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El independentismo alcanza el 50% del 50%

José Antonio Sorolla
7 min

Una semana después de las elecciones autonómicas --victoria del PSC, pero mayoría independentista--, se ha abierto el baile de las negociaciones para formar un Govern, que no va a ser un plácido y armonioso vals, sino una contorsión de rock duro. A las dificultades para que haya un entendimiento entre los socios del Gobierno saliente, Junts per Catalunya (JxCat) y ERC, se han sumado las consecuencias de las manifestaciones en las calles en protesta por el encarcelamiento del rapero Pablo Hasél.

La primera consecuencia es que la CUP, socio imprescindible para un Gobierno independentista, ha endurecido sus posiciones a la vista de la actuación de los Mossos d’Esquadra en las protestas. Tras los primeros disturbios violentos en las calles de Barcelona y de otras ciudades catalanas, a la CUP no se le ocurrió otra cosa que pedir la disolución de la Brimo (la Brigada Móvil de los Mossos). Después se añadieron la petición de dimisión del conseller de Interior, Miquel Sàmper, el cambio del modelo de seguridad, el fin de la “represión” y de las balas de foam y la retirada de las acusaciones que ejerce la Generalitat contra manifestantes independentistas, con peticiones de prisión en algunos casos.

Representantes de la CUP han considerado que la unidad independentista será “muy difícil” debido a la “brutalidad” de los Mossos. Su cabeza de lista, Dolors Sabater, acusó en TV3 a Sàmper de “criminalizar la protesta” y de no criticar a los Mossos. El conseller, sin embargo, se apresuró a plantear la revisión del modelo policial y a declarar que nunca más podía producirse un herido de gravedad en una manifestación --¿cómo lo puede garantizar?--,  después de que una joven hubiera perdido un ojo. Sabater expuso también la curiosa teoría de que “las manifestaciones son pacíficas y se vuelven violentas cuando hay un enfrentamiento directo con la policía”.

Pero que la CUP piense esto entra dentro de lo previsible. Lo que no lo es tanto es que JxCat, el partido al que pertenece el conseller de Interior, califique la actuación de los Mossos de “inaceptable”, exija responsabilidades y censure la actuación de la policía autonómica. De todas formas, vistos los antecedentes en los altercados tras la sentencia del procés, cuando las autoridades, incluido el presidente de la Generalitat, criticaban más a los Mossos que a los manifestantes violentos, en Cataluña ya no extraña nada. La revisión del modelo policial, ya que se propone, debería servir para asumir de una vez por todas el papel de la policía en una sociedad democrática y para acabar con esta relación malsana de desconfianza entre las autoridades políticas y los Mossos cada vez que se presenta la oportunidad.

Estos acontecimientos han irrumpido inesperadamente en las conversaciones para formar Gobierno y condicionan la negociación. Aunque Salvador Illa ha iniciado contactos con todos los grupos, excepto Vox, en su condición legítima de ganador de las elecciones, todo indica que el campo de juego va a establecerse en el terreno independentista. Tanto ERC como JxCat han iniciado los contactos con la CUP. Pero mientras Esquerra dice querer un Govern amplio no unilateralista con participación de la CUP y los Comuns --su líder en Madrid, Gabriel Rufián, excluye a JxCat--, Junts no acepta a En Comú Podem en el Ejecutivo. Y en este caso el veto es mutuo porque los Comuns se niegan a integrarse en un Gobierno en el que participe el partido de Carles Puigdemont.

Para propiciar un Govern solo independentista, Puigdemont y Laura Borràs, que ha acudido a Waterloo a recibir instrucciones, aducen el nuevo mantra del independentismo: que ha superado el 50% de los votos. La afirmación es tan reiterativa como falsa. Los tres partidos independentistas que han obtenido escaños --ERC, Junts y la CUP-- suman 1.360.696 votos y un porcentaje del 48,01%. Únicamente si se suman los votos del PDECat, 77.059 y un 2,72%, el independentismo alcanza el 50,73%. Pero, ¿desde cuándo se suman los votos extraparlamentarios para obtener la mayoría? La respuesta: desde ahora porque conviene. Así, a fuerza de repetirlo, se ha instalado en los medios y en la opinión pública el sorpasso del 50%. Y eso que, con una participación de solo el 53,54%, en realidad el porcentaje obtenido por los independentistas es el 50% del 50%.

JxCat y la CUP van a presionar a ERC con la unilateralidad, que puigdemontistas y cupaires colocan entre sus objetivos inmediatos, mientras que Esquerra no ha renunciado a la vía unilateral, pero la relega. Junts y la CUP pretenden que ERC se comprometa a volver a la vía unilateral si fracasa la mesa de diálogo con el Gobierno de Pedro Sánchez que se reanudará en cuanto se forme Gobierno.

Las negociaciones serán difíciles, pero lo más probable es que los tres partidos acaben poniéndose de acuerdo. La CUP está dividida entre partidarios y detractores del Govern independentista y Junts puede amagar con pasar a la oposición para presionar a ERC desde el exterior, pero al final primará más seguir en el poder que quedarse fuera, donde, como se sabe, hace mucho frío.           

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¿Quién es... José Antonio Sorolla?
José Antonio Sorolla

Periodista desde 1974. Ha sido redactor jefe de El País, director adjunto de El Periódico de Catalunya y corresponsal de ambos diarios en París.