El independentismo folclórico

José Antonio Sorolla
5 min

Los tres diputados presos de Junts per Catalunya (JxCat) han pedido, en una carta de siete folios a la dirección del partido, la abstención en la investidura para facilitar la elección de Pedro Sánchez. En la carta, Jordi Sànchez, Josep Rull y Jordi Turull rechazan, al parecer, la unilateralidad y defienden que la investidura de Sánchez aportaría estabilidad en una legislatura en la que habrá que abordar las consecuencias de la sentencia del Tribunal Supremo sobre el procés.

Otro de los presos de JxCat, ahora concejal electo de Barcelona, Joaquim Forn, ya se pronunció durante la campaña electoral a favor de facilitar la investidura incluso sin nada a cambio. De la misma opinión es el reaparecido Artur Mas, quien, después de entrevistarse en Waterloo con Puigdemont hace diez días, declaró: “Entre alguien que te quiere arrasar y alguien que no te ayudará pero puedes pactar que no te arrase, si quieres sobrevivir, aguantar y avanzar, prefiero este alguien”.

Sin embargo, la batalla de esta posición, más pragmática, no está ganada. Enfrente afila sus armas el puigdemontismo irredento. Carles Puigdemont y su núcleo duro en el Congreso –los diputados Laura Borràs, Míriam Nogueras y su abogado Jaume Alonso-Cuevillas— se oponen a investir a Sánchez. También lo hacen sus seguidores en el Parlament, encabezados por el vicepresidente Josep Costa y agrupados en Junts per la República, que ya ha publicado un comunicado pidiendo el no al candidato de un partido “del bloque del 155” y en el que se permitían, antes de la carta de los presos, interpretar los deseos de los encarcelados --sin contar con ellos, claro--. En el debate sobre los presupuestos, Puigdemont y los suyos ya no hicieron caso a los presos, que, sobre todo Jordi Sànchez, pidieron desvincular la votación presupuestaria de su situación de encarcelamiento. En este caso, sin embargo, ERC también se alineó con el radicalismo que ahora censura.

Porque lo que ocurre en Cataluña es que quienes más hablan de los presos son los que menos les consideran en las decisiones trascendentes. Mucho recibimiento en Lledoners, mucho Joan Bonanit, muchos saludos, muchas estelades, pero el irredentismo queda reducido en el fondo al independentismo folclórico.

Forma parte de él la presentación esta semana en el Parlament de una Iniciativa Legislativa Popular (ILP) para volver a declarar la independencia y que no pasó de la Mesa porque ERC se abstuvo por problemas de forma –no es la manera de declarar una DUI— y de fondo, ya que era solo un gesto “de cara a la galería”.

También pertenece al independentismo folclórico la presentación de la nueva Diada bajo el lema de la “unidad estratégica” mientras JxCat y ERC no desaprovechan cualquier oportunidad para pelearse. Este año, la manifestación formará una estrella con epicentro en la plaza de Espanya y llenará las avenidas que en ella confluyen: calle de Tarragona, Paral·lel, Gran Via y Maria Cristina. El folclore incluye, naturalmente, la venta de camisetas, esta vez en tono azul celeste, que la exconsellera Clara Ponsatí, sin pelos en la lengua, ha rechazado en un tuit contundente: “Prou samarretes”.

El boicot gubernamental a la visita del Rey a Cataluña también forma parte del menú del independentismo folclórico. Ni el president Quim Torra ni ningún consejero del Govern asistieron a la cena presidida por Felipe VI con motivo de la Noche de la Logística y la entrega de los premios SIL, concedidos a grandes empresas, en la que participaron autoridades del Gobierno central y de la comunidad de Aragón. El independentismo folclórico ha perdido ya hasta la buena educación.

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¿Quién es... José Antonio Sorolla?
José Antonio Sorolla

Periodista desde 1974. Ha sido redactor jefe de El País, director adjunto de El Periódico de Catalunya y corresponsal de ambos diarios en París.

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