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'Hem begut oli...'

Julio Murillo
5 min

Hem begut oli... Cierto. Se diría que hemos bebido aceite hirviendo --una tortura medieval como otra cualquiera, de la que nadie salía vivo--, a la vista de cómo está la situación en Cataluña. La frase coloquial describe cualquier circunstancia empantanada, irresoluble, sin salida posible. Y es que lo que está ocurriendo no tiene visos de ir a mejor, al menos no a corto o medio plazo. La noticia de la suspensión de la cuarta edición de la Barcelona World Race 2019, la regata transoceánica que tiene en la Ciudad Condal su punto de partida y llegada, ha sido confirmada por el FNOB (la Fundación de Navegación Oceánica de Barcelona). Los motivos aducidos son una grave crisis de patrocinio privado, debido principalmente al clima de inestabilidad política y social que vivimos desde hace meses. El capital es muy cobarde, y se retrae ante el más mínimo atisbo de problemas. También la AIReF (Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal) confirma, en un análisis de la economía catalana, monitorizada desde el pasado octubre, que Cataluña ha perdido su liderazgo en el conjunto del crecimiento español, a pesar de concentrar una cuarta parte de la industria del país; pasando de ser locomotora a furgón de cola.

Paseen por Barcelona. O por otras localidades importantes catalanas. La caída del turismo es notoria, innegable, y hasta se diría que las compras se realizan con muy poca o ninguna alegría --pese a que a nivel nacional el gasto vuelve a ser equiparable al de los años previos a la crisis--; hablen con comerciantes y con hosteleros, que han visto como la ocupación y las reservas han caído con respecto a ejercicios anteriores, y sobre todo, vayan donde vayan, disfruten de los shows que aleatoriamente organizan, aquí y allá, los CDR, o Comités de Defensa Revolucionaria de la República Barretinera de Turluronia, cortando calles, autopistas y carreteras, bloqueando estaciones de tren, alterando la circulación de autobuses, quemando neumáticos y enfrentándose a los Mossos. Creo que deberíamos felicitar a alguien por el desaguisado. Como decían los desahuciados en Las uvas de la ira --joya clásica de la cinematografía estadounidense, basada en la novela de John Steinbeck, dirigida por John Ford--, al verse despojados de todo y en la miseria: "Alguien deberá pagar por esto... ¿A quién hay que matar?".

Alguien debe pagar con todas las de la ley semejante estropicio y el inmenso daño infligido a más de la mitad de la población

Evidentemente no se trata de matar a nadie, porque tradicionalmente los catalanes som gent pacífica y ni siquiera ens agrada cridar... Pero alguien debe pagar con todas las de la ley semejante estropicio y el inmenso daño infligido a más de la mitad de la población, que ha sido señalada, insultada, agredida, ninguneada, acosada y sometida a una innegable violencia psicológica a lo largo de los seis últimos años. La mentira se acabó. La mascarada ha terminado. Esto nunca fue una revolución de sonrisas, flores y violines. Ha sido, y sigue siendo, una eclosión de supremacismo, racismo, hispanofobia y violencia. Sí, violencia. Los Mossos admiten en su informe al Tribunal Supremo un mínimo de 259 actos de violencia en los últimos meses. Mireia Boya, y también Roger Torrent, en un mitin de ERC, sabían bien lo que decían: "Lloverán hostias como panes". Y hostias, empobrecimiento y decadencia es lo que por desgracia nos toca vivir, a la espera de que algún descerebrado cometa un acto irreparable que vuele por los aire el polvorín que es lo social ahora mismo.

Los autores de este desastre --a los que no mencionaré, porque todos ustedes los conocen-- deberían ser borrados de los anales de la Historia; condenados, más allá de los tribunales, a una damnatio memoriae que los expulse del recuerdo. Ninguno de ellos ha amado jamás a Cataluña. Sólo la han conducido a una sima de odio y mezquindad insondable, a una caverna que representa la muerte de las ideas, de la luz, y de todo aquello que es bueno, justo y deseable. Una caverna de la que ni Platón lograría sacarnos en estos momentos.

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¿Quién es... Julio Murillo?
Julio Murillo

Periodista, escritor, director creativo y experto en publicidad y comunicación. Formé parte del elenco de periodistas especializados en música y cultura durante los años setenta y ochenta en revistas como 'Vibraciones', 'Ajoblanco', 'Rock Espezial', 'Rock Deluxe' y 'El País'. He sido director de publicaciones mensuales en RBA Revistas y Grupo Godó-La Vanguardia, al frente de la edición española de 'Playboy'. También he sido responsable de innumerables campañas de publicidad para grandes marcas. En los últimos diez años me he dedicado a la literatura, con seis novelas publicadas y una séptima en camino. He sido finalista y ganador del Premio Alfonso X El Sabio de Novela Histórica, en 2005 y 2008 respectivamente. Melómano hasta la médula, yo soy yo y mis vinilos. Asisto con perplejidad y desazón al armagedón social, político y económico de nuestro tiempo.