Menú Buscar
La escritora María Zambrano / FUNDACIÓN MARÍA ZAMBRANO

María Zambrano y la sociabilidad

Su gran preocupación fue la construcción de la persona, la humanización de la historia, la cuestión ética de los principios

28.04.2019 00:00 h.
8 min

Natural de Vélez-Málaga, nacida en 1904, fue hija de maestros. Sus padres fueron Blas José Zambrano y Araceli Alarcón. Niña de mala salud, acompañó a sus padres en su itinerario profesional de Madrid a Segovia. Su padre, sindicalista socialista, trabó amistad en Segovia con Antonio Machado y fue presidente de la Agrupación Socialista Obrera Local. Cuando ella tenía siete años, nació su hermana Araceli, a la que estuvo siempre entrañablemente unida. Sus padres la obligaron a renunciar a su relación sentimental con su primo carnal Miguel Pizarro Zambrano. Éste acabó yéndose como profesor a Japón invitado por la Universidad de Osaka. En 1924 se matriculó como alumna libre en la Universidad Central de Madrid. Asiste a las clases de Ortega, Besteiro, Cossio y Zubiri. Su vida cultural se hace intensa paralelamente a la melancolía por la ruptura con quien ella llamó el gran amor de su vida. Según su epistolario tuvo algún otro amor como Gregorio del Campo, con el que, al parecer tuvo un niño que murió muy pronto.

Participó en encuentros intelectuales con figuras como Marañón y Ortega, entabló amistad con Rosa Chacel, y se erigió en una de las más activas miembros de la Federación Universitaria Española y de la Liga de Educación Social. Impartió clases de filosofía en el Instituto Escuela. Sufrió una tuberculosis que la obligó a un reposo largo en cuyo tiempo tuvo una cierta inclinación sentimental hacia el profesor Zubiri (que todavía era sacerdote) no correspondida por el filósofo, del que fue profesora ayudante. No acabó su tesis doctoral sobre la salvación del individuo en Spinoza. Se implicó directamente en la lucha contra la dictadura de Primo de Rivera. En 1930 publica Horizonte del liberalismo, obra en la que reivindica el regeneracionismo en la vida política española a la vez que propugna la modernización del país con sus colaboraciones periodísticas en Revista de Occidente, El Liberal, Cruz y Raya, Los cuatro vientos y Azor.

Su activismo político se acentuó tras la proclamación de la República, aunque no logró identificarse plenamente con ningún partido político, moviéndose inicialmente entre la Acción Republicana de Azaña y la Falange de Primo de Rivera. Colaboró con Ortega en la promoción del Frente Español. Decepcionada de la práctica política, intensificó sus reflexiones teóricas sobre la razón poética, que le obsesionó a lo largo de su vida. El 18 de julio de 1936 se sumó al manifiesto fundacional de la Alianza de Intelectuales para la Defensa de la Cultura (AIDC). Se casó en septiembre de 1936 con el historiador Alfonso Rodríguez Aldana, secretario de la embajada republicana en Chile que formaba parte de un grupo de amigos entrañables (Arturo Serrano, Luis Cernuda) con los que formaría una tertulia en su casa de la plaza del Conde de Barajas. Pasó la guerra entre Madrid, Chile, Valencia y Cuba. Aquí conoció a Lezama Lima, su mejor amigo. María fue colaboradora intensa de la publicidad de la España republicana en época muy difícil. En julio de 1937 volvió a participar en el II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura. En 1938 vivió en Barcelona en cuya universidad impartió un curso. En febrero de 1939 se exilió a Francia de donde pasará a México, La Habana y Puerto Rico. Vuelve a París en 1945 para acompañar a su hermana Araceli, bloqueada en Francia por la Gestapo, que había detenido al marido de ésta, el director de seguridad republicano Manuel Muñoz.

Su padre murió en 1938 y su madre en 1945. Libre París de la ocupación alemana, las hermanas Zambrano nunca ya se separarían. En 1948 María se divorció de su marido aunque la sentencia que le acusaba de abandono del hogar no se emitió hasta 1957. Su vida en París fue como siempre de muy activas relaciones culturales, destacando sus contactos con Camus y Picasso. Con su vocación nómada emprendió un nuevo peregrinaje que le llevaría a México, Italia, de nuevo París, Cuba y Roma, dónde vivió de 1953 a 1964. Su casa romana se hizo famosa por las tertulias y la increíble población de gatos. Su animalismo le generó múltiples denuncias. Desde este año hasta 1978 volvió a residir en Francia (ella y sus trece gatos) en un pequeño caserío cerca de Suiza.

En 1978 muerta su hermana, se instala en Suiza. En 1981 se le concedió el Premio Príncipe de Asturias de Humanidades. Volvió a España en 1984. Hija predilecta de Andalucía en 1985, recibió el Premio Cervantes tres años después. Uno de sus principales puntos de apoyo fue José Luis López Aranguren. Murió en 1991.

Su obra empieza con el citado Horizonte del liberalismo y acaba con Los sueños y el tiempo (editada en 1992). En medio, una Antología de Lorca y un montón de libros sobre la significación de los intelectuales en el drama de España y la agonía de Europa. La dialéctica entre poesía y pensamiento, la realidad y los sueños y el destino y la voluntad de ser. Su gran preocupación fue la construcción de la persona, la humanización de la historia, la cuestión ética de los principios.

Con una mala salud de hierro a cuestas fue una escritora infatigable, actividad que debió conjugar con una vida social intensa llena de amistades con intelectuales y figuras de la cultura en todos los países, que fueron muchos, en los que vivió. Contó con un mecenas protector, Timothy Osborne, que le salvó de angustias económicas y propició su dedicación a la escritura. Ha sido la intelectual republicana que ha gozado de más reconocimientos en vida antes y después de su retorno a España tan solo seis años antes de su muerte.

Hoy lleva su nombre la estación central de ferrocarril de Málaga y la Biblioteca de la Complutense. Más allá de los valores de su obra filosófica (que ha sido muy glosada), la figura de Zambrano sigue fascinando por la capacidad de convertir en cultura progresista su infinita capacidad de sociabilidad.