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¿Indultos, reforma de la sedición? Malas noticias para irredentos

Jordi Mercader
6 min

Miquel Iceta defendió en campaña electoral el indulto para los dirigentes independentistas juzgados y los expertos electorales de su partido fijaron el coste de sus palabras en la pérdida de cien mil votos. El cálculo es discutible, lo cierto fue que el vendaval de criticas recibidas desde sus propias filas fue mayúsculo. Ayer, el ministro de Justicia del gobierno PSOE-Unidas Podemos, Juan Carlos Campo, no hizo otra cosa que cumplir con el procedimiento ante una petición de indulto, tramitarla. Formalmente, ninguno de los condenados ha solicitado de su puño y letra la medida de gracia del Estado, porque oficialmente están por la amnistía, que además de eximirles de cumplir lo que les resta de pena les exoneraría del delito.

El anuncio del ministro ha sorprendido de todas maneras a irredentos de todas las familias cuando estábamos todavía pendientes de la fiabilidad del nuevo compromiso gubernamental para reescribir el delito de sedición en términos no aplicables a lo sucedido en septiembre-octubre de 2017, o incluso eliminarlo del Código Penal. La suma de las dos iniciativas señala de forma inequívoca que algo se mueve en la dirección correcta para pacificar el tablero catalán, muy alterado por el largo encarcelamiento de los dirigentes del procés, la inexistencia de propuestas concretas para abordar el conflicto y las amenazas de repetición de choque frontal con la legalidad.

Ni el indulto ni la revisión del delito de sedición implican en si mismos ningún avance en la formulación política de una salida para el conflicto político que permanece encallado desde que el intento de 1978 se frustró al poco de diseñarse. Sin embargo, aportaran, de producirse, una mejora de las condiciones para pensar seriamente en cómo resolverlo. Ahora mismo, esto no es posible, la permanencia en la cárcel de los dirigentes independentistas supone un impedimento político y emocional para cualquier iniciativa política, mesa de negociación incluida.

El hecho de que los políticos encarcelados en su propósito de alcanzar su objetivo (perfectamente legítimo) erraran en el discurso (una fábula repleta de mentiras), en el método (la ignorancia de la ley) y en el cálculo (la fuerza del estado y la resistencia de media Cataluña) no diluye la nube de incomodidad democrática por la desproporción del castigo que domina el estado de ánimo mayoritario en Cataluña. Los indultos y las consecuencias retroactivas de la modificación del Código Penal deberían ayudar a levantar esta nube tóxica.

El sentido de las iniciativas no presenta mayor dificultad desde la perspectiva del PSOE y Unidas Podemos, necesitan apostar previamente por la reconciliación para asentar cualquier proceso de diálogo creíble, aunque les vaya a costar una bronca monumental con el PP y la derecha mediática. La coincidencia de estas sugestivas novedades con las urgencias de la negociación presupuestaria puede alertar de un exceso de tacticismo y un defecto de sinceridad, lo que puede restarle perspectivas y ofrecer a la derecha inmovilista el consabido argumento de la venta de España por unos votos. Pero en algún momento hay que empezar a reconducir el desastre

Las dudas están en el campo independentista y en los numerosos campamentos desperdigados por el mismo a día de hoy.  Salir de la cárcel cuanto antes, aunque sea con un papel de gracia firmado por el detestado rey de los españoles, puede ser satisfactorio para algunos o algunas de los condenados; para otros, es previsible que la libertad les llegará con los beneficios de la reforma del delito de sedición; pero ¿cómo reaccionaran quienes conviertan la reivindicación de la amnistía o nada en programa político?

El independentismo ha demostrado que necesita muy poco para enfrentarse a sus demonios. Y entre el indulto (se perdona la cárcel pero el delito queda ahí) y la amnistía (el Estado asume sus errores) hay una distancia sideral y una lectura política substantiva que permitiría sostener la principal acusación del independentismo: el Estado no administra justicia sino represión. Los próximos meses clarificarán el resultado y los efectos internos en cada bloque de las iniciativas lanzadas por el gobierno de Pedro Sánchez; sin embargo, no es difícil de pronosticar que para la auténtica reconciliación en Cataluña y para la recuperación de la confianza institucional entre el Estado y la Generalitat faltará todavía alguna cosa más: la declaración pública de aceptación de la Constitución por parte de los dirigentes del procés.

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¿Quién es... Jordi Mercader?
Jordi Mercader

Periodista, analista de la actualidad y escritor.