado "por poner las urnas". ¿A qué viene entonces el refugio en el aforamiento?

Al margen de que no será juzgado por poner las urnas, como se repite constantemente, sino por desobedecer una orden del Tribunal Constitucional (TC), ¿a qué viene el refugio en el aforamiento si ser juzgado es un honor? Homs dice ser contrario al aforamiento, porque asegura que le perjudica, pero recurre a él interpretándolo además como un privilegio, que le distinguiría de Mas, Joana Ortega e Irene Rigau, quienes no necesitaron suplicatorio para ser encausados. El artículo 71.2 de la Constitución establece que los diputados "no podrán ser inculpados ni procesados sin la previa autorización de la Cámara respectiva", con objeto de que la vía penal no se use para perturbar el normal funcionamiento del Parlamento y condicionar la adopción de acuerdos. Solo en este supuesto, que no se da en el caso de Homs, está justificado denegar el suplicatorio. De hecho, la última vez que el Congreso negó un suplicatorio del Tribunal Supremo fue hace 28 años. Desde entonces, se han concedido todos en el Congreso y el Senado, la mayoría para parlamentarios del PP y del PSOE. No se puede estar por la supresión de los aforamientos y a la vez defender el suplicatorio.

Horas antes de la concesión, corrió por las redes sociales y en medios soberanistas una maldad infame contra el PSC. Junto a una foto del alcalde de Lleida, Àngel Ros, votando el 9-N, se aseguraba que el PSC iba a facilitar el juicio contra Homs después de haber participado en el 9-N. Ni el PSC participó en la consulta ni sus votos iban a decidir que Homs fuera juzgado, como es obvio.

Gestos, gestos y más gestos, que ni siquiera se tiene la valentía de asumir como lo que son o pretenden ser

Del mismo modo, la presidenta del Parlament, Carme Forcadell, se ha mostrado "honrada y orgullosa de poder defender la libertad de expresión de los diputados y diputadas" con motivo de su posible inhabilitación por permitir la aprobación por el pleno de las conclusiones de la comisión sobre el proceso constituyente, en contra de la orden expresa del TC. Esas conclusiones diseñan una hoja de ruta hacia la independencia y así se destacó con gran entusiasmo y aplauso al ser aprobadas. ¿Esa hoja de ruta se reduce ahora a un mero ejercicio de libertad de expresión? ¿En qué quedamos?

La misma hoja de ruta prevé la elaboración de una Constitución catalana. Sin embargo, cuando el Supremo confirma la inhabilitación del juez Santiago Vidal, redactor de un borrador de Constitución catalana, se alega, como hizo esta semana el vicepresidente Junqueras en la Cadena Ser, que el actual senador de ERC se limitó a hacer un ejercicio académico en sus horas libres.

Gestos, gestos y más gestos, que ni siquiera se tiene la valentía de asumir como lo que son o pretenden ser y que solo llevan al callejón sin salida del pueblo leridano de Montoliu, perfecta mefáfora del procés.

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¿Quién es... José Antonio Sorolla?
José Antonio Sorolla

Periodista desde 1974. Ha sido redactor jefe de El País, director adjunto de El Periódico de Catalunya y corresponsal de ambos diarios en París.