Juliana Canet, de profesión, adolescente

Guillem Bota
01.03.2021
5 min

Juliana Canet es una rubia que se levanta unos cuantos dineros públicos interviniendo en distintos programas de la tele y radio catalanas. Dicho así, no tiene nada de particular, no es la única rubia capaz de eso, la historia está llena de ellas. De hecho, incluso las morenas pueden ganarse bien la vida sin tener nada interesante en la cabeza. Y los rubios y los morenos también, que en Cataluña no se discrimina por razón de sexo, basta con que uno tenga claro a quien debe servir, para que se le abran todas las puertas, y con ellas, los presupuestos de la Corpo.

En fin, que la tal Juliana fue entrevistada hace unos días en TV3, y aseguró que la violencia en las manifestaciones callejeras que dejaron nuestra ciudad hecha unos zorros, estaba plenamente justificada. Bueno, en realidad ella, que se autocalifica de “experta en adolescentes”, dijo “justificadísima”, que es la forma como debe hablar cualquier experta en adolescentes que se precie. Hay que reconocer que la chica se frenó, porque a tenor de su aspecto y de lo que se intuye atesora en el interior de su cabecita, lo que le pedía el cuerpo era decir que la violencia está “tope justificadísima, tía”. Y que quemar contenedores ”es guay”.

Yo desconfiaría por principio de alguien que se titule “experta en adolescentes”, porque lo que nos está diciendo en realidad es que no ha conseguido superar todavía la adolescencia. Por eso es una auténtica experta, por la misma razón que mi vecina del tercero, la octogenaria señora Rosa, es una experta en ancianos. Lo sabe todo de ellos, igual que nuestra Juliana lo sabe todo de los adolescentes, desde como gustarle al chico que te gusta, a un tratamiento infalible contra el acné. Por eso es mejor no sacarla de esos sesudos temas, que se nos pierde, no sé, tía, es que los jóvenes somos así, jo, tía, y tal. De todas formas, oyéndola argumentar desde su boquita de piñón, no se puede más que reconocer que realmente está cargando a los jóvenes de razones legítimas para el uso de la violencia en las calles, aunque no por los motivos que esgrime, sino por uno mucho más obvio: si en verdad ella, tan limitada, representa a los jóvenes catalanes, es natural que éstos se expresen mediante la quema de contenedores y vehículos. ¿Cómo van a hacerlo, si no son capaces de discurrir ni de hablar?

Claro, tú llevas a la televisión a una experta en adolescentes que sigue inmersa en la adolescencia, y lo más normal es que hable como la adolescente inmadura que es. A ella no le importa que Barcelona pierda congresos y ferias a causa de los disturbios, al fin y al cabo, como buena adolescente, ya se encargará los papás de sufragarle la vida, aunque en su caso sea papá TV3 y mamá Catalunya Ràdio.

Antes, a los adolescentes como nuestra Juliana Canet, los sacábamos en cualquier programa de Torrebruno a que berrearan "Tigres, leones, todos quieren ser los campeones", así descargaban adrenalina, se quedaban satisfechos porque su primo los habría visto en la tele, y aquí paz y después gloria. Ahora, en cambio, por lo menos en los medios públicos catalanes, los sacamos en la tele para que nos ilustren con sus impresiones sobre lo que pasa en las calles, cuando la Canet apenas sabe lo que pasa en su cuerpo, que la adolescencia es época de cambios. Si por lo menos hubiera todavía programas de música en directo, la Canet podría encontrar ahí una ocupación, no como presentadora, Dios nos libre, pero da el pego como adolescente de las que se encabritan y chillan en cuanto sale el cantante guapo, siempre necesarias en el plató. No sé si Los Pecos o Iván siguen todavía en activo, pero Juliana Canet sería mucho más útil chillándoles "¡Queremos un hijo tuyo!" como era tradición en nuestro país, que analizando la violencia callejera y, encima, tratando de convencernos de que está justificada, perdón, justificadísima.

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¿Quién es... Guillem Bota?
Guillem Bota

Guillem Bota quiso ser siempre torero, pero haber nacido en un pueblecito de la provincia de Gerona (Fornells de la Selva, 1970) sin plaza de toros, le dificultó la vocación. No se rindió el maletilla, y embarcó en un carguero rumbo a América, con un hatillo y un viejo jersey de su madre que hacía las veces de capote, como único equipaje. Quiso la mala fortuna que el carguero atracara en Buenos Aires, ciudad en la que abundan las porteñas mas no los morlacos, con lo que desvió su atención de éstos a aquéllas, con desigual fortuna y algunas cogidas. A orillas del río de la Plata empezó a colaborar con distintos periódicos e incluso se atrevió con dos libros de relatos -le marcó conocer en persona a Roberto Fontanarrosa-­, siempre bajo seudónimo que ocultara a sus allegados el fracaso en la lidia. Regresó a su tierra más viejo pero más sabio y con cinco hijos allende los mares. Se instaló en el Ampurdán con la vana esperanza de que se le pegara algo de Josep Pla y de que no lo localizaran las madres de sus retoños.