El Juan Palomo sanitario

Guillem Bota
03.01.2022
5 min

Es lógico que Cataluña vaya a invertir menos dinero en sanidad en 2022 que en los dos años anteriores. Hay cada vez menos catalanes a los que atender, entre los que van muriendo a consecuencia tanto del Covid como del colapso asistencial (causado en buena parte por los recortes en sanidad). Pero, además, gracias a la pandemia, el Govern catalán ha descubierto lo cómodo que es que los enfermos se queden en casa, así que no hará falta invertir mucho en sanidad.

-Si tiene usted síntomas que podrían ser de Covid, no se le ocurra acudir al médico, quédese en casa y hágase usted mismo un test de antígenos.

Por fin una Administración ha conseguido la cuadratura del círculo, y tratándose de ahorrar dinero es lógico que haya sido la catalana, nuestra fama no es gratuita. Lo mismo que se aconseja eso a los enfermos de Covid, se le aconseja a los que padecen otras enfermedades leves, como catarros o gripe. Eso, de momento. A la vista del ahorro que supone tan novedoso método sanitario, a no muy tardar se ampliará a las enfermedades graves. Y por supuesto a las gravísimas y terminales, esas con más razón: si va usted a morirse, hágalo en casa y deje en paz a los profesionales de la salud. El self-service sanitario ha venido para quedarse, más vale que ocupen ustedes el tiempo libre en buscar por internet tutoriales de medicina.

Entre las muchas ventajas de este revolucionario método de salud pública, no es la menor que el dinero que vamos a ahorrar en personal sanitario –por fin podremos seguir despidiendo— y en equipamientos, podrá dedicarse a temas que de verdad importan, que últimamente no inauguramos embajadas​ en el extranjero y hay mucho amigo que colocar. Y para contratar más altos cargos, que en Cataluña hay cuatrocientos de estos que cobran más que el presidente del Gobierno español. Una vergüenza: no hemos de cejar hasta que sean por lo menos mil, todos convenientemente acreditados con carné de uno de los partidos en el gobierno o, en su defecto, con el libro de familia que demuestre parentesco con un alto cargo ya en ejercicio de sus funciones.

Eso de que sea el propio enfermo quien se diagnostique la patología, la cure y se tramite la baja laboral, ese Juan Palomo sanitario –yo me lo enfermo, yo me lo curo— supone poder eliminar de un plumazo todos los hospitales catalanes, y lo más importante, también los profesionales sanitarios, unos pesados que no hacen más que reclamar mejores condiciones laborales, como si no tuviera el Govern prioridades más acuciantes. Ya que serán sus propios doctores y enfermeros, los pacientes podrán quedarse instalados en casa tan ricamente, donde van a estar mucho mejor que en un hospital, siempre frío e impersonal. Los medicamentos que se autoprescriban pueden pedirlos por Amazon.

Leía hace poco que en España la media de espera para ser atendido por el médico de cabecera es de cinco días, mientras que en Cataluña es de 12. Esta diferencia abismal deja en muy mal lugar a los responsables de la sanidad catalana. Gracias al self-service sanitario esto va también a acabarse: en adelante, la media de espera en Cataluña pasará a ser cero, todos los enfermos serán atendidos al instante, en el mismo instante en que presenten el primer síntoma, puesto que se van a atender ellos mismos, ya estén en casa o en el metro.

Como se ve, el Juan Palomo sanitario no ofrece más que ventajas: descongestión sanitaria, ahorro, premura en atender a los pacientes y posibilidad –más bien obligación— de pasar la convalecencia en casa, rodeados de seres queridos. Para que después digan que la pandemia ha sido una desgracia. Será en otros lugares, no en Cataluña.

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¿Quién es... Guillem Bota?
Guillem Botap

Guillem Bota quiso ser siempre torero, pero haber nacido en un pueblecito de la provincia de Gerona (Fornells de la Selva, 1970) sin plaza de toros, le dificultó la vocación. No se rindió el maletilla, y embarcó en un carguero rumbo a América, con un hatillo y un viejo jersey de su madre que hacía las veces de capote, como único equipaje. Quiso la mala fortuna que el carguero atracara en Buenos Aires, ciudad en la que abundan las porteñas mas no los morlacos, con lo que desvió su atención de éstos a aquéllas, con desigual fortuna y algunas cogidas. A orillas del río de la Plata empezó a colaborar con distintos periódicos e incluso se atrevió con dos libros de relatos -le marcó conocer en persona a Roberto Fontanarrosa-­, siempre bajo seudónimo que ocultara a sus allegados el fracaso en la lidia. Regresó a su tierra más viejo pero más sabio y con cinco hijos allende los mares. Se instaló en el Ampurdán con la vana esperanza de que se le pegara algo de Josep Pla.