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Jordi Pujol: "La independencia de Cataluña es inviable" (y 2)

Roberto Giménez

por Roberto Giménez

09.06.2016
8 min

En mi carta del domingo reproduje una carta enviada la Semana Santa de 2012 a Jordi Pujol. Le planteé diez preguntas concretas, a saber: en una independencia ¿quien pagaría a los parados?; ¿y las pensiones?; ¿qué sería de nuestras onzas de oro depositadas en el Banco de España?; ¿y de nuestra parte de los Derechos Especiales de Giro que garantizan las transacciones internacionales?; ¿cómo evitar no salir de la UE, porque el ingreso de un nuevo Estado tiene que ser por unanimidad?; ¿qué pasaría con el turismo nacional; cómo se resentirían nuestras exportaciones al mercado del resto de España?; ¿cómo evitaríamos pasar del Dret a Decidir al Derecho a Decidir?, porque sociológicamente hay mayoría social que tiene el castellano como lengua materna; ¿habrá que reinstaurar el servicio militar obligatorio para tener un Ejército propio?; y la décima: ¿que pasaría con el Barça?

Esta fue su respuesta:

Distinguido señor,

Disculpe que haya tardado tanto en contestar su e-mail del 12 de abril. No ha sido por desinterés. Le adjunto unos cuantos escritos míos. Le podría enviar más, pero creo que hay suficiente para que vea que yo no he sido independentista. Y también verá que soy consciente que es muy difícil conseguir la independencia. Si no fuera porque no hay nada imposible (la Historia lo demuestra), podríamos decir que es inviable. Lo malo es que las condiciones que se imponen a Cataluña desde hace unos años también la hacen inviable. Entiéndame: inviable como identidad, como sociedad cohesionada, como país consistente y capaz de integrar a su población, como economía moderna y capaz de crear un buen Estado del Bienestar. En la situación actual, sin esto, Cataluña no se aguanta.

O sea, usted tiene razón. Pero es una razón que hoy nos llevaría a lo que nos dice gente importante de Madrid: "Dentro de dos generaciones habréis desaparecido". Y, ante eso, algunos nos oponemos. Yo personalmente por primera vez desde hace más de sesenta años. El resultado será el que sea. Y del todo imposible no hay nada. Tenemos que mantener viva nuestra creatividad, nuestra ambición, nuestro sentimiento colectivo y nuestra esperanza. Ya le he dicho que entiendo sus argumentos. Pero en sus argumentos, y otros como los suyos, encuentro a faltar una cosa. ¿Ustedes qué proponen? ¿Simplemente aceptar el trato que ahora nos imponen? Comprendo la crítica de ustedes, pero la crítica y solo la crítica, es tan fácil... O es que ya os está bien eso de que "dentro de dos generaciones..."?

Me gustaría que en esta respuesta mía usted vea un espíritu dialogante. De lo contrario, no habría contestado. O le habría hecho una carta de circunstancias.

Atentamente,

Jordi Pujol

Y esta fue mi réplica:

Le agradezco su sincera respuesta y le he de confesar que no esperaba que me dijera "O sia que vostè te raó". No es uso frecuente que un político, siquiera en la reserva activa, dé la razón a quien no piensa como él, y eso, ex president, le honora por encima del título vitalicio que ostenta. Como mi carta, y ahora la suya, se publicó en esta Revista y por lo tanto son muchos miles de vallesanos los que leyeron aquella y con mayor interés leerán la suya, debo responder como director de la misma a esa pregunta que deja flotando en el aire, y que no deja de ser una insidia aventar que tal vez yo sea como uno de esos madrileños que, según usted comenta, quieren acabar en dos generaciones con Cataluña. Y esa malicia me ofende y debo contestarla porque en este sentido me importa la opinión de los lectores más que la suya, por razones obvias y porque al no conocerme es fácil equivocarse.

Mire, le voy a hablar con la misma franqueza con la que usted se expresa y seguro que me entenderá perfectamente porque hablaré en su misma longitud de onda, es decir la del sentimiento que es la forma más directa que tienen las personas que quieren entenderse.

Mis abuelos están enterrados en tierra catalana, los abuelos de mis hijos, también. Es decir, mis hijos son catalanes de tercera generación, por parte de padre, y de madre... se pierde en la historia. Entenderá, pues, que yo soy y me siento catalán. Mis tradiciones, usos y costumbres, en lo bueno y en lo malo, son catalanas. Yo soy de esta tierra y, cuando Dios quiera, aquí me enterrarán. Ahora bien, también le tengo que decir que soy consciente de que no soy un bolet de tercera generación nacido de la nada por generación espontánea, sino que mi sangre y las raíces de mis antepasados se hunden en el Pirineo del Alto Aragón oscense. De allí proceden originariamente mis ancestros, y en mi casa mamé esa doble condición familiar catalana, de origen aragonés. Es la cadena de mi ADN genético, y ni quiero liberarme ni puedo renunciar a lo que soy, por eso no entiendo ese discurso de Cataluña y España como binomio enemigo, de que España quiere acabar con Cataluña. No entiendo esta dialéctica de los separatistas ni la de los separadores. No la entiendo porque yo me siento español... porque he nacido en Cataluña, y catalán porque lo soy y amo a mi tierra. Aragón es la entrañable tierra de mis antepasados, pero esta es la mía. Si no se me entiende es porque no he sabido explicarme mejor.

No quisiera molestarle con esta afirmación: no estoy de acuerdo en su tesis principal y mayor y que, desgraciadamente, orienta su discurso actual y que, en mi opinión, le desnorta. A saber, no creo que exista en España ninguna persona con dos dedos de frente que quiera que Cataluña desaparezca. Como nadie en su sano juicio quiere que desaparezca Galicia o el País Vasco. No tiene ningún sentido. La realidad es la que es. A unos les podrá gustar más y a otros menos. Como a nivel particular a nosotros nos puede gustar más o menos las dos comunidades, también históricas, que he citado. Sí que hay quienes piensan, como Ortega y Gasset, que España y Cataluña, si no amarse, están condenadas a conllevarse... Que es una cosa bien distinta a la de desaparecer. Y que, por cierto, me desagrada profundamente, porque es mucho mejor amar a conllevarse.

Ud. lo sabe tan bien como yo, y acabo ya: dejando a un lado la demagogia al uso, la inviabilidad de la independencia no solo es por razones de política internacional o de economía doméstica sino que el gran problema es la ruptura afectiva en Cataluña. Y en parte esta herencia le atañe directamente, ¡y esta sí que es de mal gobierno!

Roberto Giménez

PD: La carta de Jordi Pujol la escribió en catalán, la he traducido porque Crónica Global se lee en toda España.

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