Tras los indultos, ¿diálogo para qué?

José Antonio Sorolla
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Los presos independentistas ya están definitivamente en la calle. Salieron el miércoles con muestras de euforia, repitiendo las reivindicaciones de la amnistía, el derecho de autodeterminación y la independencia, y con discursos irreductibles en la explanada frente a Lledoners. Ninguna sorpresa. Es lo que tenía que ocurrir y ocurrió. Tampoco hay que darle demasiada importancia porque lo sustancial no es lo que sucedió a la salida de las cárceles, sino lo que tiene que pasar de ahora en adelante.

El Gobierno había aprobado el día anterior los nueve indultos por razones de “utilidad pública”. Son indultos parciales, que perdonan el tiempo que restaba de condena y la malversación, pero no la inhabilitación, que seguirá siendo absoluta para el ejercicio de cargos públicos, hasta el año 2031 en el caso de Oriol Junqueras, por ejemplo. Los indultos son, además, reversibles, con un periodo establecido para su anulación en el caso de que se produzca una reincidencia en los delitos. Los plazos van desde los tres años en el caso de Dolors Bassa hasta los cinco para los Jordis, Jordi Cuixart y Jordi Sànchez, o los seis para Junqueras.

En sus reiteradas intervenciones para justificar los indultos, Pedro Sánchez ha utilizado palabras como “concordia, convivencia, diálogo, reconciliación” o “reencuentro”. En su discurso en el Liceu, destacó que la decisión de los indultos “podría parecer que les afecta solo a ellos [los nueve presos], pero se dirige al conjunto de la sociedad catalana y española”; valoró que “el coste social de mantener la situación en que nos encontramos es alto y prohibitivo”; aseguró que lo único que se exige a los perdonados es que se atengan al pacto constitucional, sin que hayan de renunciar a sus ideas; aseveró que la “democracia española es fuerte con la ley y la justicia, pero es todavía más fuerte con los demás instrumentos de la política: con las razones, con los valores, con las emociones, con el diálogo, con todo aquello que nos permite convencer, que es la forma más duradera de vencer”, y ensalzó la unión de todos los pueblos de España basada en la ley, pero también en el respeto, el sentimiento y el afecto.

Este esfuerzo de pedagogía para explicar la decisión probablemente más difícil de su mandato ha sido rechazado por la derecha con gruesos calificativos y recibido por los independentistas con la repetición sistemática de sus tradicionales consignas. El presidente de la Generalitat, Pere Aragonès, en una declaración institucional, reclamó la amnistía y la autodeterminación, pero concedió que la decisión de los indultos “puede dar credibilidad” a la voluntad de diálogo del Gobierno y se comprometió a “dedicar todos los esfuerzos” para hacer posible una “nueva etapa de negociación”.

La pelota está ahora en el lado del independentismo, que debe mover ficha después de meses de sostener que ningún diálogo era posible hasta que los presos no salieran de las cárceles. La primera cita para el diálogo es la que mantendrán el martes día 29 los presidentes del Gobierno y de la Generalitat en la Moncloa. En ella se abordará la cuestión de si se reúne inmediatamente la mesa de diálogo entre gobiernos, como quiere la Generalitat, o se aplaza a septiembre, como parece que pretende el Gobierno.

Las posiciones están muy alejadas porque el Gobierno quiere tratar, como punto de partida, de la llamada Agenda del Reencuentro, que Sánchez entregó a Quim Torra en febrero de 2020 y que contiene las 44 medidas que la Generalitat reivindica desde hace tiempo. Ahí están la mejora del sistema de financiación, la desjudialización de la política, traspasos de competencias encallados o el aumento de las inversiones del Estado en Cataluña. El Govern, por su parte, aspira a trasladar estos temas a la Comisión Bilateral Estado-Generalitat y reservar la mesa de diálogo para temas más políticos como el derecho de autodeterminación, el referéndum acordado y la amnistía.

Pero, “para no asfixiar el diálogo antes de que comience”, como ha dicho la ministra portavoz del Gobierno, María Jesús Montero, la parte catalana tendrá que salirse de alguna manera del guion de la autodeterminación y la amnistía, dos cuestiones que ningún Gobierno español puede aceptar, y rebajar esos planteamientos.

Consciente de que él ha dado el primer paso con la concesión de los indultos, Pedro Sánchez emplazó el miércoles al portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián, a que explicara los planes de su partido después de la medida de gracia que ha tomado el Gobierno. Rufián le devolvió la cuestión, pero lo cierto es que ahora es ERC como partido que preside la Generalitat la que debe tomar la iniciativa y en concreto el president Pere Aragonès. Si el diálogo tiene que comenzar, en lo que se ha dado en llamar “un tiempo nuevo”, el Govern debe plantear propuestas que vayan más allá --o más acá-- de la retórica imposible de la amnistía, la independencia y la “República catalana”.                

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¿Quién es... José Antonio Sorolla?
José Antonio Sorolla

Periodista desde 1974. Ha sido redactor jefe de El País, director adjunto de El Periódico de Catalunya y corresponsal de ambos diarios en París.