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Pau Claris, el canónigo 'president'

La república fallida de Pau Claris

La fracasada revuelta de los segadores de 1640 dejó una Cataluña partida en dos

17.12.2017 00:00 h.
5 min

El 19 de mayo de 1635 Francia declaró la guerra a España y se inició un nuevo periodo en la Guerra de los Treinta Años que tuvo una consecuencia extraordinaria: Cataluña se convertía en una pieza clave en el tablero europeo. En 1637 el virrey promulgó la obligatoria movilización de la nobleza catalana con sus vasallos, había que defender la frontera. Una junta de juristas, creada para aclarar los límites de esta polémica contribución, concluyó que, según las leyes catalanas, la nobleza, el clero y los ciudadanos estaban exentos, mientras que los campesinos estaban obligados a alojar tropa.

Los excesos en los alojamientos y los saqueos de los soldados fueron en aumento, y a pesar de las quejas el Conde-duque de Olivares ordenó que las tropas reales debían permanecer en Cataluña. A estas tensiones se unieron las que ya existían entre el virrey y la autoridades catalanas a cuenta de la financiación de la campaña militar y de otros conflictos de jurisdicción y fiscalidad.

Revuelta de los segadores

La detención durante el mes de marzo de 1640 de dos miembros del Consell de Cent y de un diputado, además del intento de procesar a Pau Claris, presidente de turno de la Generalitat, echaron más leña al fuego. Las protestas de los diputados ante estas medidas coincidieron con el cambio de criterio de los jueces de la Audiencia de Barcelona, favorables ahora hacia la Generalitat. El motín protagonizado por segadores el 7 de junio y la inhibición de las autoridades barcelonesas permitió que la protesta campesina se convirtiera en un Corpus de Sangre, que culminó con el asesinato del virrey Santa Coloma y de otras catorce personas, además del asalto de casas de distinguidas familias.

Todo tenía un límite, así se lo hizo saber en una carta la duquesa de Cardona a sus hijos: “La nobleza ha experimentado muchas supercherías de la plebe y reconociendo que, aun cuando fuese posible que esta provincia quedase con seguridad República, no la tendrían ellos de que un día no les degollasen a todos, o por lo menos no la redujesen a servidumbre miserable, desearán vivir siempre debajo del imperio de un príncipe”.

La situación era crítica y el rey anunció el envío de 40.000 soldados más. Olivares precisó el 24 de agosto de 1640 cuál era la intención de la monarquía: “El primer negocio y el mayor es ablandar a Cataluña”. La Generalitat optó por la ruptura constitucional al convocar una Junta General de Brazos, que en la práctica era una convocatoria de Cortes, un privilegio que pertenecía en exclusiva a la Corona. El golpe institucional se consumó durante el mes de septiembre cuando la Generalitat comenzó a crear su propio estructura de Estado, al tiempo que Claris y su parentela negociaban con Francia, unos contactos que ya habían iniciado de manera secreta meses atrás.

Cataluña partida en dos

En otoño, y mientras los ejércitos franceses entraban por el norte, por el sur llegaba el Marqués de los Vélez, nuevo virrey, con sus tropas. Así, entre Francia y España anduvieron las autoridades catalanas que proclamaron la República Catalana el 16 de enero de 1641, hasta que el 23 de ese mismo mes optaron por suspender esa proclamación al reconocer a Luis XIII como nuevo conde de Barcelona. Tres días más tarde el ejército franco-catalán vencía a las tropas de Felipe IV en la batalla de Montjuïc. Un triunfo que sabía a derrota, por mucho que Pau Claris afirmase que se reservaban “poder elegir un altre senyor cas que no tractés amb benignitat als seus vasalles”.

Durante el mes de febrero de 1641, por orden de los diputados y de los consellers de la Generalitat se pregonó en Barcelona y en otros pueblos y villas, que todos aquellos catalanes que siguieran siendo fieles a Felipe IV eran unos traidores y enemigos de la patria y se les confiscarían sus bienes. Pau Claris murió unos días más tarde dejando como herencia una República fallida y a Cataluña partida en dos. Hubo que esperar a 1652 para comenzar a restañar las heridas.

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