Los Juegos Olímpicos de invierno, en Botsuana antes que en Cataluña

Guillem Bota
30.05.2022
5 min

Ahora sí, ahora no, ahora yo quiero el esquí alpino, ahora tú te quedas el curling y gracias, ahora me levanto yo de la mesa, ahora eres tú quien no quiere sentarse, ahora el nombre de Cataluña debe ir primero, ahora qué te has creído tú eso, Aragón debe ir antes, ahora vamos a consultar con las comarcas de montaña, ahora aplazamos la consulta. Y así llevamos meses organizando, es un decir, los Juegos Olímpicos de invierno de 2030. Conociendo cómo las gasta el Comité Olímpico Internacional, que huye de las polémicas como de la peste, imagino que sus reuniones no son nada plácidas.

-Señor presidente, los responsables de la candidatura española siguen peleándose cada día.

-¿Tenemos alguna otra candidatura, para unos Juegos Olímpicos de invierno?

-Solo la de Botsuana.

-Pues mucho mejor Botsuana que esos de Aragón y Cataluña, o Cataluña y Aragón, o como quieran llamarse.

Por si eso no fuera suficiente, también hay oposición a los juegos por parte de partidos como la CUP, e incluso se han creado plataformas ciudadanas contra tal acontecimiento deportivo. No, al COI no le agradan esas cosas, nada les gusta más que huir de polémicas y conceder los Juegos a sedes apacibles, que todo vaya como la seda. Bueno, quizás haya algo que les guste todavía un poquito más, como es que les regalen viajes y comilonas, pero ese es otro tema.

- Presidente, a la candidatura española le sale ahora posición interna.

-Dígales que tendremos en cuenta su candidatura, pero que sea mentira. Empiece a valorar el Sahara occidental como nueva sede.

Eso, por no mencionar que en el COI deben de estar al corriente de los habituales desencuentros entre el gobierno catalán y el español, así como de las periódicas pataletas que resuenan desde Waterloo. Bien es cierto que resuenan cada vez con menor intensidad, pero el COI tiene el oído fino, para esas cosas.

-Presidente, dicen los catalanes que España es un estado fascista.

- (Llorando) Harto, me tienen harto. ¿A qué lugar del planeta podemos mandar a los esquiadores olímpicos, que quede bien lejos de esos locos de atar?

-Deje que mire... Al Valle de la Muerte, en California, lo que ocurre es que ahí rozan los 50 grados de temperatura.

-Da igual, me lo van a agradecer. Mucho mejor eso, que aguantar a los pelmazos de los catalanes.

Muy lejos quedan los tiempos en que Cataluña, como parte de España, supo organizar los Juegos de 1992, en Barcelona, con todas las instituciones empujando a la vez para que así fuera. Claro que hubo también algún simulacro de oposición ciudadana, pero eran sobre todo jóvenes --angelitos-- que, bajo el "Freedom for Catalonia", no pretendían otra cosa que salir en una foto que les sirviera para más adelante hacer carrera en política, como así fue, no hay más que recordar algunos nombres: Joaquim Forn, Oriol Pujol, Francesc Homs, David Madí... Y aun así, mucho tuvo que ver en Barcelona 92 que el entonces presidente del COI fuera precisamente barcelonés.

Ahora, sin un Samaranch que echarnos al caletre, nadie cree probable que el COI cierre los ojos a todos los desmanes que suceden en Cataluña, y mucho menos a las diferencias dentro de la propia organización. Aunque tanto da, lo más probable es que en 2030, con los Juegos de invierno a punto de ser inaugurados en el Valle de la Muerte, todavía estén a la greña el gobierno catalán y el aragonés, y ahí sigan durante la ceremonia de clausura.

PD: Hace apenas unos meses, alguien habría recordado que en 2030 Cataluña ya no formaría parte de España y que, por tanto, no podría organizar conjuntamente con Aragón ni un torneo alevín de baloncesto. Ya nadie piensa en eso, por lo menos nos hemos librado de una de las tabarras recurrentes.

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¿Quién es... Guillem Bota?
Guillem Botap

Guillem Bota quiso ser siempre torero, pero haber nacido en un pueblecito de la provincia de Gerona (Fornells de la Selva, 1970) sin plaza de toros, le dificultó la vocación. No se rindió el maletilla, y embarcó en un carguero rumbo a América, con un hatillo y un viejo jersey de su madre que hacía las veces de capote, como único equipaje. Quiso la mala fortuna que el carguero atracara en Buenos Aires, ciudad en la que abundan las porteñas mas no los morlacos, con lo que desvió su atención de éstos a aquéllas, con desigual fortuna y algunas cogidas. A orillas del río de la Plata empezó a colaborar con distintos periódicos e incluso se atrevió con dos libros de relatos -le marcó conocer en persona a Roberto Fontanarrosa-­, siempre bajo seudónimo que ocultara a sus allegados el fracaso en la lidia. Regresó a su tierra más viejo pero más sabio y con cinco hijos allende los mares. Se instaló en el Ampurdán con la vana esperanza de que se le pegara algo de Josep Pla.