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El Liceu y el Teatro Real, ¿qué pasa?

José Antonio Bueno
9 min

Barcelona no sería igual sin Madrid, la necesita, como Milán necesita a Roma o Shanghái a Pequín. Un contrapunto siempre supone un aliciente para crecer. Lo vemos en casi todos los campos, siendo el fútbol uno de los más evidentes, el Barça necesita de un Real Madrid fuerte para mejorar. La pena es que llevamos demasiado tiempo llorando por las esquinas por agravios que no son tales, la mayoría de nuestros problemas los hemos generado nosotros, no nos ha hecho falta la colaboración de nadie. De sana envidia que impulsa hemos pasado a una excusa paralizante.

Más allá de temas identitarios y políticos el problema de Barcelona es que se quiere demasiado a sí misma. Se mira al espejo y se ve demasiado guapa, cree que por ella no pasa el tiempo y que no ha de hacer nada para conservarse. Quien tuvo retuvo, y con eso se resuelve todo.

El Liceu y el Teatro Real, dos iconos de la ópera y la música clásica, dos realidades singulares, son un excelente ejemplo de lo que nos ocurre. Para nosotros el Liceu está en otra órbita que el Teatro Real, nuestra referencia es la Scala, el Met, la Royal Opera House, … ¿seguro? Tal vez lo fueron, pero me temo que ahora el Real pisa con mucha más fuerza y decisión que el Liceu, tal vez como ocurre a la propia ciudad.

El origen de los dos teatros es muy diferente. Dicen las crónicas que en Barcelona gustaba la ópera desde comienzos del siglo XVIII cuando los Austrias quisieron hacer de nuestra ciudad un referente europeo. Pasó el tiempo, cambiaron los regímenes, pero la ópera se quedó en Barcelona, tanto que durante años hubo más de un teatro de ópera. En Madrid la ópera llegó más tarde, impulsada por la corona y la afición ha tenido más altibajos que en Barcelona, allí eran más de zarzuela. El origen del Liceu lo impulsó el ejército local y la construcción del Liceu en su sede actual la sufragaron los patricios de la sociedad, lo mismo que su reconstrucción tras un primer incendio en 1861. Por este origen plenamente burgués es uno de los pocos teatros europeos que carece de palco real. El Teatro Real como indica su apellido lo construyó la corona. El Liceu es el segundo teatro de Europa con más localidades como respuesta a la gran afición de la ciudad, y eso que ahora el aforo es prácticamente la mitad del original, ya que antes había un buen número de plazas de pie.

El Liceu ha tenido una relación especialísima con Wagner, siendo el primer teatro del mundo que representó una ópera de Wagner fuera de su teatro de Bayreuth. Y es el único teatro en el que la compañía estable de Beyreuth ha representado en dos temporadas diferentes óperas de Wagner, en 1955 y en 2012. Sí, el Liceu tiene más tradición operística que el Teatro Real que entre 1925 y 1997 no representó ninguna ópera, acogiendo solo conciertos de música clásica a partir de 1966. 

Pero los tiempos evolucionan y del pasado no se vive. Hoy los dos centros son de titularidad pública. El Liceu recibe 22 millones de instituciones públicas, el Real 15 millones. Pero a pesar de eso el Real tiene un mayor presupuesto gracias a sus ingresos directos y, sobre todo, a sus mecenas. Las aportaciones públicas cubren casi el 50% del presupuesto del Liceu mientras que no llega al 30% del Real. En su patronato, presidido por los Reyes de España, se sientan muchos de los presidentes de las grandes compañías españolas, en el patronato del Liceu, presidido por el President de la Generalitat, ningún presidente y sí alguno de sus representantes locales. Allí ministros, alcaldes y presidentes, aquí el sexto teniente de alcalde del ayuntamiento y unos cuantos directivos, ningún presidente del Ibex. No es algo trascendental, pero es un síntoma del arraigo y apoyo de las empresas de uno y otro.

