Los problemas catalanes y sus parásitos

Joan Ferran
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Sabias palabras las de Daniel Innerarity cuando nos dejó dicho vía tuit en vísperas del 14F que la gran divisoria en las elecciones catalanas no era entre soberanistas y constitucionalistas, o entre derechas e izquierdas, sino entre quienes quieren arreglar el problema y quienes prefieren parasitar en él. Confieso que la otra noche, siguiendo el debate de La Sexta, me entristecí. Por un momento pensé que este país no tiene remedio, que lo irracional se ha merendado el sentido común. Cuando algunos aspirantes a gobernar ocultan su mediocridad bajo la capa del grito destemplado, la calumnia  y la gesticulación, vamos mal; tenemos un serio problema como sociedad.

Tras esta década ominosa que nos ha deparado el procés, el oasis catalán se ha convertido en una ciénaga de aguas turbias. Y es en ese tipo de situaciones donde siempre hay alguien dispuesto a remover el lodo y las bajas pasiones. Hoy, a la vista del mensaje que se desprende de los resultados electorales, y de algunas reacciones al mismo, me vienen a la mente personajes ilustres de nuestro pasado que intentaron buscar salidas. Prohombres del país que, por desgracia, no fueron suficientemente escuchados por sus coetáneos. Pienso en el que fuera consejero de la Generalitat republicana y presidente del Parlament en el exilio, Manuel Serra i Moret. Pienso también en Amadeu Hurtado, prestigioso abogado colaborador de Francesc Macià y Lluís Companys, diputado en las Cortes republicanas.

Ambos intentaron inocular, con escaso éxito, dosis de serenidad y sosiego en la política catalana. Cuenta el historiador, Pere Foix, que fue precisamente Manuel Serra i Moret quien, en vísperas del 6 de octubre de 1934, planteó a Lluís Companys la tesis de que los partidos políticos podían errar y equivocarse puesto que, con posterioridad, las urnas podían castigarles y ellos enmendar errores. Pero acto seguido le advirtió al president que “la Generalitat no puede arriesgar su existencia con aventuras temerarias dado que una derrota sería un cataclismo irreparable”. Acertó.

Si en Cataluña alguien insiste en cerrar salidas y lanzar la nave contra las rocas la decadencia está asegurada. Hay quien flota en política haciendo ruido, agitando la coctelera del enfrentamiento permanente contra el estado. A más de un confeccionador de cordones sanitarios le convendría repasar aquel fragmento del dietario de Amadeu Hurtado que dice: “El pueblo siente inquietudes que no sabe formular, pero tampoco encuentra ningún partido que sepa concretarlas... Se necesitarían hoy en el Govern hombres expertos en el arte de la esgrima, y los que tenemos ahora conocen mejor el arte de las pedradas”.

Clarividente Hurtado, al igual que Serra i Moret, pugnaba por conseguir diálogo y entendimiento. Los ciudadanos de Cataluña han votado preferentemente a formaciones y partidos dispuestos a salir del bucle en el que nos sumió el procés. Salvador Illa trae otra forma de enfocar las tareas pendientes. Urge que los que han vivido instalados en el conflicto archiven su retórica vacua y ayuden a encontrar salidas. Repetir elecciones no solucionaría nada. Los parásitos suelen debilitar los organismos sobre los que asientan sus posaderas. Este país necesita aire fresco para reencontrarse a sí mismo, necesita reabrir los caminos que hasta ayer permanecieron bloqueados. El diálogo, sin condiciones previas, puede ser un eficaz vermífugo.

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¿Quién es... Joan Ferran?
Joan Ferran

Licenciado en Filosofía y Letras y diplomado en Historia contemporánea. Ex diputado autonómico del PSC. Autor de diversos libros, tertuliano y colaborador en diferentes medios de comunicación.