Menú Buscar
Pásate al modo ahorro

La Generalitat desprecia a los catalanes

Josep Maria Cusí Navarro
6 min

En momentos de crisis se valora la calidad humana de la gente y dado que los políticos tratan con humanos, aunque en ocasiones lo olvidan (más o menos, desde el día en que son elegidos y hasta que vuelven a ver elecciones), esta crisis está actuando como una especie de baremo con el que medimos la sensibilidad humana de nuestros respectivos gobernantes.

Pues bien, como catalán que soy de nacimiento, observo con tristeza cómo gestiona esta crisis sanitario-económica la Generalitat de Cataluña y llego a la conclusión de que lejos de un aprecio subyace un desprecio a todos los catalanes por múltiples y muy distintos motivos.

Sobre uno de los motivos como es poner al frente del departamento de Salud a una informática ya me he pronunciado anteriormente. La ineptitud mostrada por la consejera Alba Vergés es palmaria y de todos conocida, por no decir sufrida, pero hay otra pandemia en la Generalitat: la incompetencia manifiesta de otros tantos consejeros. No se pueden expresar muchos comentarios sobre el consejero Chakir El Homrani, cuya gestión de ayuda a los autónomos ha sido entre deplorable y patética. Pero el principal o los principales culpables es quien ha puesto al frente de dichas responsabilidades a gente en absoluto capacitada para ello, ya sea el impresentable e inhabilitado ex President Torra por elección, o el compañero de partido de ambos consejeros y presidente en funciones, Pere Aragonès, pues manteniéndolos en sus cargos es copartícipe del error de su elección.

Una segunda clara e irrefutable muestra de desprecio hacia los catalanes es la presión fiscal directa e indirecta (v.gr. peajes) a la que estamos sometidos en Cataluña. Y no es culpa de Madrid o del resto del Estado español, no, que hay que documentarse y leer para opinar con criterio. Los tributos cedidos (como el Impuesto sobre Transmisiones Patrimoniales, el Impuesto sobre el Patrimonio o el Impuesto sobre Sucesiones) y la cuota autonómica del IRPF se gestionan por cada comunidad autónoma, por lo que el hecho de que tengamos una de las mayores presiones fiscales de España en Cataluña en los citados tributos es decisión exclusivamente de la Generalitat. Especialmente cruel ha sido que, tras abandonar a su suerte a muchas personas de la tercera edad en la primera ola de la pandemia, se haya incrementado notablemente, por no decir disparado, el Impuesto sobre Sucesiones. Y es que en el tema de impuestos se mide la profesionalidad de los políticos. Los buenos gestores los bajan y los malos gestores los suben.

Y un tercer e irrefutable motivo está en el trato al gremio de restauradores. Aquí hemos pasado del maltrato consistente en condenarlos a cerrar 40 días --pese a evidenciarse que los restaurantes y bares no eran la causa de los altos niveles de infectados y fallecidos por la Covid-19 en Cataluña, como demostró el que siguieran subiendo unos y otros tras la primera quincena de su obligado cierre-- al ridículo espantoso y carencia de sentido común del recién estrenado consejero de Economia i Coneixement Ramon Tremosa al proponer a los restaurantes abrir tres horas al día las terrazas, de las 13 a las 16 horas, como si con eso y siguiendo obligados a cerrar de noche fuesen a salvar su negocio. La comunidad de Madrid ha mantenido abiertos bares y restaurantes hasta las 12 de la noche y está en niveles mucho más bajos que Cataluña. Pese a ello, en el incomprensible, por absurdo y constantemente cambiante, plan de desescalada de la Generalitat se prevé que por la noche puedan abrir los restaurantes hasta las 21:30, como si cenásemos a las siete de la tarde. Y luego la Generalitat ofrece una compensación a los restauradores de hasta 1.500 euros, cuando en otras comunidades autónomas, por cierto, con menor presión fiscal, se les ayuda con hasta 4.000 euros.

A la Generalitat le preocupa lo que le preocupa que es el 14-F, el procés, el prófugo de la justicia en Waterloo, el adoctrinamiento vía TV3, o gastarse 19 millones de euros --que mejor irían a salud, autónomos y restauradores--, en nano satélites para tener “estructures d’estat”. Pero los catalanes les importamos un pimiento, pues en los departamentos ponen antes a gente afín que a gente realmente capacitada para su responsabilidad, nos ahogan a impuestos y peajes, y arruinan nuestras empresas.

Espero que todos los catalanes tengamos esto presente en las próximas elecciones autonómicas, pues uno está como uno quiere. Yo, desde luego, no quiero a los mismos que nos han llevado hasta aquí.

Artículos anteriores
José María Cusí Navarro

Inició su carrera profesional en febrero de 1996 en Cuatrecasas, donde trabajó en Barcelona (cinco años) y abriendo la oficina de Nueva York (casi tres años). Posteriormente fue responsable del Área Fiscal en Barcelona de Clifford Chance (seis años), socio del Área Fiscal en España de Bird & Bird (cuatro años) y tras un paso de 3 años por AVQ decidió crear en septiembre de 2015 su propia firma junto con dos socios más: CHR LEGAL. Actualmente CHR LEGAL es una boutique legal que cubre las áreas de penal, fiscal, mercantil y procesal civil. Ha escrito numerosos artículos en España y en el extranjero, es miembro de la AED, de la IFA, de la IBA, de la AEDAF y de la AEDF. Es autor de un libro y profesor de fiscalidad desde hace doce años. Ha colaborado con ESADE, IESE y el Centro de Estudios Garrigues.