Cataluña desgarrada

Roberto Giménez
3 min

Todos estamos de acuerdo. Tanto los separatistas como los constitucionalistas: este maldito 2020 es un mal año. No sólo en España, sino en el mundo.

Es un año desgraciado, hasta para los enfermos de Leo Messi, el mejor futbolista de la historia. Los madridistas lo aceptan, aunque les pese, como dos y dos son cuatro.

El fútbol es lo menos importante. Es sólo una afición sin más, pero las muertes, el derrumbe económico que a todos nos hace tiritar, eso es otra cosa. La sombra sólo desaparecerá cuando salga una vacuna para volver a la bendita normalidad de la vida, liberados de la mascarilla donde todos caminamos disfrazados de anónimos.

Pero en el terreno político, ya en septiembre, todo sigue igual en Cataluña, como hace ocho años, cuando Artur Mas se echó a monte. Nada cambia a mejor. Todo sigue igual de mal por culpa de dos bandos irreconciliables. Nadie puede ser equidistante, porque no hablamos de política, sino de sentimientos. El equidistante no tiene alma.

Lo único que ha cambiado es que los separatistas se llevan como el perro y el gato. Los calores del verano han provocado que la tradicional trifulca entre la vieja Convergència y ERC, se haya traspasado al seno de las dos fuerzas neo independentistas:  JxCat y PDECat, que se han convertido en enemigos íntimos, en una guerra que vencerá la banda de Carles Puigdemont.

Todos los analistas políticos, yo también, creíamos que las elecciones catalanas se convocarían este año, pero el monaguillo de Torra decidirá lo que le diga su amo. No creo que sea éste año. No lo creo porque el jefe está pendiente de muchas cosas, y no sólo de lo que diga el CEO sobre ERC y los neo indepes. La política independentista es tan terca como la constitucionalista, ni más ni menos. Es como un melón por abrir.

Sea cual sea el resultado, cuando haya elecciones, habrá muchas cosas sin resolver: el problema no tendrá solución, porque no se trata de una distancia entre España y Catalunya, ni viceversa, sino entre nosotros, los catalanes.

España está dolida pero Cataluña está más que partida: está desgarrada.

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¿Quién es... Roberto Giménez Gracia?
Roberto Giménez

Durante treinta años ha sido director del Vallés, era el segundo semanario más antiguo de Cataluña, y fue director de Honor de El Vallès del siglo XXI. Ha escrito diez volúmenes de la serie 'Casi treinta años y un día' -en Sant Jordi de 2017 se publicó el último: 'Mis Enemigos Íntimos'-. Son las memorias del director del semanario comarcal más leído en Cataluña, que desapareció seis meses después de que lo dejara. Cada Sant Jordi publica una edición de 100 ejemplares que se agotan el mismo día. ¿Por qué no hace más? "Son para mis amigos", responde. Retirado antes de tiempo, con 55 años, por culpa de una bala traidora en la médula... También se le puede seguir en Facebook -cada día laborable publica 'La libreta azul'- y en Twitter. No es el capitán Araña. Sus amigos dicen que es honesto y leal, pero eso se lo dicen porque son sus amigos. Para entrar en su cofradía exige Derecho de Admisión. Vale quien sirve, pero no sirve cualquiera.