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Ideologías fundamentadas en el odio

Manel Garcia Biel
7 min

La fiebre del nacionalismo ha sido la causa de mucho dolor, sufrimiento y enfrentamientos en Europa desde los inicios del siglo XX hasta ahora.

Ya la Guerra del 14 fue un enfrentamiento entre los nacionalismos económicos francés y alemán y que tuvo su inicio en los Balcanes, terreno siempre volcánico en cuanto a nacionalismos irredentos. La guerra disparó el espíritu nacionalista tanto en Francia como Alemania. A la vez, este enfrentamiento comportó la crisis de la II Internacional Socialista y el hecho más simbólico fue el asesinato del gran dirigente socialista Jean Jaurès, firme opositor a la guerra imperialista, por parte de la extrema derecha francesa.

Con posterioridad, en los 30, se ve la irrupción de los movimientos ultranacionalistas de extrema derecha, el fascismo italiano y el nazismo alemán son movimientos claramente supremacistas que defienden una ideología ultranacionalista y de odio al diferente, y el carácter sagrado y supremo de la nación por encima de ninguna otra diferencia. Y la nación en el caso del nazismo se basa especialmente en la primacía y superioridad de la raza aria. Son movimientos que de forma clara se enfrentan con las ideologías de izquierdas partidarias del internacionalismo obrero y de la lucha de clases.

El primer enfrentamiento se dio en la Guerra Civil de España donde las fuerzas nazi-fascistas intervienen de forma decidida junto a un golpe militar. Fue el prólogo de lo que después fue la II Guerra Mundial con los horrores de todos conocidos como los genocidios de etnias como la judía o la gitana, de los enemigos políticos o las poblaciones ocupadas.

Es interesante comprobar que durante la II Guerra Mundial en paralelo se dan unos enfrentamientos particulares en el seno de los pueblos yugoslavos, precedentes de lo que a final de siglo fueron las guerras étnicas de la disgregación yugoslava. En Serbia aparece el movimiento chetnik ultranacionalista y ultraconservador y defensor de la monarquía yugoslava, su principal objetivo era la construcción de la Gran Serbia y que los condujo a enfrentarse frontalmente a las fuerzas partisanas comunistas de Tito.

En paralelo, en Croacia Ante Pavelic crea los ustachis partidarios de una Croacia independiente. Los ustachis se definían como católicos y pangermanistas puesto que así consideraban el pueblo croata. Los ustachis hicieron un uso continuando de la violencia extrema contra los otros pueblos yugoslavos junto a las fuerzas nazi-fascistas.

La victoria de Tito comportó la creación de la República Federativa Socialista de Yugoslavia, compuesta por seis repúblicas federadas y dentro de la república Serbia dos regiones autónomas. Evidentemente uno de los fundamentos de la política de Tito fue intentar impedir resurgimientos nacionalistas entre las diversas repúblicas con una presidencia rotatoria y compartida, evidentemente todo bajo el control de la Liga de los Comunistas de Yugoslavia. Por ello Tito dio un trato especial a Bosnia-Herzegovina dado que se trataba de una república donde convivían con armonía tanto croatas, como serbios y musulmanes y donde los matrimonios interraciales eran comunes. No es extraño que Tito continúe siendo un mito para muchos bosnios.

Con estos antecedentes podemos entender las raíces de la guerra en la antigua Yugoslavia a partir de 1991, estimulada especialmente por los nacionalismos serbio y croata, encabezados por los criminales Milosevic y Tudjman. La limpieza étnica se produjo desde el inicio por parte de los croatas y de los serbios y la sufrieron tanto la población serbia como la croata y especialmente la población musulmana de Bosnia. No podemos obviar no obstante el papel jugado por países importantes de la UE interesados en la ruptura de la República Federal de Yugoslavia y que incitaron claramente a la secesión en especial de Eslovenia y Croacia.

A estas alturas, la situación en Europa no es especialmente satisfactoria. Hoy podemos ver una serie de países, el denominado Grupo de Visegrado, especialmente Polonia y Hungría, dominados por partidos ultranacionalistas, autoritarios y xenófobos, que respeta tanto a las minorías gitanas como especialmente frente a la inmigración.

Pero el ultranacionalismo ultraderechista supremacista y xenófobo se esparce cada vez más por países de larga tradición democrática y ya está gobernando en Austria e Italia, y con una cada vez mayor presencia en países como Francia, Alemania, Finlandia, Dinamarca, Holanda e incluso Suecia.

¿Y España? Tampoco estamos exentos del peligro, en estos momentos tenemos un ultranacionalismo independentista en Cataluña, donde es frecuente oír expresiones supremacistas respecto a España o a los españoles e incluso en muchos casos distinguir entre los "buenos catalanes", los independentistas, y los "otros" y donde se ha llegado a calificar de "colonizadores" a los emigrantes que trajeron la mano de obra necesaria para el crecimiento económico de Cataluña.

Pero no podemos olvidar que la derecha no independentista se está escorando claramente hacia formas cada vez más defensoras de un ultranacionalismo españolista y ultraconservador que sólo quiere "mano dura" para solucionar el problema de Cataluña, y que a la vez adopta también posiciones xenófobas ante la inmigración e incluso les cuesta alejarse de lo que significa el carácter ultra del pasado franquista.

Tenemos por suerte una realidad: en España no hay --como hubo en Yugoslavia-- intereses europeos de desestabilización ni capacidad de que haya posibilidades de enfrentamiento violento puesto que el armamento está en unas solas manos, las del Estado.

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¿Quién es... Manel García Biel?
Manel Garcia Biel

Economista y sociólogo. Ha sido secretario de Comunicación y Portavoz de CCOO de Catalunya.