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Joan Maragall, el abuelo de la saga

El poeta y periodista apostó por una tercera vía ante la polarización salvaje de los acontecimientos políticos que le tocaron vivir

Joan Maragall, el abuelo de la saga
22.04.2018 00:00 h.
7 min

Joan Maragall, el poeta de "la palabra viva", referente fundamental de la lírica catalana de la transición entre la Renaixença y el Noucentisme, hoy es muchas veces citado como el avi de dos generaciones de políticos que tienen el apellido Maragall como santo y seña. Joan Maragall se casó con Clara Noble, hija de un británico y de una jerezana. Tuvo con ella trece hijos, el último, Jordi, nació precisamente en el año de la muerte de su padre.

Joan, el poeta, era hijo de un fabricante textil. Su padre le había destinado a trabajar en su industria. Él rechazó, como pudo, esta dedicación. Viajó mucho por España y Francia. Hizo la carrera de derecho, que acabó en 1884 y vivió fundamentalmente de su actividad periodística (fue secretario del director del Diario de Barcelona Mañé y Flaquer y colaboró en diversos periódicos) y de las propias rentas económicas familiares. No se dedicó, directamente, a la política pero le tocó vivir episodios trágicos de la vida barcelonesa. Estaba en el Liceu cuando estallaron las dos bombas del anarquista Santiago Salvador en noviembre de 1893 (veinte muertos) y sufrió las peripecias de la Semana Trágica barcelonesa, del 26 de julio al 2 de agosto de 1909. Se convirtió en la conciencia crítica literaria de su tiempo. Aquellos 115 muertos (con tres religiosos entre ellos) de la Semana Trágica le marcaron. A esta problemática dedicó tres artículos: Ah Barcelona, del 1 de octubre de 1909, La ciutat del perdó, escrito el 10 de octubre, y L'Esglèsia cremada, en diciembre del mismo año.

Tercera vía

En el primero, transmitía su amarga impotencia respecto a los hechos vividos y hacía un ejercicio autocrítico de la conducta burguesa catalana. En el segundo, fustigaba la represión llevada a cabo por el Gobierno Maura. Este artículo no pudo publicarse en su momento porque se lo prohibió Prat de la Riba, el director de La Veu de Catalunya. El último que sí editó el periódico, con reticencias, constituía una apuesta por la iglesia progresista, un anticipo del modelo que reafirmaría el Concilio Vaticano II. Joan Maragall fue un hombre exquisitamente religioso, amigo íntimo de sacerdotes como Frederic Clascar o Ignasi Casanova (que, por cierto, sería asesinado en 1936) y tuvo excelentes relaciones con el obispo Torras i Bages.

Su actitud ante los hechos sangrientos de la Semana Trágica y la represión subsiguiente fue de extraordinaria lucidez, aunque sería acusado en su tiempo de equidistancia entre el anarquismo y el Gobierno represor. A mi maestro, Joan Reglà, le encantaba comparar la posición de Maragall con la de Vives o Jovellanos en coyunturas convulsas, las terceras vías entre la polarización salvaje. Maragall reflejó siempre lo mejor de lo que Buñuel llamó "el dulce encanto de la burguesía". Yo añadiría de la burguesía liberal, que se mueve entre el vitalismo y la melancolía.

De la 'Oda a Espanya' al 'Visca Espanya'

Su sensibilidad se movió siempre entre el romanticismo de Goethe y el trascendentalismo de Nietzsche, autores alemanes a los que tradujo. Su inmensa obra literaria hoy queda mediáticamente reducida a su Oda a Espanya, que empieza con "Escolta, Espanya / la veu d'un fill que et parla en llengua / no castellana" y que acaba con el acusatorio "On ets, Espanya? / No et veig enlloc / No sents la meva veu atronadora? / No entens aquesta llengua / que et parla entre perills? / Has desaprès d’entendre an els teus fills? / Adéu, Espanya!". El poema, escrito en 1898, transpira una patente crítica a la España oficial con una notable carga antimilitar, pero constituye también una invocación de la España-madre del sentimiento ibérico que nada tiene que ver con la épica triunfalista: "T’han parlat massa / dels saguntins i dels qui per la pàtria moren". Significativamente, diez años más tarde escribió un Visca Espanya que el propio Maragall comentó diciendo que "en aquest 'visca Espanya' hi ha tothom que estimi a Espanya en esperit i en veritat".

Joan Maragall murió joven, a los 51 años. Su hijo más pequeño, Jordi, se dedicaría a la política en los años de la transición. Sería director general de cultura y senador por el PSC en 1982. De los nietos de Joan, el más famoso ha sido Pasqual, alcalde de Barcelona de 1982 a 1997, y presidente de la Generalitat del 2003 al 2006. Todo un ídolo referencial en la sociedad catalana actual. Hoy está enfermo de Alzheimer, una fundación con su nombre está dedicada a la investigación sobre esta enfermedad y una inolvidable película, la de Carlos BoschBicicleta, cuchara, manzana, ha reflejado muy bien su última lucha. Otro nieto, hermano de Pasqual, Ernest, ha evolucionado de su militancia en el partido socialista a integrarse en las filas de ERC.

La saga Maragall, con familias numerosas y matriarcado sistemático, ciertamente distinta a otras sagas famosas de Cataluña como los Rubió (Rubió i Ors, Rubió i Lluch, Rubió i Balaguer), siempre ha tenido la impronta que marcó el avi: una capacidad de ensoñaciones que el abuelo proyectó en el ámbito literario y que sus descendientes han invertido en el escenario político. Sueños que han propiciado aventuras felices, como la que supuso el proyecto olímpico pero también la melancolía ante ansiedades imposibles de satisfacer.

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