¿Indultos? Esa no es la cuestión

Manuel Peña Díaz bw
6 min

La inminente concesión de los indultos ha generado un debate que oscila entre el inmovilismo de la oposición y la magnanimidad del Gobierno, todos ellos cortoplacistas. El simplismo de la propaganda sanchista, con Ábalos y Calvo al frente, ha reducido las protestas en contra a una pataleta de las derechas, abandonando a su suerte a aquellos ciudadanos de izquierdas que consideran que los delincuentes presos no merecen recibir esa medida de gracia, visto su arraigado odio, falta de arrepentimiento y su insistente “ho tornarem a fer. En la otra acera, la oposición ha cometido un error mayúsculo al desgajar del constitucionalismo, tal y como manifestó Rosa Díez, a aquellos que se han posicionado a favor del indulto. Todos --Gobierno, oposición y nacionalistas-- tienen razones legítimas para comportarse como lo hacen. Pero cuando este tipo de actuaciones, respetables y hasta comprensibles, se entrecruzan el resultado no puede ser otro que una crisis o un enfrentamiento.

Sea por un lopesco castigo sin venganza o cualquier otra peregrina razón, la concesión o el rechazo a los indultos no conlleva atisbo alguno de solución del problema separatista. Cuesta creer que Sánchez y sus áulicos asesores consideren que con esta generosa medida se allana el camino para encontrar una salida al reto independentista. Es sabido que la única concesión que aliviaría el meato nacionalista es, como mínimo, un referéndum vinculante para la autodeterminación. Y si el resultado no es favorable, debería haber convocatorias sucesivas hasta conseguir vencer con la mitad más uno de los votantes, aunque sean tres. La paradoja de este enredo es que mientras el tiempo pasa, sin conceder esa innegociable exigencia, continúa ganando la estrategia multilateral que lidera el beato Junqueras, a saber: mantener viva como sea la tensión con el Estado mientras crece poco a poco el apoyo entre los jóvenes, y prolongar el enganche a los que ya están convertidos al dogma indepe mediante la administración de dosis diarias de la droga sintética de liberación nacional, en tanto que son los votantes que darán la mayoría amplia y rotunda a la cansina aventura separatista antes de que acabe esta década.

En este contexto de captación, el papel de castellanohablantes como Rufián es decisivo. Es comprensible que el diputado populista denomine como narcosala la última concentración en la plaza de Colón. Es un término muy familiar para los republicanistas, pues con él califican, de puertas adentro, la preocupante situación en la que se mueve la gran mayoría de los seguidores independentistas, que piden más y más dosis. Rufián tiene razón, la diferencia entre ambas narcosalas reside en la excelente calidad de la sustancia alucinógena que ellos administran diariamente, respecto a la que puntual e imaginariamente se consumió en Madrid el pasado día 13.

Ahora y antes, la cuestión decisiva no son los indultos, sino cómo va a responder el Gobierno central ante la organización de una nueva consulta o de otra previsible declaración de independencia. Todavía estamos pagando la pasividad e indolencia de Rajoy ante el golpe fascistoide de los días 6 y 7 de septiembre de 2017. La ciudadanía debería saber cómo piensa actuar Sánchez cuando, inevitablemente, se repita ese momento tan anunciado. Si la respuesta es una suerte de vaguedades como diálogo y más diálogo, ya sabemos que el tancredismo de Rajoy es el único abrevadero de buena parte de los actuales líderes. Cabe la opción más recurrida, ruin y mezquina, que no es otra que el cinismo nacionalista vasco en estado puro: rentabilizar el miedo a la independencia como antes lo fue al terrorismo. Es decir, todo es negociable, todo cuesta dinero, dinero y más dinero. No debería extrañar que el Gobierno central siempre haya estado dispuesto a ceder, y ahora más que nunca, aunque sea a costa del bolsillo del resto de la ciudadanía.

Una duda: ¿merece la pena seguir pagando al separatismo mientras gana tiempo? O, aunque quizá sea tarde, ¿se debería invertir ese dinero de todos en desactivar de una vez por todas la narcosala independentista? Ante esta disyuntiva, la concesión de los indultos es inútil y su polémica una pérdida de tiempo y consenso constitucional, lo más valioso de lo que ya nos va quedando poco, muy poco.

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¿Quién es... Manuel Peña Díaz?
Manuel Peña pila

Historiador y profesor universitario, autor de Una Historia no oficial de Cataluña (2019), Historias cotidianas (2019) y Andalucía: Pasado y presente (2020).