Además del mecenazgo, que es mayor, en el Real se pude cenar después de las representaciones, se pueden organizar fiestas particulares y, en general, hay más fuentes de ingresos, entre ellas hay un abono casi el doble de caro del normal para un turno de estreno, destinado a quien quiere ver y ser visto. Sin duda la presencia del Real en la sociedad madrileña es cada vez mayor, una sociedad que tiene más vida que la nuestra.

Pero no solo del famoseo vive el Real. Su canal de youtube tiene un 50% más de suscriptores que el del Liceu y dobla el número de seguidores en Facebook. Durante el confinamiento han usado, y capitalizado, fantásticamente bien la plataforma MyOperaPlayer con 50.000 usuarios nuevos. Y el 1 de julio ya se levanta el telón. Aquí el Liceu a la fresca de este año consistirá en una proyección por televisión, por la nostra, de una grabación de hace 10 años, sin ningún evento presencial, y eso que al aire libre se pueden hacer muchas cosas.

El Real presentó su temporada 2020/21 a comienzo de junio, con ganas, con energía, con ilusión, tanta que levanta el telón el 1 de julio. El Liceu el pasado miércoles, de manera tímida y condicionada, habiendo sido precedida por una encuesta que emanaba de todo menos entusiasmo, lo mismo que los comentarios vertidos sobre las dificultades y los problemas de las nuevas normativas, normativas que por cierto son las mismas para el Teatro Real pero ellos ni las mencionaron en su presentación y en el Liceu casi fueron el centro. Los problemas, que los hay, hay que encararlos y tratar de solventarlos. Fue una presentación con tantos condicionantes que apetece poco abonarse. Nadie sabe lo que pasará en otoño, pero actuemos con normalidad y si hay que cancelar, se cancela.

No se puede dirigir una institución centenaria desde el temor o, lo que es peor, el acomodamiento. Hay que pelear por la normalidad aun sabiendo que no hay nada seguro. Todo negocio, y el Liceu debería aspirar a serlo, tiene que pelear por abrir, no conformarse con subsistir a medio gas. Uno no va al Liceu por ser un sitio esterilizado sino porque le atrae lo que en él se representa. La seguridad e higiene se da por supuesta, no es un atractivo. Se ha acortado la temporada con solo ocho operas escenificadas de las cuales tres son reposiciones. La temporada del Real contempla quince óperas, con siete nuevas producciones y dos estrenos mundiales. Incluye una ópera, que no concierto, con Netrebko y Kaufmann, los grandes divos de la actualidad. Aquí con suerte veremos una opera versión concierto de Netrebko y su marido y un recital de Juan Diego Florez. ¿Alguien duda que ya nos han adelantado?

Tuvimos el mejor torneo de tenis de España, el Godó, con gran tradición y albergado por el club de los mejores tenistas de España. Hoy el torneo de la Mutua Madrileña es ATP 1000, y el Godó se ha quedado en 500. Y por cierto, el torneo de la Mutua 2020 se ha aplazado a septiembre mientras que el Godó se canceló. El Liceu también lleva camino de sucumbir frente al Real, y la culpa será, de nuevo, nuestra, no de 'Madriz'. Nos falta ambición y nos sobra acomodamiento.

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¿Quién es... José Antonio Bueno?
José Antonio Bueno

José Antonio Bueno es ingeniero de formación y consultor de profesión, conocedor de la realidad empresarial catalana, española y europea. Ha realizado proyectos en dos sectores fundamentalmente, automoción y servicios financieros, si bien su especialidad en la gestión de procesos de adquisición y compra de empresas le ha hecho conocer otras realidades empresariales. En verano de 2017 inició un nuevo proyecto empresarial con varios socios nacionales e internacionales, tratando de aunar su bagaje como consultor con el análisis avanzado de datos, dándole un nuevo enfoque a sus servicios coherente con la realidad digital que nos rodea.