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"La vida de toda mujer, a pesar de cuanto ella quiera simular --o disimular-- no es más que un eterno deseo de encontrar a quién someterse". Esta frase se atribuye a Pilar Primo de Rivera, fundadora de la Sección Femenina de la Falange Española. En 1953, el decálogo de la "mujer ideal" del franquismo consistía en una serie de recomendaciones que no tienen desperdicio y que pueden resumirse en la siguiente máxima: una buena esposa siempre sabe cuál es su lugar.

Estos postulados no han perdido vigencia. En Rusia, pegar a la mujer y a los hijos es algo que queda dentro del ámbito familiar y, como tal, en él debe resolverse. La iniciativa legislativa para despenalizar la violencia doméstica y convertirla en una falta administrativa es una de las reformas estrella de este año. La promotora, la senadora ultraconservdora Elena Mizulina, considera que una cosa son los conflictos familiares y otra la violencia doméstica. Los trapos sucios hay que lavarlos en casa y no puede criminalizarse a un hombre por algo tan simple como dar una torta, así de rotunda se pronuncia la senadora. Las penas de prisión para las agresiones no solo a mujeres sino también a niños, quedan reservadas para los casos de "vandalismo", es decir, cuando se causan lesiones graves o si la violencia se ejerce más de una vez al año. Una bofetada, golpes o arañazos se castigarán con multa de 500 euros, días de arresto o trabajos sociales. Según Mizulina, la tradición familiar rusa se basa en la autoridad parental y hay que proteger ese valor cultural. La Iglesia ortodoxa está a favor de esta despenalización siempre y cuando el castigo sea razonable y se haga con amor (debe ser aquello de los amores que matan).

En Rusia, pegar a la mujer y a los hijos es algo que queda dentro del ámbito familiar y, como tal, en él debe resolverse

Lo realmente grave no es solo la despenalización, sino la impunidad que se otorga al maltratador. Bajo el paraguas de "corregir por amor", se amparan el abuso, la dominación y la humillación. Hay agresiones que no dejan huella física pero sí mental, y para toda la vida. El 40% de los delitos violentos se producen en el ámbito familiar y pocos llegan a juicio. Según Amnistía Internacional, 36.000 mujeres son golpeadas cada día en Rusia y solo se denuncia un 12% de estas agresiones. No es difícil entender el por qué.

Siguiendo la iniciativa de la brasileña Flavia Carvalho, Yevgeniya Zakhar, profesional del tatuaje, ha decidido ofrecer tatuajes gratis a las mujeres de su país víctimas de la violencia de género a fin de cubrir sus cicatrices. Recibió tantas peticiones que tuvo que limitar ello a un día a la semana. Las fotografías son terribles: brazos, piernas, espaldas, vientres, surcados de líneas retorcidas, testimonio de lo que han sufrido. Flores y mariposas ocultan ahora las marcas en la piel, pero para las cicatrices del alma no hay tatuajes que valgan.

La última regla de oro de la buena esposa de la España franquista era: "No te quejes". En Rusia, las mujeres y los niños callan porque nadie va a escucharles.

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Graziella Moreno

Licenciada en Derecho por la UB con un postgrado en Derecho Civil Catalán. Funcionaria de la Administración de Justicia, primero como agente judicial (1991-1993) y después como oficial (1993-2002). Ingresó en la carrera judicial en 2002, ocupando plaza en los juzgados de Gavà, Amposta y Martorell y, desde 2010, en el Juzgado de lo Penal número 6 de Barcelona. Es formadora de la academia de oposiciones Eureka y del Centre d'Estudis Jurídics. Es autora del dossier 'El Codi Penal, part general' y de dos novelas: 'Juegos de maldad' (2015) y 'El bosque de los inocentes' (2016), ambas editadas por Grijalbo.